Читать книгу Las Conversaciones de Jesús - Simon J. Kistemaker - Страница 10
ОглавлениеLegión
Mateo 8:28-34 • Marcos 5:1-20 • Lucas 8:26-39
Un Hombre con Demonios
Uno de mis familiares era esquizofrénico. En un momento, él era una persona cálida, afectuosa y considerada; al siguiente, su rabia aparecía y lo consumía. Él se tornaba en ese momento en una persona totalmente diferente, incluso peligrosa para los miembros de su familia. Siempre pienso en él cuando leo en las Escrituras acerca del hombre poseído por el demonio que vivía en la parte occidental del lago de Galilea, en una población que es conocida hoy como Kursi.
Este hombre era habitante del pueblo de los gadarenos o gerasenos. En un momento, él había sido un ciudadano respetado y una gran persona para la comunidad. Después, una multitud de demonios tomaron como residencia a esta persona, convirtiéndola en un peligro para sus conciudadanos. Para ellos, su presencia representaba la continuidad de enojo y una gran vergüenza.
El hombre constantemente gritaba a toda voz y caminaba desnudo a través del pueblo. La gente trataba de agarrarlo, pero los demonios lo habían dotado de una fuerza sobrehumana. Él rompía ropa, lazos, rejos e incluso cadenas de hierro; nadie era capaz de contenerlo. No teniendo otro lugar dónde mantenerlo, ellos lo habían dejado en medio de las cuevas donde enterraban a sus muertos. Él salía de estas cuevas y andaba en cualquier lugar abierto.
Jesús y sus discípulos habían cruzado el Lago de Galilea y descansaban en la orilla occidental. Ellos ahora se encontraban en territorio gentil. No habían avanzado mucho, cuando vieron una gran manada de cerdos, alimentándose del hermoso pasto de una colina, al lado de un lugar de tumbas. De repente, vieron a un hombre salvaje, sin ropa y poseído por el demonio, corriendo hacia ellos. Sin duda, los discípulos se preguntaron entre sí, por qué Jesús quería exponerlos a algún daño físico. Acaso, ¿Él tendría más poder contra este violento hombre?
Cuando Jesús le dijo al hombre que se identificara, un demonio habló por él. “Mi nombre es Legión, porque somos muchos” (Marcos 5:9). Una legión romana estaba conformada por 6.000 hombres, pero coloquialmente, la palabra legión había tomado en general el significado de numeroso. Como consecuencia de estar poseído por muchos demonios, el geraseno tenía una enorme fuerza, y, ninguno de su tierra era capaz de controlarlo. Él también era la persona poseída por el demonio más poderosa que Jesús había conocido hasta ese momento en su ministerio.
La gente había llevado a este endemoniado a ese lugar solitario y esperaban en secreto que él se suicidara pronto y se le diera un lugar en una de las tumbas cavadas en una de estas colinas. Allí el hombre podía a menudo cortarse a sí mismo con rocas afiladas y caminar por ahí desnudo, lo cual acentuaba su apariencia salvaje. Su mirada sanguínea era tan fiera que cualquiera se asustaba hasta la muerte de estar cerca de él. En todo momento, su terrible mirada y sus gritos podían ser vistos y escuchados de lejos y cerca, mientras se movía entre las cuevas y colinas. La gente no sabía qué hacer con él y todos estaban nerviosos.
Cuando el endemoniado vio a Jesús dejando las barcas y asentando el pie en la tierra, corrió hacia Él. Pero en vez de atacar a Jesús, cayó sobre sus rodillas y lo adoró. Los demonios que lo poseían inmediatamente reconocieron a Jesús y se dieron cuenta de su poder sobre ellos. Un demonio, el que hablaba por todos, gritó con todas sus fuerzas: “¿Por qué te entrometes, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?” (Marcos 5:7).
Él supo que incluso con toda su fuerza combinada, espiritual y física, los demonios nunca podrían derrotar a Jesús. Ellos podrían haber hecho que el hombre corriera lejos de Jesús, pero como las moscas atraídas a la luz, estos demonios fueron irresistiblemente atraídos a Jesús y tuvieron que reconocer su autoridad divina.
La Suerte de los Demonios
Los demonios reconocieron que Jesús poseía un poder divino. Invocando a Dios, ellos le pidieron a Jesús con gritos fuertes: “¡Te ruego por Dios que no me atormentes!” (Marcos 5:7). Él sabía muy bien que el Señor tenía la autoridad para enviarlo a él y a sus seguidores directamente al infierno.
De esta manera, el endemoniado entendió el aterrador poder de los numerosos demonios que lo poseían, sintiendo cómo ellos no podían hacer nada en la presencia del Hijo de Dios, pues Jesús ordenó a los demonios que dijeran su nombre y ellos añadieron a su respuesta la explicación de que “somos muchos.” El propósito de Jesús era sanar al hombre, liberándolo de esta opresión demoníaca. Jesús se acercó de nuevo al endemoniado, sacando de su cuerpo a sus muchos ocupantes no deseados. Lo primero que hizo fue restaurar al hombre y lo segundo, fue despachar a los espíritus malignos.
