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Fiorito y el Diez

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La última vez que Diego Maradona pisó Villa Fiorito, su lugar de infancia, fue el 2 de diciembre de 2010, cuando acompañó a la entonces presidenta de la Nación Cristina Fernández durante la inauguración de la primera Unidad de Pronta Atención (UPA) de la provincia de Buenos Aires, ubicada en Recondo y Camino Negro, partido de Lomas de Zamora.

A pesar de la lluvia torrencial que aquel día azotaba el sur del conurbano bonaerense, una multitud compuesta de familias, estudiantes, vecinos, médicos y militantes se había congregado frente al escenario montado a un lado de la UPA para acompañar a la primera mandataria (que hacía más de un mes había perdido a su esposo, Néstor Kirchner) y para ver al hijo pródigo y símbolo viviente del barrio. El ex capitán del seleccionado nacional vestía un traje impecable, tenía el pelo enrulado peinado hacia atrás, barba candado prolijamente cortada y la sonrisa a pleno. Sentado en primera fila, a un costado suyo se ubicaron el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli; el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde y el gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral.

Visiblemente emocionado, Diego fue un simpatizante más en el acto, asintió y aplaudió en varios tramos del discurso.

La mandataria, aún vestida de luto, agradeció en su nombre y en el de sus hijos “las innumerables muestras de cariño, amor y afecto” hacia Néstor Kirchner y destacó que “el pueblo argentino ha recuperado la dignidad que había perdido, el orgullo, el derecho a tener trabajo, salud y educación”; y agregó: “Nosotros festejamos cada vez que abrimos un hospital, cada vez que inauguramos una escuela, un camino, agua potable, cloacas, porque eso significa mejorar la calidad de vida”.

Cristina también hizo parte a Maradona de su discurso. En un tramo de sus palabras, subrayó: “Nadie llega a ningún lado si no cree en sí mismo. Diego, que es de Villa Fiorito, que nació acá, que es uno de ustedes, uno de nosotros, sabe que cuando hay capacidad, voluntad y tenacidad, podemos llegar”. La sonrisa de Maradona expresaba todo, no hacía falta agregar nada más.

Cuando subió al escenario, el público explotó en una ovación con el clásico: “¡Olé, olé, olé, oleeeeé, Diegooooo, Diegooooo!”. Su mística sobrevolaba el acto político y se mezclaba con la liturgia peronista transformándose en una fiesta popular.

Al finalizar el acto, la ex presidenta lo tomó de la cara con sus dos manos y lo miró directamente a los ojos. Diego le devolvió la mirada con afecto y complicidad y le dio un beso. Lo que se dijeron quedó entre ellos. Luego participaron de fotos protocolares con las distintas personalidades políticas que estaban en el palco.

El saludo final entre Maradona y Cristina quedó como una postal militante de sueños y esperanza para la posteridad.

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