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Introducción

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A lo largo de la historia, pueblos, sociedades y culturas han interpretado, regulado y dado sentido a los momentos del embarazo, el parto y el puerperio, en cuanto situaciones clave de la maternidad. El parir-nacer es un proceso vital universal en el que se conjugan las características específicas de la reproducción humana, pero que se extiende mucho más allá, hacia prácticas y relaciones sociales no vinculadas con el cuerpo femenino, como son el cuidado, la atención y la socialización, las definiciones de salud y enfermedad, las políticas sobre prevención e higiene, el afecto y cariño, entre otros tópicos.

En cuanto fenómeno del orden cultural, cuyas dimensiones materiales y simbólicas –objetivas y subjetivas– se encuentran en constante interpenetración, las ideas, los valores y los sentimientos emergentes en torno de la reproducción biológica y de las relaciones sociales originadas alrededor de la maternidad operan en las prácticas que, a su vez, encuadran el espectro simbólico posible. Estas prácticas y los discursos a los que dan lugar se relacionan de manera estrecha con la estructura económica, política, social y cultural de cada época, principalmente con los modelos de sociedad y sociabilidad que se tienen por deseables, los marcos de sentido vigentes sobre el cuerpo y su relación con el entorno, la posición social de las mujeres y la disponibilidad de conocimientos y medios para intervenir en la gestación y el nacimiento.

Las características, disposiciones, actitudes e interpretaciones que se van a desplegar sobre el embarazo, el parto y el puerperio se configuran históricamente. Así, desde fines del siglo XIX, en Occidente se aceleran y acoplan una serie de procesos que van a transformar en poco más de dos décadas la forma en que se va a parir y nacer. Estos procesos tienen su expresión en la ciudad de Buenos Aires.

En sintonía con los cambios en los escenarios sociopolíticos nacionales y mundiales, en esos años se transforman los modelos sociodemográficos del país. Buenos Aires es una ciudad que se urbaniza aceleradamente y que cuenta con un gran crecimiento poblacional. En este escenario, en el período que va desde los inicios del siglo XX hasta fines de la década de 1920, se conforman gran parte de las instituciones médicas argentinas. Puntualmente, la obstetricia adquiere entidad propia y comienza su especialización dentro de la medicina, campo donde se desarrolla un proceso de delimitación de las competencias entre los profesionales médicos.

Es un momento de modificaciones en el plano de la organización y administración de los hospitales y demás instituciones de salud, que generan una serie de conflictos en el seno de las elites estatales por los contornos y sentidos de la administración sanitaria pública; específicamente, se desarrollan fuertes confrontaciones entre quienes tienen a su cargo la beneficencia oficial y ciertos voceros de la corporación médica nacional (Belmartino, 2005; González Leandri, 2000).

Aparecen en la agenda pública las discusiones sobre la necesidad de implementar políticas sociales dirigidas a las madres y los niños (Nari, 2004). Es una agenda política básicamente reformista que busca el reordenamiento social, la mejora de las condiciones de vida de los sectores populares y la vigilancia y moralización de la población. Las ideas de intervencionismo estatal logran plasmarse en estructuras gubernamentales y representan una modificación profunda de las relaciones Estado-sociedad.

Paralelamente, la ciencia se configura como proveedora de legitimidad de discursos, a la vez que se desarrolla el traslado de sus categorías al análisis de diversos aspectos de la realidad social. Este proceso se sostiene en la tendencia, que aparece desde fines del siglo XIX, en el ideario argentino –que Oscar Terán (2000) denomina la cultura científica–, en el cual convergen diversas influencias y conviven conceptos como progreso, evolución, raza, lucha por la vida, selección natural, organismo y enfermedad social, leyes, estadios humanos inferiores y superiores, determinación biológica, entre otros, que son usados para dar cuenta de fenómenos sociales, políticos, culturales y económicos.

