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Recepción y comunicación de las visiones

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La recepción y comunicación de las visiones de Elena de White es un tema complejo –como muchos otros en este libro– y lo trataremos brevemente. En esta sección, en lugar de explicar esa complejidad, solo destacaremos brevemente al­gunos puntos que nos ayudarán a entender el tema.

En 1860 la Sra. de White escribió que ella había recibido muchas preguntas acerca de su condición cuando estaba en vi­sión y su experiencia después de salir de ellas. Entonces explicó lo siguiente:

“Cuando el Señor cree oportuno dar una visión, soy llevada a la presencia de Jesús y sus ángeles, y estoy completamente ajena en cuanto a las cosas terrenales. No puedo ver más de lo que los ángeles me señalan. Mi atención con frecuencia es dirigida a escenas que suceden en la Tierra.

“A veces soy llevada muy lejos en lo futuro, y se me muestra lo que ha de suceder. Luego otra vez se me muestran cosas que han ocurrido en lo pasado. Después de que salgo de la vi­sión, no recuerdo inmediatamente todo lo que he visto y el asunto no es tan claro delante de mí hasta que escribo. Ento­n­ces la escena surge delante de mí como fue presentada en visión, y puedo es­cribir con libertad. A veces las cosas que he visto están ocultas de mí después de que salgo de la visión y no puedo recordarlas hasta que soy llevada delante de una congregación donde se aplica la visión. Entonces vienen con fuerza a mi mente las cosas que he visto. Dependo tanto del Espí­ritu del Señor para relatar o escribir una visión como para tenerla. Es imposible que yo recuerde cosas que me han sido mostradas a menos que el Señor las haga surgir delante de mí en el momento en que a él le place que yo las relate o escriba” (Mensajes selectos, t. 1, p. 41).

Siguiendo la misma línea de pensamiento, ella observó pocos años después: “Dependo del Espíritu del Señor tanto para escribir mis visiones como para recibirlas; sin embargo, las palabras que empleo para describir lo que he visto son mías” (ibíd.). En otra ocasión ella señaló que a veces, cuando se ponía a elegir las palabras del pasaje, Dios llevaba a su mente la mejor manera de expresar sus pensamientos en “forma clara y distinta” (Carta 127, 1902).

Por eso, según ella lo veía, su experiencia era similar a la de los profetas de la Biblia: una interacción entre el ser humano y el Ser Divino. Dios le daba las visiones y la ayudaba a comunicarlas a otros. Por otra parte, ella usaba sus propias palabras, excepto en los casos en los cuales afirmaba haber recibido las palabras precisas. De su descripción se desprende que esto último era más bien raro.

No deberíamos pensar que todo lo que Elena de White escribió estaba directamente vinculado a una visión. Por ejemplo, en una de sus primeras declaraciones autobiográficas co­mentó: “Al preparar las siguientes páginas, lo hice con gran desventaja, ya que tuve que depender en muchos casos de mi memoria, puesto que no empecé a escribir un diario sino hasta años más tarde. En varias ocasiones he enviado los manuscritos a amigos que estuvieron presentes cuando las circunstancias relatadas ocurrieron, para que ellos los leyeran antes de im­primirlos” (Spiritual Gifts, iii). Ella continuó diciendo que había identificado muchas fechas mediante una verificación doble de sus primeras cartas. En resumen, Elena de White recurrió a algunas de las técnicas de los historiadores así como a sus recuerdos en la reconstrucción de sus memorias.

En el desarrollo de El conflicto de los siglos en 1888, también se demuestran las investigaciones históricas. Por eso citó libremente a historiadores, no tanto para valerse de su autoridad, “sino porque sus palabras resumían adecuadamente el asunto” (El conflicto de los siglos, Introducción, p. 15).

Por consiguiente, su hijo señaló a los líderes de la Aso­cia­­ción General, cuando estaban revisando El conflicto de los siglos en 1911, lo siguiente: “Mi madre nunca pretendió ser una auto­ridad en historia. Las cosas que ella ha escrito son descripciones instantáneas y otras presentaciones que le fueron dadas con respecto a los hechos de estos hombres y a la influencia de estas acciones sobre la obra de Dios para la salvación de los hombres, con referencia al pasado, al presente y a la historia futura en su relación con esta obra. En la redacción de estas visiones ella ha hecho uso de buenas y claras declaraciones históricas para hacer comprensible al lector las cosas que estaba tratando de presentar”. Él siguió diciendo que su lectura en la rama de la historia eclesiástica “la ayudó a localizar y a describir muchos de los acontecimientos y movimientos que le fueron presentados en la visión” (Mensajes selectos, t. 3, Apéndice A, pp. 498, 499). De ma­nera que sus investigaciones la ayudaban a llenar los antecedentes y el contexto de las “descripciones instantáneas” recibidas durante la visión.

El uso que Elena de White hizo de las obras de otros autores no estuvo restringido a temas históricos. Siendo una ávida lectora, seleccionaba y adaptaba ideas y frases de otros es­c­ritores cuando sentía que ellos presentaban las cosas tan bien como se podían decir para hacer comprender su mensaje.

Así, Guillermo C. White indicó que su madre no solo era una ávida lectora de otros autores sobre la vida de Cristo, sino también “se admiraba del lenguaje en que otros escritores habían expuesto a sus lectores las escenas que Dios le había presentado a ella en visión, y encontró que era tanto un placer como una conveniencia y economía de tiempo utilizar el lenguaje de ellos, en forma total o parcial, para presentar las cosas que sabía por revelación, y que anhelaba transmitir a sus lectores” en El Deseado de todas las gentes (ibíd., Apéndice C, pp. 525, 526). Podríamos hacer estos mismos comentarios en relación con otros escritos de Elena de White. Así como los profetas bíblicos empleaban documentos literarios e históricos en sus escritos, también lo hizo ella (ver, por ejemplo, Núm. 21:14, 15; 1 Crón. 29:29; Luc. 1:1-4; Jud. 14, 15). Por lo general, la inspiración no implica originalidad. Por otro lado, la inspiración reclama la dirección de Dios en el desarrollo profético y la selección de materiales.

Conviene notar que el uso de fuentes de parte de Elena de White no era mecánico. Por el contrario, ella seleccionaba los pensa­mientos y las frases que armonizaban con la verdad como ella los veía, mientras que eliminaba o adaptaba ideas y terminologías que no estuvieran en armonía con su mensaje.

Otra percepción de su obra proviene de la comprensión de que no todos sus consejos a individuos y a la iglesia se originaron específicamente como visiones para la situación determinada. Ella comparó su experiencia con la del apóstol Pablo, cuya mente había sido informada en relación con principios cristianos y peligros para la iglesia de manera general y amplia mediante las visiones anteriores que había recibido. Como re­sultado, el apóstol pudo juzgar situaciones en la iglesia con percepción divina aunque él no tuviera una visión específica para esa circunstancia en particular. Por eso, la Sra. de White escribió que “el Señor no da una visión para hacer frente a cada emergencia que se levante”. Más bien, el método de Dios es “dar a sus siervos escogidos impresiones referentes a las necesidades y los peligros a los que estaban expuestas su causa y las personas, y en hacer sentir a esos siervos la responsabilidad de dar consejos y amonestaciones” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 642). Buena parte de sus consejos parecen caer en esta última categoría, en la cual los principios divinos dados originalmente en una visión se aplicaban, mediante las impresiones del Espíritu Santo, a una variedad de situaciones específicas que re­querían la aplicación de dichos principios.

Introducción a los escritos de Elena G. de White

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