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Invocación del Otro

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Hadewijch de Amberes es precursora del movimiento de las “beguinas” –de fines del siglo XII y principios del XIII–, a las que más comúnmente conocemos como místicas. Respecto del origen del término, para algunos autores viene del neerlandés beggen (charlar), también béguin, en francés, podría referirse al tocado que usaban, y también puede aludir a la expresión popular “avoir un béguin pour” que significa capricho amoroso, enamoramiento o persona amada.

Por otro lado, la palabra “mística” refiere a la actividad espiritual que aspira a conseguir la unión con la divinidad. (6) Se trata del camino trazado hacia Dios, no como Dios padre, sino entendido como lo impensable e indecible. Se trata de la deidad, la divinidad, el Amor, lo inconmensurable, fuera-de-Universo que podemos ubicar como lo Otro que no es el goce fálico. El mismo se dirige de modo frecuente a la Minne, Amor, nombres femeninos a los que se entrega la existencia, al punto que Lacan dice: “…naturalmente, quedarán todos convencidos de que creo en Dios. Creo en el goce de la mujer”. (7) La mística es así un constante decir a Dios como lo Otro. Resulta oportuno considerar la densidad que el decir va a adquirir en el Seminario siguiente, donde Lacan sostendrá que “El amor no es otra cosa que un decir, en tanto que acontecimiento”. (8) Por su parte, en el Seminario 22 Lacan trabajará la “jaculatoria” para pensar la intervención analítica entre lo oral y lo escrito, decir que “pasa por las tripas”. (9) Del latín jaculari, ‘lanzar”, es una breve oración o invocación lanzada en una emisión de aire; una exhalación; que en tanto lanza; caza, atraviesa, hiere, alcanza más allá de las palabras.

Invenciones de la sexuación

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