Por su parte, como señala la historiografía feminista, en estos años se intensifica el proceso de maternalización de las mujeres (Barrancos, 1999; Guy, 1994; Nari, 2004), cuyo fin es ajustar las supuestas funciones naturales con ciertos imperativos sociales. Se termina de configurar un modelo social saludable de género: padre proveedor y madre paridora y cuidadora de la reserva potencial de la especie. De esta forma, en unas pocas décadas, la experiencia de parir y de nacer se modifica velozmente en simultáneo con la intervención médica sobre los cuerpos de las mujeres, en cuanto objetos de estudio y de políticas sociales considerados a partir de la racionalidad científica (Segato, 2013).

En este escenario, es posible hacerse las siguientes preguntas: ¿cuáles son y qué características adquieren las relaciones entre el sistema hospitalario –su forma de organización y sus prácticas– y las mujeres embarazadas, parturientas y puérperas en la Buenos Aires de esos años?, ¿qué tipo de controversias se presentan en función de las diferentes evidencias científicas disponibles, y las explicaciones morales, cognitivas, políticas y económicas desplegadas ante las decisiones organizacionales, burocráticas, sanitarias y clínicas frente al embarazo, parto y puerperio?, ¿bajo qué argumentos los grupos médicos logran configurarse como una disciplina legítima de saber-poder fundada en ciertas regulaciones, procesos y tecnologías, con potestad para establecer parámetros morales en torno al parir-nacer?, ¿cuál es el impacto de la conformación de la obstetricia en las políticas públicas relacionadas con salud materna?, ¿qué modelos de mujer y madre se consolidan en esos años?, y ¿qué pasa con la corporalidad de esas mujeres en cuanto objetos de investigación e intervención?

Estas son las preguntas que motivan el interés en este tema y guían la propuesta de este libro, cuyo principal objetivo es identificar, describir y analizar los discursos y las imágenes acerca de la maternidad –específicamente sobre las intervenciones ante el embarazo, parto y puerperio– por parte de los grupos médicos en el marco de las configuraciones sociales que le dieron sentido en la ciudad de Buenos Aires de 1900 a 1920.

En esta línea, el libro repone, reconstruye e interpreta los discursos y las imágenes que circularon en torno a la maternidad en las instituciones y publicaciones médicas: como hecho social-natural, como disciplina médica, como espacio hospitalario y como valor-símbolo-arquetipo social y moral, a fin de establecer su incidencia en lo que concierne a la producción de disposiciones en torno al nacer-parir, a las formas de corporalidad que impulsan, a las prácticas clínicas que organizan y a la relación entre médicos y mujeres embarazadas o parturientas que se arraigan por esos años.

Este recorrido se apoya en una serie de supuestos:

 El campo de disciplinas científicas se delimita a través del manejo de ciertos marcos conceptuales y enfoques metodológicos que señalan y caracterizan la “realidad” de los fenómenos que demarcan el objeto de estudio. Se concibe y categoriza al individuo y las prácticas reproductivas como fenómenos naturales a ser regulados por las instituciones médicas, y desde una episteme que recorta su campo de estudio disciplinario y de intervención profesional disociada del contexto histórico y social.

 En Occidente, la configuración de la modernidad-colonialidad tuvo como eje predominante el pensamiento médico para la comprensión y el tratamiento del fenómeno de la salud a través de un enfoque asistencialista y disciplinario, que incluyó en su matriz formas peculiares de dominación, discriminación y subalternización, desde una perspectiva de interseccionalidad clase/género/raza/etnia/sexo.

 La reproducción y la maternidad son fenómenos multidimensionales; en este sentido, no se opondrán unidades y dimensiones de análisis, sino que se establecerán niveles que impliquen la búsqueda de una articulación entre las dimensiones micro y macrosociales.

