Читать книгу La conquista de Rosas - Gerardo Bartolomé - Страница 28
Meses más tarde
ОглавлениеBaigorria, tal como lo había hecho años atrás, volvía a internarse en el desierto. La historia parecía repetirse casi calcada de la vez anterior. La causa unitaria, una vez más, estaba perdida. Lavalle había llegado cerca de Buenos Aires pero allí no hubo ningún levantamiento. Luego, acosado por Oribe, se fue retirando hasta ser vencido en batalla. Con un grupo siguió retirándose y alejándose de cualquier posibilidad de victoria. Lamadrid, como era de esperarse, no pudo triunfar y también fue cediendo terreno.
En San Luis, Baigorria y Videla, a pesar de varias victorias menores, perdieron contacto con el grueso de las fuerzas unitarias, y, cuando la debacle se hizo obvia, debieron tomar decisiones. Nuevamente, la alternativa era el desierto o intentar escapar a Chile. Existía también la posibilidad muy arriesgada de intentar hacerse fuertes en la Cordillera de San Juan, pero ¿con qué objetivo?
Esta vez la decisión para Baigorria fue más simple, él y su gente volverían a la toldería de los ranqueles. Intentó convencer a Videla, pero éste, muy testarudo, prefirió seguir peleando por la causa unitaria y por la cada vez más remota posibilidad de ser gobernador de San Luis.
Algunos hombres de Videla optaron por seguir a Baigorria, entre ellos los jóvenes y ambiciosos hermanos Saá. Estos no le caían bien al coronel, pero Videla los estimaba mucho y se los encomendó especialmente.
Al separarse, Baigorria y Videla se volvieron a dar un abrazo fraternal. “Hasta la próxima, Compadre.”, se dijeron. Pero sin atreverse a mencionarlo, los dos intuían que esa sería la última vez que se vieran.
Ahora el coronel estaba llegando a sus toldos. Pichún y Coliqueo estaban allí para recibirlo. —Qué raro —pensó—, siento como si esta indiada fuera mi familia y estos toldos, mi casa.”
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