Los demonios, temerosos de que Jesús pudiera devolverlos al infierno para hacerlos prisioneros en horribles celdas hasta el juicio final, le imploraron a Jesús que no los enviara fuera del área, sino que les permitiera entrar en una manada de miles de cerdos que andaban por allí. Jesús se los permitió y la manada de cerdos poseída corrió hacia una ladera sobre el Lago de Galilea y se ahogó.
Mientras los demonios residieron en el hombre, intentaron destruirlo, pero no pudieron. Aún así, cuando ellos entraron en los cerdos, inmediatamente causaron una gran destrucción de la vida. Jesús escuchó su petición y se dio cuenta plenamente que el tiempo que ellos pasarían dentro de los cerdos sería corto. Él les asignó a ellos estar en el agua en lugar de estar en lugares salvajes alrededor de las cavernas. Los demonios deberían habitar lugares áridos y regiones no habitables, pero no en el agua. Ser despachados a las olas del Lago de Galilea, fue para ellos un castigo mayor.
¿Por qué Jesús permitía esta destrucción aparentemente injustificable de por lo menos 2.000 cerdos, ocasionando una gran pérdida para sus dueños? La destrucción devastó un significativo número de personas en esa área e interrumpió severamente la economía local.
En la Ley de Moisés, a los judíos se les prohibió ser dueños o consumir carne de cerdo, pues estos eran considerados animales impuros. Por el contrario, los dueños, gentiles, los mantenían y eran parte de su vida, alimentándolos, vendiéndolos y sacrificándolos. Ciertamente, Jesús no intentaba hacer gentiles a los judíos. Entonces, ¿por qué razón Jesús permitió que los demonios hiciesen su destructiva labor, empobreciendo a la población local? La respuesta es la siguiente:
1 Para rescatar a un ser humano de la tiranía de Satanás.
2 Para mostrar a los dueños de los cerdos, el valor de un ser humano.
3 Para enviar al hombre sano de regreso a su propia gente.
4 Para introducir a los gentiles a las buenas nuevas de Jesús.
Después de que los cerdos se ahogaron, sus pastores corrieron al pueblo y al campo para llevar la noticia de la devastación a sus dueños. Cuando la gente del pueblo encontró a Jesús y vieron al endemoniado vestido y en sus propios sentidos, se atemorizaron. Pudieron haber estado agradecidos con Jesús por haber echado fuera a los espíritus malignos y devolverle a uno de sus conciudadanos. Pero cuando consideraron la pérdida de sus posesiones, ellos le pidieron a Jesús irse de la región. Claramente, ellos preferían la riqueza material a los seres humanos. Debido a su invertida escala de valores, esta gente estaba en manos de Satanás y necesitaba ser liberada.
Jesús estuvo de acuerdo con su exigencia y se dirigió con sus discípulos al bote. Cuando estaba listo para abordar, el hombre que había estado poseído por el demonio le pidió permiso para acompañarlo, pero Jesús se rehusó. Él había sanado al hombre con el propósito de que regresase a su gente como un evangelista y les contase a ellos acerca de las maravillas que Dios había hecho en él.
El hombre regresó a casa y se convirtió en un misionero para sus propios conciudadanos. Él les contó que Jesús era el Hijo de Dios y que había venido a salvar a la gente de la tiranía del demonio. Ciertamente, él era la mejor clase de misionero que Jesús podía haber enviado a los gentiles, a la población gentil de los gerasenos, pues:
1 Él entendía plenamente el poder que Satanás tenía sobre los suyos.
2 Él podía testificar de la destrucción que el demonio había infligido en él y sobre los cerdos.
3 A pesar de que los ciudadanos, en su ignorancia, le habían pedido a Jesús que dejase la región, el hombre que había sufrido tanto por causa de los demonios, podía contarles a ellos del amor de Cristo y de su deseo de librarlos a todos ellos de las garras de Satanás.
4 Por último, este hombre podía llegar a ser un misionero, no como un judío, sino como un gentil que estaba totalmente en casa, entre sus conciudadanos, y que ahora era un instrumento de uso especial para el Señor.
Aplicación
La furia del Anticristo en el mundo de hoy es igualmente aterradora, como lo eran las fuerzas del demonio durante el ministerio de Jesús. Satanás sabe que su tiempo sobre la tierra es corto. Él envía a sus ángeles malos a destruir vidas humanas, distorsionar la verdad y dominar al mundo. A pesar de esto, el mensaje del Evangelio penetra en cada país y es imparable. Satanás no ejerce una autoridad suprema; en lugar de eso, Cristo Jesús es Rey de Reyes y Seños de Señores. La Escritura nos enseña que Jesús es quien sale victorioso en la batalla espiritual contra Satanás y que, con Él, nosotros somos y seremos victoriosos.