 La conformación del campo de la obstetricia es un proceso histórico-social dependiente de las condiciones de trabajo y de vida de una sociedad determinada, y se encuentra articulada con los procesos políticos, ideológicos e institucionales que, en las sociedades modernas, presentan correspondencias con el modelo de Estado y con los modelos de acumulación. En forma análoga, con el desarrollo del capitalismo y la emergencia de las profesiones modernas y de las instituciones vinculadas al Estado y sus articulaciones con el complejo médico-asistencial, las políticas de salud materna y reproductiva contribuyen significativamente a la construcción de hegemonía y legitimación del orden social.

Los cambios en la forma de concebir la maternidad coinciden cronológicamente con los esfuerzos por medicalizar la reproducción biológica. Progresivamente se configura la identificación de la subjetividad femenina con la condición materna, proceso en el cual la medicina forma parte activa al definir la reproducción humana como uno de sus objetos privilegiados. La importancia social de la función materna justifica los esfuerzos por medicalizar el embarazo y el parto; así, bajo el nombre de obstetricia, se formulan y reformulan un conjunto de saberes y prácticas preexistentes.

En Buenos Aires, las vertiginosas transformaciones demográficas impulsadas por el descenso de la mortalidad y de la fecundidad, de la mano de la urbanización y la inmigración masiva, junto con los cambios en el mercado de trabajo, las ideologías poblacionistas y la reciente organización del Estado con su potencial educativo y sanitario, conforman el contexto para entender este proceso.

En este escenario, las mujeres son convocadas a no abandonar sus funciones naturales y a respetar la división que reserva el espacio público para los varones y el privado para ellas (Felitti, 2011). Desde sus roles domésticos de esposas y madres van a ser interpeladas como agentes de moralización social y piezas clave para la construcción de la nacionalidad. Las representaciones acerca de lo socialmente aceptado, legitimado y naturalizado en torno a la maternidad y lo materno aceptan su inscripción en la naturaleza femenina, en los cuerpos y la biología. La maternalización de las mujeres, su progresiva confusión entre mujer y madre, entre femineidad y maternidad, se construye y extiende gradualmente en diferentes ámbitos y planos de la vida social, de las ideas y prácticas científicas y políticas. Así, y dado que se justifica en la naturaleza, tiene pretensiones universales y abarca a todas las mujeres sin distinción.

La legitimación y justificación pretendidamente irrefutable de la maternalización de las mujeres por parte de la ciencia médica no es un fenómeno local. Por el contrario, se trata de un proceso que abarca al mundo occidental entre fines del siglo XVIII y principios del XX (Nari, 2004). Forma parte de un conjunto de transformaciones sociales, económicas y políticas clave que tienen lugar en las sociedades capitalistas y se vinculan a los cambios poblacionales, al valor otorgado a la población y al lugar dado a la familia en la conformación de la sociedad y la política.

Este libro va a presentar diversos planos y dimensiones. Esta simultaneidad de procesos, que en ocasiones se potencian y retroalimentan y en otras se tensionan y contraponen, tomará formas diversas. A veces parecerá una madeja (más o menos enredada), otras va a representar una matriz o una red con puntos fijos fácilmente identificables, y en muchos momentos su imagen se acercará más a la de una nebulosa que, de forma difusa, tamizará relaciones y prácticas aportando la característica del ambiente.

En este sentido, la conformación del campo médico de la obstetricia, por un lado, y la reproducción y la maternidad, por otro, son problemáticas multidimensionales que refieren a procesos sociales complejos donde convergen tópicos diversos que han sido abordados desde distintas disciplinas de las ciencias sociales. Por ello, se abreva en diferentes vertientes teóricas.

