Читать книгу Las Conversaciones de Jesús - Simon J. Kistemaker - Страница 6
ОглавлениеIntroducción
Jesús conoció a toda clase de gente. Él cenaba con los ricos, se reunía con los rechazados, sentía compasión de quienes vivían en pecado y ayudaba a los pobres y necesitados. Él podía ser comparado a un ascensor que recorre todos los pisos de un edificio muy alto. En cada nivel de la sociedad, Jesús dijo las palabras correctas en el momento correcto. Él se dirigía a la gente de tal manera que los más sencillos podían entender su mensaje y los entendidos tenían qué reflexionar en sus palabras. Él percibía inmediatamente que los fariseos, saduceos, maestros de la Ley y herodianos venían a Él con falsedad, engaño, intriga, y planes para matarlo. Su compasión era genuina por los que habían caído en pecado y necesitaban su ayuda; su amor no tenía límites, por eso lo buscaban sinceramente a Él; y su paciencia con sus discípulos se veía igualmente sin fin. Su corazón se dirigía a las multitudes que andaban alrededor necesitadas de cuidado espiritual como ovejas que no tenían pastor. Él las dirigía y, en consecuencia, la gente del común lo escuchaba con gran felicidad.
Jesús fue tan gran maestro que la gente venía por miles de todas partes de Israel y aún de más allá para escucharlo. Ellos eran cautivados por sus palabras. La gente entendía su mensaje porque era directo y profundo. Ellos venían porque los sacerdotes de aquellos días fallaban miserablemente en enseñarles a ellos la Palabra de Dios. En contraste, Jesús les enseñó verdades espirituales y profundas de tal manera que la multitud podía comprenderlas y absorberlas como si fueran su comida y bebida diarias. Ellos se rehusaban a dejarlo ir y lo seguían a donde fuera que Él fuese. De acuerdo con el Evangelio de Juan, Jesús no pronuncia la palabra arrepentirse. En su lugar, Él introduce a las personas en un diálogo en el que expone sus pecados, por caminos cortos y sin nociones de error. Cuando Jesús remueve sus máscaras, Él les dice palabras de restauración en vez de castigo. Él se prueba a sí mismo como el pastor más gentil que encuentra a la oveja perdida y la lleva de nuevo al grupo.
Jesús continúa atrayendo hoy grandes cantidades de seguidores a través del mundo. Atrae a los más pobres en África, Asia, Centro y Sudamérica, y en los sitios más pobres de las ciudades de occidente. Él se dirige a los ricos y les dice que vendan todo lo que tienen y se conviertan en sus discípulos. Él nos llena de fe, esperanza y amor. Él invita a todos los que están desgastados por el pecado a regresar a Él. Nos anima a una relación de amor con Dios, el dador de todas las cosas buenas y perfectas. Y, por último, Él quiere que tomemos nuestras propias cruces y lo sigamos en el camino que nos lleva a la paz y rectitud. Jesús nos hace miembros de su familia y no se avergüenza de llamarnos sus hermanos y hermanas. Y nosotros, siendo parte de su casa, somos sus felices sirvientes. Humildemente, caminamos en sus huellas y hacemos su voluntad en obediencia a Él.