Читать книгу Vaso de barro - Neila Oliveira - Страница 15
Capítulo 5 Consejo valioso
ОглавлениеLa señora Elena descansaba serenamente en su ataúd oscuro. Su expresión transmitía mucha paz. Las personas que estaban reunidas en el campamento parecían muy emocionadas; especialmente, aquellas que la había conocido personalmente.
Mi padre trajo la información de que a las tres de la tarde la pequeña comitiva que acompañaba a la señora de White tomaría el tren para Battle Creek. El viaje sería largo; esperaban llegar el jueves por la noche. Jaime Edson, otro de los hijos de la señora de White, se encontraría con ellos un poco antes de la llegada a Battle Creek. La ceremonia sería el sábado por la mañana, en el Dime Tabernacle [Tabernáculo de los Diez Centavos]. Era el deseo de la señora Elena ser sepultada al lado de su esposo, el pastor Jaime, y de sus dos hijos fallecidos, Henry Nichols y John Hebert, en el cementerio de Oak Hill.
Mientras volvíamos hacia nuestra carpa para descansar un poco, Gary me dio una noticia que me tomó por sorpresa.
–Mi padre decidió volver a Battle Creek mañana temprano... Tú sabes, él es uno de los diáconos de la iglesia y cree que es importante que esté presente en la ceremonia para ayudar en lo que sea necesario. La señora Elena era muy querida en Battle Creek y, sin duda alguna, se va a reunir una multitud para poder despedirse de ella.
No sabía si estaba triste o feliz con la noticia que él me estaba dando. La compañía de Gary había transformado mi primer campamento en un tiempo mucho más que agradable, y me di cuenta de que iba a sentir su ausencia. Por otro lado, me imaginaba que sería maravilloso tener la oportunidad de asistir a la ceremonia en Battle Creek, y eso sería un privilegio para él.
Intenté disfrazar mi mezcla de sentimientos, y simplemente le dije:
–Creo que ese va a ser un momento muy especial... También me gustaría poder estar allá; pero, para mí, eso es imposible. Así que, cuando termine el campamento vamos a volver a nuestra rutina en Oakland. De cualquier manera, estoy contenta por haber visto a la señora Elena esta última vez. Ahora quiero dedicarme a conocer más sobre quién fue, de verdad, esa mujer.
–Creo que eso es una excelente idea –me incentivó Gary–. Si aceptas un consejo... –hizo una pausa, como esperando ver mi reacción. Cuando notó que estaba muy interesada en lo que iba a decir, continuó–: ¿Sabes de aquel estante que armaron cerca de la gran carpa en la que se realizaron las reuniones por las mañana?
–Sí –respondí–. He mirado los libros que están expuestos allí, y me pareció que tienen muy buenos precios...
–En todas las reuniones campestres, arman un espacio como aquel, justamente para ofrecer a las personas materiales para el crecimiento espiritual, con orientaciones sobre salud y temperancia, incluyendo los libros de la señora Elena, por un precio muy accesible.
Mi interés aumentó mientras escuchaba lo que Gary decía.
–Hay un libro llamado Life Sketches of James White and Ellen G. White [Esbozos de la vida de Jaime y Elena G. de White]. Es un tipo de biografía del matrimonio, que fue publicada inicialmente en 1880. Puedo asegurarte que te va a gustar mucho el contenido, y vas a entender por qué la señora Elena era alguien tan especial.
–¿Me puedes decir nuevamente el nombre del libro? –no quería correr el riesgo de olvidarme del título.
–El título es Life Sketches of James White and Ellen G. White.
Agradecí a Gary por el dato, y conversamos un poco más sobre los detalles de la ceremonia a la cual acabábamos de asistir. Después, escuché que mi madre me avisaba que era la hora de almorzar.
–¡Ni cuenta me di de que ya era esta hora!
Gary estuvo de acuerdo conmigo.
–Bueno, también voy a almorzar. Creo que mi familia ya debe de haber ido a la carpa donde se sirven las comidas. Voy a pasar por mi carpa solamente para dejar mi saco. Espero que podamos encontrarnos antes de mi partida.
–Yo también –respondí con total sinceridad.
Gary partó y, mientras él se alejaba, yo iba repitiendo despacito, para mí misma: “Life Sketches... Life Sketches...”
–¿Qué estás diciendo, Anna Beatrice? –me preguntó mi madre. – ¿Estás hablando sola?
–No mama... Es decir, tal vez sí... Es que no quiero olvidarme del nombre de un libro sobre el que Gary me habló...
Mi madre quedó mirándome, sin entender absolutamente nada.
–Mama, ¿te acuerdas de que papa dijo que me estaba debiendo mi regalo de cumpleaños?
–¡Sí, me acuerdo! –dijo ella–. En realidad, no te había dado nada todavía porque habías quedado en duda sobre lo que realmente querías recibir. El vestido fue mi regalo... Y tú no sabías si querías otro par de zapatos o una sombrilla.
–¡Ah, mama! –exclamé, mientras la abrazaba–. Creo que ya sé lo que deseo por mi cumpleaños...
Lo primero que hice cuando mi padre regresó a nuestra carpa fue hablar con él sobre mi regalo. Me di cuenta de que alegraba de mi elección.
–Voy a darte el dinero equivalente al par de zapatos que habíamos visto –me dijo mi padre–. Así incluso podrás elegir más de un libro. ¿Qué te parece?
Mi respuesta fue un gran abrazo.
–¡Muchas gracias, papa!
No veía la hora de ir hasta el lugar en que se estaban vendiendo los libros. Me quedé esperando delante de esa carpa hasta que la persona responsable por las ventas apareció. Creí que había sido realmente exitosa en mis compras, pues conseguí adquirir no solamente el libro que Gary me había indicado, sino también otros dos: Dones espirituales, volumen 1 y volumen 2, y Primeros escritos.
A pesar de sentir la falta de Gary en las siguientes reuniones, estuve feliz con lo que vi en mi primer campamento. Muchos decidieron entregar sus vidas a Dios, y varios miembros de la iglesia aprovecharon la ocasión para renovar su compromiso de continuar sirviendo y colaborando, para que el mensaje del evangelio alcanzara al mayor número posible de personas. El lugar donde estaban vendiendo los libros quedó prácticamente vacío, lo que significaba que la buena literatura estaba siendo distribuida.
Salí del campamento decidida a permitir que los libros me condujeran a un viaje lleno de aventuras y descubrimientos. Elementos para hacerlo no me iban a faltar...