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Conflicto en Battle Creek y restablecimiento del programa médico
ОглавлениеNo todo el mundo se sintió feliz con el llamamiento a la reorganización. Uno de ellos fue el poderoso líder de la obra médica de la iglesia: el Dr. J. H. Kellogg. El brazo médico del alcance misionero de la iglesia, antes de 1901, había sido independiente y de grandes proporciones. De hecho, empleaba un 25 por ciento más de obreros que todas las otras ramas de la obra adventista combinadas.
Cuando, en su discurso del 1º de abril sobre la reorganización, Elena de White pidió que el programa médico se uniera a la estructura general de la iglesia ella propició que se produjera una serie de acontecimientos que, con el tiempo, condujo al rompimiento de Kellogg con el adventismo. Durante el proceso, él se llevaría la porción más grande del programa médico de la iglesia.
El cisma resultante produjo dos efectos en la vida de Elena de White. Primero, la obligaría a ayudar a establecer una nueva generación de instituciones médicas. Segundo, la conduciría a una serie de desafíos en relación con su papel y autoridad. Esos desafíos la impulsaron a esclarecer aspectos importantes de su ministerio, de manera que todos pudieran ver y evaluar su labor de un modo más claro.
Los años de 1902 a 1907 fueron testigos de una batalla intensa entre el médico más prominente de la iglesia y los dirigentes de la Asociación General. De esa forma, Kellogg se enzarzó en una lucha de poder con A. G. Daniells (presidente de la Asociación General en aquellos momentos) y con W. W. Prescot (vicepresidente). Al principio, Elena de White trató de permanecer neutral para poder comunicarse con ambas partes. Pero lo acontecido en 1903 y 1904 la obligó a tomar partido en contra de Kellogg, quien finalmente fue desfraternizado de la iglesia de Battle Creek, en noviembre de 1907. Pero el médico no salió solo de la iglesia. Otros destacados médicos también se fueron con él, así como dos de los más influyentes predicadores del adventismo: A. T. Jones y E. J. Waggoner, los mismos hombres que se habían unido a Elena de White para exaltar a Jesús ante la iglesia en el Congreso de la Asociación General de Minneápolis, en 1888.
Además de la pérdida de estas destacadas personalidades, estaba la pérdida de la institución médica más grande de la iglesia, el imponente y mundialmente reconocido Sanatorio de Battle Creek y nuestra única escuela de medicina, el Colegio Misionero Americano de Medicina. Por eso, a principios del nuevo siglo la iglesia enfrentaba la necesidad de restablecer su programa médico.
Elena de White desempeñó un importante papel en ese proceso. La primera etapa fue la adquisición de tres propiedades en el sur de California: el Sanatorio de Paradise Valley (1904), el Sanatorio de Glendale (1905) y el Sanatorio de Loma Linda (1905). La Sra. de White estuvo al frente en la adquisición de dichas propiedades y en la recaudación de fondos para su compra. Algunos de los líderes de la iglesia no aprobaban su entusiasmo, dado los riesgos implicados, pero ella afirmó que “se le había mostrado” que esa era la voluntad de Dios. Con tal seguridad, ella insistió en seguir adelante con fe para adquirir dichas propiedades en esa zona del sur de California en crisis económica, y donde la mayoría consideraba que no valía la pena invertir. El tiempo ha demostrado el valor de su visión y del riesgo tomado. Esas instituciones –que son ahora prósperos hospitales– formaron la base de la resurrección del sistema adventista de salud.
Entre las instituciones del sur de California, la propiedad de Loma Linda era de especial importancia. Ya en 1905, Elena de White había escrito que la iglesia debía preparar médicos en ese lugar. Pero la mayoría de los dirigentes de la iglesia creía que eso requeriría más recursos de los que podrían recaudar. Además, el momento no resultaba propicio para empezar una nueva escuela de medicina. En esa misma década, la Asociación Médica Americana estaba creando normas que forzarían a cerrar definitivamente a más de la mitad de las escuelas de medicina de los Estados Unidos. Quizá, sugirieron algunos, Elena de White se refería a una escuela bíblica donde los estudiantes aprendieran a dar tratamientos médicos sencillos. Otros sostenían que al hablar de una “escuela de medicina” ella tenía en mente una escuela de medicina completamente equipada donde también se enseñara Biblia.
Para aclarar el asunto de lo que Elena de White quiso decir por educación médica en Loma Linda, un grupo de dirigentes adventistas la requirieron por escrito.
Ella contestó que “la escuela de medicina de Loma Linda ha de pertenecer a la categoría más elevada”. Los jóvenes de la iglesia, dijo ella, deben tener acceso a “una educación médica que les permita pasar los exámenes que la ley exige a todos los que ejercen como médicos regulares”; “debemos proveer lo que sea necesario, a fin de que estos jóvenes no necesiten verse obligados a ir a las escuelas de medicina dirigidas por hombres que no son de nuestra fe” (Consejos para los maestros, cap. 67, p. 465).
Elena de White no dejó lugar a dudas de que la iglesia debía establecer una escuela de medicina totalmente desarrollada a pesar de las enormes dificultades, aparentemente insuperables, que había que afrontar. Actualmente, esa escuela (facultad) forma parte de la Universidad de Loma Linda.
Hay otro punto que debemos notar antes de abandonar esta sección. El consejo de Elena de White sobre la educación médica no solo apuntaba al desarrollo de una escuela de medicina completamente acreditada, sino que también estableció el curso a seguir para el establecimiento de escuelas adventistas de enseñanza secundaria y superior que llegaran a ser instituciones de saber de amplias bases, en lugar de escuelas o colegios bíblicos limitados. Cuando escribió que los jóvenes adventistas “deben poder obtener en los colegios de nuestras uniones todo lo que es esencial para entrar en una facultad de medicina” (ibíd., p. 464), ella preparó el escenario para el desarrollo de escuelas secundarias y colegios superiores de artes liberales acreditados que prepararan a los jóvenes para el mundo del siglo XX, que sería más complejo y exigente en el aspecto educativo.