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El Haka y la desconcentración

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Si asociamos lo dicho más arriba con el haka, se puede aseverar que es fundamental la traducción mental que realicen de este ritual-danza los rivales de los hombres de negro. Traducción que dará lugar, o no, al mencionado amedrentamiento. El reduccionismo que lleva a catalogar al haka solo como un fenómeno cultural, sumado a la insuficiente comprensión del mismo como producto de la ausencia de un análisis psicológico más exhaustivo, hace que a los rivales les sea dificultoso traducirlo mentalmente de forma correcta, lo que los predispone a que dicha ceremonia les juegue notablemente en contra.

Desde mi rol de psicólogo y a partir de mi trabajo con jugadores de los seleccionados nacionales, observo que algo les sucede a los que se enfrentan al haka. Algunos jugadores lo llaman intimidación, otros presión, para otros es algo de temor o ansiedad o motivación…, pero lo único cierto es que a todos se les dificulta explicarlo y que ese algo tiene relación con ese desconocimiento o falta de comprensión que produce interferencias en la concentración.

El haka va en desmedro de la concentración del rival desde el momento en que los jugadores contrarios ocupan su atención en contrarrestarlo, poniendo el foco en aquel, en lugar de ocuparse y concentrarse en aspectos relacionados con ellos mismos que les serían de mayor beneficio, tal como nos enseñan los hombres de negro. Lo cierto es que para poder concentrarse es fundamental conocer las razones del por qué de la desconcentración. Si bien debemos tomar en cuenta que “el rival más difícil está en nuestra cabeza”, frase que hace alusión a la traducción mental del contexto que puede jugarnos a favor o en contra, también se impone la frase “para vencer a tu rival primero deberás conocerlo”. En mi libro Rugby mental doy algunos ejemplos de lo que denomino los rivales de la concentración (capítulo cuatro). Rivales a los que se enfrentan cotidianamente nuestros jugadores, que están relacionados con una preocupación casi inconsciente por estímulos o cuestiones irrelevantes que nada tienen que ver con lo verdaderamente importante que es poner en práctica solo lo trabajado en los entrenamientos, y que, de hecho, interfieren con dicha puesta en práctica, tales como la camiseta del rival, el reloj, el tanteador, la localía o la visita y el historial, entre otros. Rivales a los que están habituados a enfrentar sin registrarlo y sin siquiera sospecharlo.

Parte de mi trabajo profesional consiste en orientar a los jugadores para que identifiquen esos rivales, los comprendan y profundicen en ellos, y así puedan vencerlos.

Suelo realizar tres preguntas a los jugadores de los planteles con los que trabajo por primera vez: “¿Contra quién juegan el próximo partido? ¿Dónde juegan? ¿Qué es lo que está en juego?”. A las que suelen responder inicialmente: “jugamos contra X equipo al que nunca (o siempre, o X veces le ganamos”, “jugamos de local (o de visitante)” y “está en juego el campeonato (o clasificar, o la permanencia, o si ganamos quedamos a tres puntos del primero o del segundo, entre otros ejemplos). Estas respuestas habitualmente forman parte del contenido de diferentes diálogos que suelen sostener no solo los jugadores, sino también los diferentes miembros del club, entre los que se encuentran sus entrenadores, quienes de hecho la mayoría de las veces suponen bientintencionadamente que potenciándolo motivarán a sus dirigidos sin tomar la debida nota de que dicho contenido suele sacarlos de foco. Ante estas respuestas suelo contestar: “En mi opinión, no están bien enfocados. Si están de acuerdo en comenzar a trabajar el aspecto mental, a partir de este momento jugaremos solo contra otro equipo de rugby, en una cancha de rugby, y para superarnos a nosotros mismos tanto en los entrenamientos como en los partidos”. Es que nuestra función de educadores es comenzar a trabajar en la transformación de nuestro mensaje para que nuestros jugadores aprendan a desarrollar un óptimo estado de concentración.

En mi quehacer cotidiano trabajo con planteles de jugadores y con el sistema club en general, en esta cuestión que a mi entender es clave. ¿Es que acaso para poner el foco en desarrollar lo que entrené en el próximo partido es relevante si al equipo que voy a enfrentar le gané o no alguna vez o X veces? Por el mismo motivo, ¿es relevante dónde se juega, si se es local o visitante o si hay público o no?, ¿o si se juega por los puntos o no y lo que esos puntos puedan o no significar? O por el contrario, ¿lo verdaderamente relevante es poner el foco en superarse en los entrenamientos de la semana para poder reflejar todo ello en el próximo partido? A lo sumo deberá ponerse parte del foco en estudiar las fortalezas del rival para trabajar en contrarrestarlas, y en sus debilidades para intentar sacarles el mayor provecho, así como analizar el estado del campo de juego para utilizar las estrategias más convenientes. Pero de estas cuestiones, en realidad, debemos ocuparnos siempre y no solo en determinados partidos o en circunstancias ocasionales.

En Rugby mental, hice alusión al claro ejemplo de nuestro compatriota y réferi internacional Federico “Boli” Anselmi, quien dirigió de forma impecable la final de Seven de los Juegos Panamericanos 2015, entre Canadá y los Pumas Seven, a pesar de los factores externos que podían representarle el hecho de referear una final disputada por un seleccionado de su propio país, con jugadores a los que conocía y con los que estaba habituado a entrenar en el Plan de Alto Rendimiento de la UAR (factores que podían generarle una responsabilidad extra, cargada de la consecuente presión). Ante mi sencilla pregunta sobre su impecable referato: “¿Cómo hiciste?”, solo se limitó a responder: “Para mí eran Blancos vs. Rojos”. Objetividad pura que hizo que pudiera centrarse en lo relevante de la tarea, dejando de lado todo lo que no lo era para así poder ejecutarla a la perfección. Esta forma de pensar es la que lo llevó a concentrarse en el desarrollo del juego mismo, más allá de las circunstancias que lo rodeaban. Hice también alusión indirectamente a este tema en el mismo libro donde afirmé: “si mi motivación depende de la camiseta rival a la que enfrento, del lugar donde juego o de lo que está en juego, de ello dependerá mi rendimiento”. Todo esto forma parte de motivaciones externas que a lo sumo pueden sernos útiles a modo de disparadores (en una arenga, por ejemplo) de la verdadera motivación que debe ser la motivación interna relacionada con las ansias de autosuperación permanente. Definí esta última como una de las claves de los All Blacks junto con el desarrollo de la capacidad de análisis y autocrítica, explicadas ambas desde una perspectiva psicológica, lo que ayudó a profundizar en el tema, y no desde una perspectiva moral valorativa asociada a la humildad que muchas veces nos limita en nuestra tarea.

En síntesis: primero debemos identificar a los rivales que interfieren en la concentración para poder profundizar en ellos y finalmente lograr vencerlos. Es por esta razón que sostengo que el haka actúa reiteradamente como un rival de la concentración de los equipos contrarios que erróneamente se ocupan de contrarrestar el efecto que ocasiona, en lugar de identificarlo en función de tal, comprenderlo y profundizar en las implicancias que este rival tiene para poder, finalmente, vencerlo. Como bien explica Sun Tzu en El arte de la guerra: “Si desconoces a tu enemigo y no te conoces, en cada batalla correrás serio peligro. Si conoces al enemigo y no te conoces a ti mismo, tus posibilidades de victoria son iguales a tus posibilidades de derrota. Conoce a tu enemigo y a ti mismo, así, en cien batallas jamás correrás el menor peligro”.

La clave de la concentración

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