Uno de los grandes sostenes conceptuales es el concepto de configuración de Norbert Elias (1993), dado que resulta muy productivo para expresar la dialéctica entre los fenómenos individuales y los fenómenos sociales. Según el autor, las expresiones individuales solo pueden ser aprehendidas en su relación con las configuraciones sociales, entendidas como entramado peculiar atravesado por relaciones de poder cambiantes. Así, la noción de configuraciones sociales permite no caer en una mirada exclusiva de los individuos, percibidos como independientes y por fuera de estructuras o marcos sociales, pero tampoco abonar a un estudio de sociedades sin individuos o de sistemas independientes de los sujetos que los conforman. La construcción social de la realidad no opera en un vacío social, sino que está sometida a coacciones estructurales en las cuales los individuos constituyen configuraciones de diverso tipo.

En este marco, se dirá que las posiciones individuales de los médicos de la época –lo que dicen, lo que escriben y el lugar desde donde lo hacen– solo podrán ser aprehendidas en su relación con las configuraciones sociales entendidas como un entramado peculiar atravesado por relaciones de poder cambiantes. Los rasgos de un grupo social que conforma una posición específica o peculiar solo pueden comprenderse a partir del tejido de imbricaciones sociales en el cual están insertos. Esta perspectiva ayuda a no caer en una imagen incompleta y distorsionada (Elias, 1993) de las relaciones históricas, cosa que suele suceder cuando las investigaciones se detienen en buscar la respuesta a estas preguntas a partir de la individualidad de las personas; por ejemplo, el caso de ciertas miradas organizadas en torno a las gestas de médicos grandiosos.

A partir de la pregunta de Elias respecto de la comprensión de comportamientos sociales distintos de los que nos son familiares, es posible decir que se trata de profundizar en la comprensión del surgimiento y la consolidación, en un momento dado, de una forma de parir-nacer peculiar. Una forma –unas prácticas significadas de manera específica– que con certeza sonará habitual y cotidiana a los tiempos en los que se escribe este libro pero que, de ningún modo, puede presuponerse como la transformación natural o racional de la forma que las personas llegan al mundo y en que las mujeres transitan los diferentes momentos de la reproducción de la vida humana.

Es decir, se trata de un intento por recorrer uno de los momentos de gran arraigo del proceso de configuración del ethos médico occidental, en una de sus especificaciones, y dar cuenta de la forma en que se acoplan, articulan y sincronizan matrices en apariencia incompatibles, discordantes e incongruentes. Acceder a ese mundo para comprender y describir lo que para los actores mismos –médicos, parteras y mujeres embarazadas, parturientas y/o puérperas– tiene sentido y resultaba relevante. Esto incluye dar cuenta de un tipo de sensibilidad, no en el sentido de ser sensible ante algo, sino en términos de qué sentimientos, valores y actitudes se disponen ante la situación reproductiva.

A la hora de trabajar en la reconstrucción del proceso por el cual el saber del obstetra se instituye como un capital político, me apoyo en los trabajos que refieren a la conformación de la cultura científica a partir del cambio de siglo, con énfasis en aquellos que realizan contribuciones con relación al análisis de las tecnologías de salud materna desplegadas y generalizadas en esos años en articulación con las ideas positivistas y evolucionistas (Terán, 1983; Altamirano, 2004; Suriano, 2000; Bruno, 2011).

Para la identificación y caracterización de las articulaciones entre la organización del campo de la obstetricia en la Argentina con los procesos políticos, ideológicos e institucionales de la época se toman los aportes de aquellos autores que trabajaron sobre la consolidación del campo de la salud en un contexto marcado por la expansión del capitalismo y la emergencia de las instituciones del Estado moderno. En este sentido se recuperan los trabajos de Graciela Biagini (1992, 1996), Karina Ramacciotti (2008), Susana Novik (1992) y Susana Belmartino (1995, 2005), entre otros. Al mismo tiempo, se toma en consideración la caracterización que realiza Diego Armus (2001, 2007) sobre los diferentes enfoques para narrar la salud y la enfermedad en el pasado.

Asimismo, se han incorporado algunos de los aportes de la sociología de las profesiones (González Leandri, 2000; Souza, 2008) y junto con ellos, la mirada sobre los procesos de urbanización de inicios del siglo XX de la Escuela de Sociología de Chicago resulta un aporte interesante para pensar cómo las situaciones de desorganización, que son asociadas a problemáticas sociales y concebidas en términos patológicos, impulsan la implementación de políticas estatales de corte racional.

