Читать книгу Las Conversaciones de Jesús - Simon J. Kistemaker - Страница 15
ОглавлениеUn Funcionario Real
Juan 4:43-54
Fe en Acción
Él era un funcionario real al servicio de Herodes Antipas, el gobernador de Galilea y a quien la gente generalmente llamaba su rey. Este funcionario, que vivía en Cafarnaúm, parecía más un judío que un gentil. Él había llegado a la ciudad de Caná, el lugar donde en una boda Jesús había convertido el agua en vino, a ver a Jesús.
El motivo de su viaje era que su hijo estaba gravemente enfermo. El funcionario era conciente de los poderes sanadores de Jesús. La gente en Cafarnaúm podía testificar acerca de los numerosos milagros que Jesús había hecho: sanar enfermos, expulsar demonios, devolver la vista a los ciegos, hacer que un paralítico se levante y camine y resucitar a un muerto. Cuando el funcionario escuchó que Jesús había salido de Judea y llegado a Galilea, viajó siete horas a pie hasta Caná y le suplicó al Señor que viniera y sanara a su hijo que estaba a las puertas de la muerte.
Pero Jesús respondió al ruego del funcionario de la misma manera que lo había hecho con la mujer en Tiro. Él le dio una respuesta desalentadora: “Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios” (Juan 4:48). Jesús quería que el hombre no pusiera su fe en el milagro de la sanidad, sino en la divinidad de Jesús.
La mujer siro-fenicia había respondido dirigiéndose a Él como Señor, Hijo de David, para identificar su divinidad. Pero el funcionario romano no utilizó tales términos teológicos para lograr que Jesús sanara a su hijo. Él muy cortésmente se dirigió a Jesús como Señor y luego le imploró bajar antes de que su pequeño hijo muriera. Él indicó que el tiempo era esencial y puso la urgencia de este caso delante de Jesús. En un sentido, Él hizo a Jesús responsable. La idea de que Jesús pudiera resucitar a su hijo de la muerte no pasaba por su mente aún. Él sólo veía la necesidad del momento.
Jesús atendió la súplica del funcionario y le dijo, “Vuelve a casa, que tu hijo vive” (Juan 4:50). Con esta orden, Jesús quiso probar la fe del hombre y ver si lo haría. Y así sucedió, porque aquel padre se aferró a la palabra de Jesús y creyó que Él había sanado a su hijo simplemente con decirlo, e inmediatamente regresó a Cafarnaúm.
Como era tarde, él tuvo que pasar la noche en una posada del camino y continuar su viaje al día siguiente. Él tuvo que caminar cuesta abajo desde las colinas de Caná hasta la parte baja, a doscientos cincuenta metros bajo el nivel del mar, cerca de Cafarnaúm que estaba situada en las orillas del Lago de Galilea. Viajando a pie a una velocidad de cinco kilómetros por hora, el padre debió llegar a Cafarnaúm a eso del mediodía del día siguiente. Cuando él se acercaba a Cafarnaúm, sus sirvientes salieron a su encuentro con la noticia de que su hijo estaba vivo y bien. La noticia fue tan estimulante que ellos habían dejado la casa para ir a encontrarse con él.
Un Gozo Exuberante
El funcionario quiso saber la hora exacta en que el milagro de sanidad había ocurrido. Los sirvientes le dijeron que la fiebre había desaparecido a la una de la tarde del día anterior. A esa hora Jesús le había dicho que volviera a casa porque su hijo vivía. Él se alegró con toda su casa de que Jesús fuera el Gran Médico. Él había puesto su fe en Jesús cuando Él dijo, “tu hijo vive,” y su fe no fue avergonzada. La palabra de Jesús fue verdadera y su respuesta a la fe del hombre fue segura. Dios recompensa a quienes lo buscan seriamente.
La consecuencia de este milagro no fue sólo que el funcionario creyera, sino que también toda su familia pusiera su fe en Él, incluyendo a sus sirvientes y familiares cercanos. Este funcionario de alto rango fue capaz de ganar a la gente que estaba a su cargo para que a su vez ellos pudieran influenciar a muchos otros en Cafarnaúm y otros lugares.
Aplicación.
Un antiguo adagio dice: “La familia que ora unida, permanece unida.” Y este proverbio es relevante aún hoy día cuando nuestras ocupadas agendas compiten con nuestro devocional familiar diario. Como familia, con frecuencia fallamos en traer nuestras necesidades a Dios en oración, dejamos de esperar atentos su respuesta y olvidamos expresar nuestra gratitud por las oraciones contestadas. El tema de fondo es que Dios desea que vengamos a Él con fe con nuestras peticiones y nuestra alabanza de gratitud. Y sabemos que Él nos escucha cuando le pedimos de acuerdo con su voluntad.