También, se hace referencia a los estudios recientes en torno a la historia de la ciencia y la medicina, comprendiendo que la tarea de historizar las prácticas del pasado que tuvieron al ser humano como objeto de estudio y manipulación es tarea doblemente sensible. En ellas se reproducen los interrogantes epistémicos propios de las prácticas cognitivas con posibilidades de experimentación, pero además amplifican jerarquías, relaciones de poder y estrategias de cosificación del otro en cuanto objeto de reflexión y manipulación. En este sentido, se adscribe al planteo de Diego Hurtado (2003) con relación a que en toda narración que tiene por objeto la referencia al pasado de la ciencia subyace implícita o explícita una concepción de la actividad científica y otra de la historia, junto con las propias nociones de objetividad y verdad, las cuales ejercen determinaciones mutuas.

Con relación al análisis de las regulaciones desplegadas sobre las prácticas socioculturales de la población por parte de los grupos y las sociedades médicas, parte del apoyo surge de los trabajos que dan cuenta de las influencias que las ideas del higienismo y la eugenesia tuvieron sobre estos grupos cuando buscaron contribuir con la construcción de hegemonía y legitimación del orden social (Miranda y Vallejo, 2005; Belmartino, 2005; Checa, 2009; Di Liscia, 2005).

Por su parte, para dar cuenta de las formas que adquieren los espacios del parir-nacer y lo que hace a las relaciones cotidianas entre las personas que allí van a interactuar, como en las disposiciones corporales que esta espacialidad reorganiza, se tomaron los aportes de la sociología de Erving Goffman, en particular lo que refiere al ajuste de la mirada a la dimensión práctica de lo cotidiano. Puntualmente, las nociones de orden de interacción y marcos de referencia resultan profundamente valiosas.

Asimismo, se toman las contribuciones del proceso de construcción de un modelo de organización de los roles de género, donde la maternidad aparece como el único destino socialmente consensuado para la mujer, y que la coloca en condición de subordinación respecto del esposo u otros varones de la sociedad (Barrancos, 2002). Estos aportes refieren a cómo se desarrollaron las ideas sobre la naturaleza maternal femenina en sintonía con la supuesta inferioridad de las mujeres, y cómo en un modelo capitalista esto implicó la producción de la mujer/madre ideal, recluida en el espacio privado, y la consiguiente invisibilización del trabajo doméstico (Correa, 2000; Gil Lozano, Pita e Ini, 2000; Lobato, 2000; Ramaciotti y Valobra, 2011; Valobra, 2005, entre otros).

Dentro del variado universo de trabajos que forman parte de la historia de las mujeres en la Argentina, se recupera especialmente la obra de Marcela Nari (2004), que inicia el análisis histórico de la construcción del discurso y de las prácticas que forjaron el ideal de la maternidad en la Argentina desde fines del siglo XIX. También se consideran algunos estudios que dan cuenta de las formas de agencia configuradas ante cada coyuntura y las diversas coaliciones conformadas entre las mujeres, las agrupaciones feministas y otros actores sociales (Barrancos, 2008).

Para dar cuenta de la complejidad del proceso de medicalización, se incluyen otros abordajes que revisan las relaciones entre las instituciones médicas y las mujeres de los sectores populares, poniendo el foco en la clínica como espacio de negociación y disputa, en un marco más amplio de consolidación del proyecto político de transformar la medicina científica en la única alternativa curativa frente a las enfermedades (Checa, 2009; Pita, 2008).

Respecto de la mirada sobre el pasado, en la historiografía contemporánea, particularmente la de América Latina y la Argentina, se observa una producción historiográfica heterogénea con gran variedad de enfoques y temas que da cuenta de lo dinámico del campo. A partir de lecturas como las de Aníbal Quijano (2000) y Karina Bidaseca (2010) se buscó tomar distancia de las perspectivas binaristas que recorren gran parte de los estudios históricos de la región, presentando una historia donde la racionalidad, el positivismo y el cientificismo organizan los argumentos sobre las formas en que la población transita la relación entre las enfermedades, la medicina y su propia corporalidad. Esto me permitió observar críticamente tanto la pretensión de objetividad y universalidad de las formas de conocimiento institucionalizadas en América Latina (Lander, 2000; Quijano, 2000; Segato, 2013) como la exigencia de homogeneizar las formas básicas de existencia social de las poblaciones entre las que se encuentran las prácticas en torno al nacer y parir.

Esta posición implica adherir a una narrativa de la historia que se separe de las visiones lineales teleológicas y evolucionistas del tiempo histórico ya desacreditadas por pensadores como Walter Benjamin. Es decir, comprender el tiempo histórico a partir de temporalidades superpuestas y en conflicto, en el marco de un espacio geográfico y una cultura material.

Así, otro de los puntos de apoyo es la perspectiva del Grupo de Estudios Subalternos que me permitió cuestionar los estatutos asumidos por la historiografía occidental clásica –sus omisiones y sus perspectivas– como parte del paradigma de la modernidad que se expresa en prácticas científicas y discursivas alrededor de una razón universal, dentro del cual la medicina forma parte del conjunto de los macrorrelatos que han legitimado una visión del mundo a partir de las relaciones de dominación económica, cultural y política (Guha, 2002). También están presentes los ejes centrales de la microhistoria italiana que, como su nombre lo indica, implica una apuesta por el nivel microhistórico frente a los modelos globales, pero sin abandonar el nivel de los procesos macrohistóricos. Es decir, sin subsumirse totalmente en el espacio micro sino, por el contrario, penetrar en él para recrear otro modo de asumir tanto lo macro como lo micro en la historia, redefiniendo también de un modo nuevo su compleja dialéctica (Ginzburg, 1994).

Por último, para el abordaje de las controversias científicas, sociales y morales sobre salud y maternidad se toman algunos de los desarrollos de Bruno Latour (1979) y su sociología de la ciencia. En este sentido, los conceptos de controversia y ensamblado ocupan un lugar central, al momento de reponer la historia de la producción de las institucionalidades médicas.

Respecto de la dimensión metodológica, se desarrolló una estrategia cualitativa, con enfoque historiográfico, que permitió el abordaje del objeto de estudio en sus múltiples dimensiones en función de los objetivos propuestos. Como inicio de la investigación, se llevó adelante una revisión bibliográfica exhaustiva a fin de construir el estado de la cuestión y el marco teórico. Avanzado este punto, se realizó la búsqueda y selección de las fuentes. Para ello, se concurrió en varias oportunidades a la Biblioteca Nacional y a la biblioteca de la Academia Nacional de Medicina ubicadas en la ciudad de Buenos Aires a pocas cuadras de distancia. En estos dos lugares se obtuvo la mayor parte de los documentos –publicaciones científicas periódicas, tesis de medicina, memorias de encuentros de las sociedades científicas, proyectos de normativas y resoluciones institucionales, programas y textos para la formación de médicos y parteras, entre otros– incluidos como fuentes. También se concurrió al Museo Histórico que funcionaba en el Hospital Rivadavia, llamado originalmente Hospital de Mujeres, donde fue posible obtener algunas otras fuentes inéditas.

Aunque no es la única, una de las fuentes más relevantes y productivas resultó la publicación llamada La Semana Médica, “la más alta tribuna de la producción médica nacional”, según sus propias palabras. Para el período analizado, La Semana Médica publicó dos voluminosos ejemplares por año, con entre 700 y 800 páginas. Cada uno de estos números contiene diversos artículos que abordan cuestiones obstétricas, específicamente sobre la reproducción humana y la intervención de la medicina durante el momento del embarazo, parto y puerperio. También, se incluyen textos que presentan descripciones detalladas sobre los resultados obtenidos ante la implementación de maniobras durante partos complicados o el uso de medicamentos para el tratamiento de patologías gestacionales. Hay artículos que exhiben un mayor énfasis argumentativo, y donde se discuten asuntos que van desde la definición de parto natural y parto artificial a la enumeración de las características de lo que llaman la maternidad moderna. Asimismo, desde el marco de la obstetricia, se publican informes estadísticos de los hospitales que cuentan con sala y servicio de maternidad de la ciudad de Buenos Aires, junto con transcripciones de conferencias nacionales e internacionales pronunciadas en ámbitos académicos sobre higiene, demografía o herencia en términos genéticos.

Dentro de las publicaciones científicas, se revisaron los Anales de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires y algunos ejemplares de la Revista Médico-Quirúrgica, de la Revista Argentina de Obstetricia y Ginecología, de la Revista de la Sociedad Médica Argentina y de la Revista de la Asociación Obstétrica Nacional. Asimismo, se incorporaron algunas leyes, normas, reglamentos y disposiciones de diferente escala y alcance.

Conformado el corpus, a partir de las técnicas de análisis documental y bibliográfico (Valles, 1997) se llevó adelante la sistematización y clasificación de las fuentes. Se desarrolló una matriz específica para su volcado que permitiera dimensionar los alcances y la densidad del corpus. Luego se desplegó el proceso de análisis de los documentos seleccionados en función de los objetivos formulados. La interpretación de estos documentos se acompañó de una reconstrucción del contexto social, cultural y político en que ellos han sido producidos. En líneas generales, no se buscó un uso extensivo ni panorámico de las fuentes, sino desarrollar una investigación intensiva en términos de Elias (1993). Es decir, comprender lo que para estos mismos médicos tenía sentido o buscaba tenerlo. Siguiendo a Elias, diremos que el nexo de la maternidad con la medicina fue considerado como no comprobado, ni obvio, ni natural, ni simplemente dado. En esta indagación no se va a hablar (solamente) de gramáticas, retóricas ni organizaciones temáticas, sino dar cuenta de lo aceptable, lo opinable y lo verosímil respecto de la potestad médica en torno a la reproducción humana, en un momento histórico y un lugar específicos.

La perspectiva del discurso social habilitó un abordaje de las fuentes apropiado y fértil. Marc Angenot (2010) plantea que hablar de discurso social es abordar los discursos como hechos sociales y, a partir de allí, como hechos históricos; es decir, describir un objeto compuesto formado por una serie de subconjuntos interactivos donde operan tendencias hegemónicas y leyes tácitas. Los discursos sociales no fueron considerados como un espacio indeterminado donde diversas tematizaciones se producen de manera aleatoria, ni una yuxtaposición de géneros y estilos encerrados en sus propias tradiciones que evolucionan según sus pautas internas. Por el contrario, se aborda un tipo de hegemonía que es la que se establece en el discurso social.

De este modo, el recorrido de este libro se sitúa en un terreno que no ha sido explorado por la sociología y por la historiografía local. Si bien hay una serie de trabajos que han analizado con gran rigurosidad un conjunto de dimensiones respecto de la relación entre medicina y maternidad, lo han hecho tomando como punto de partida la medicalización del embarazo, parto y puerperio. Estas páginas intentan ir en sentido inverso: desmontar para comprender ese proceso a partir de un análisis multidimensional que otorgue complejidad y hondura a los hallazgos.

Así, cada capítulo da cuenta de una dimensión y un campo de análisis diferente y a la vez simultáneo y sincronizado temporal y geográficamente. En el primero, se aborda la configuración de la ciencia como proveedora de legitimidad de discursos y representaciones, y el traslado de sus categorías al análisis de diversos aspectos de la realidad social. En esa clave, se incluye un apartado sobre el uso de metáforas médicas y otro sobre el eje población y cuestión social. También se incorporan referencias al higienismo y la eugenesia, y a la medicina en tanto práctica de intervención en lo social. Es un capítulo que propone una mirada más amplia y alejada de la cuestión, y que funciona como marco de referencia general, sobre todo en lo que hace al mundo de las ideas. En el siguiente capítulo se presenta un recorrido por los inicios de la obstetricia en el país, en su devenir como especialidad médica a cargo del parto y el nacimiento. Se describen las medidas y los instrumentos normativos y jurídicos que permitieron marcar un adentro y un afuera de la profesión. Asimismo, se incluye un apartado sobre la construcción y consolidación del prestigio y la moral de los médicos obstetras. El capítulo 3 tiene como protagonistas a las comadronas y parteras. En esas páginas se hace referencia a los mecanismos de persecución y control de las parteras, en contrapunto con la institucionalización de esta función y su correlato en la creación de espacios de formación. A su vez, se describen las pretendidas condiciones morales de las parteras de cara a su rol en la educación de las madres. El capítulo siguiente está dedicado al análisis de la maternidad como institución médica. Se reseña la creación de salas de maternidad en hospitales de la ciudad y la implementación de políticas públicas sobre la cuestión. Asimismo, se analiza la maternidad como espacio médico que reorganiza y reconfigura las prácticas del nacer-parir, por lo cual se agrega una mirada sobre los elementos e instrumentos obstétricos. En el final del capítulo, se presentan unos cuadros de elaboración propia con información sobre la cantidad y el grupo social al que pertenecen las mujeres atendidas en las salas de maternidad de los hospitales, a la vez que se muestra la velocidad temporal del proceso de medicalización del parto. En el capítulo 5 se desarrollan y analizan los discursos médicos sobre el embarazo y el parto como práctica clínica. Es un capítulo que observa de modo minucioso las formas en que los obstetras dan cuenta de estos procesos. El sexto y último capítulo se organiza a partir del análisis de las relaciones entre los obstetras y las mujeres como pacientes, desde el punto de vista médico. Para ello, se definieron una serie de ejes significativos que permitieron dar cuenta de sus características. En este sentido, se desarrollan apartados sobre el deber de la higiene en la mujer, sobre la concepción del cuerpo de la embarazada y parturienta, y sobre el acceso a la información y el conocimiento en relación con las intervenciones médicas. Hacia el final, se trabaja sobre la subalternización e inferiorización de las mujeres en el discurso médico-científico.

Por todas estas cuestiones, este libro, fundado en torno a los criterios de la investigación sociológica, y vivenciada subjetiva y políticamente desde el lugar de madre, mujer y militante feminista, busca aportar a la comprensión de un problema que se considera propio y que sin duda se comparte con muchas mujeres de nuestra sociedad. Esto es, tanto la configuración de los marcos de sentidos que restringen a las mujeres a la tarea de engendrar, parir y criar, confundiendo mujer con madre; como la expulsión y exclusión de las propias mujeres de la información, el conocimiento y las decisiones sobre su cuerpo y los procesos vitales que en ella se desarrollan. Reponer la forma en que el discurso de la ciencia médica contribuyó en este sentido constituye un objeto de interés sociológico que hasta el momento no ha sido abordado desde la perspectiva propuesta.

Al mismo tiempo, se espera contribuir con el debate actual sobre el derecho a una maternidad libre y diversa, flexible, compartida y en construcción. Rastrear en el pasado algunas claves para entender el proceso de medicalización del embarazo, el parto y el puerperio, no para prescindir ni desechar conocimientos valiosos para la salud de las mujeres y sus hijos, sino para favorecer su autonomía en torno a la maternidad, comprendiendo que el derecho a la información y a la toma de decisiones no está aún garantizado.

Discurso médico, parto y nacimiento

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