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La cuestión social

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Desde inicios del siglo XX, la política social del Estado argentino se modifica progresivamente en la medida en que las relaciones socioeconómicas se complican y dan lugar a la emergencia de la cuestión social (Suriano, 2000). En este proceso, la institucionalización de los ámbitos estatales y su relación con la sociedad van a ser heterogéneos y contradictorios, hecho que evidencia conflictos y diferencias entre grupos hegemónicos y grupos subordinados. Estos conflictos van a generar dos tipos de reacciones. En un primer momento se despliega una fuerte política represiva, luego de la cual se comienzan a desarrollar políticas sociales, impulsadas por el sector más reformador de los grupos dirigentes.

Ante estas situaciones, el Estado empieza a configurarse como árbitro y regulador de las relaciones sociales, tanto por la vía de la coerción como del consenso. Comienzan a aparecer numerosas iniciativas de políticas sociales a modo de respuesta a lo que se define como problemas de cohesión social y de legitimidad política (Suriano, 2000). La aparición en la escena pública de nuevos sectores sociales con gran diversidad étnica, cultural, geográfica y laboral impulsa a que el aparato estatal se involucre en las zonas conflictivas de la sociedad cuando el orden social y económico aparece, supuestamente, amenazado. En los textos de la época, se describen escenas cotidianas en términos de degradación de la vida urbana, que son explicadas por los letrados como consecuencia del crecimiento descontrolado de la ciudad. Las autoridades nacionales y locales planean acciones para “prevenir y curar los males sociales” (Lobato, 2000: 467), dado que consideran que se encuentran ante problemas que deben solucionar a fin de garantizar la regulación y el control de la sociedad. Para ello, generan diversos dispositivos e intervenciones que tienen por objeto sanear y disciplinar la ciudad sobre la base de un mayor control de las actividades y modos de vida de los sectores populares. El Estado aparece con poder de reglamentación para entrometerse en la esfera de lo público y de lo privado, y dispone de un conjunto de normas de conductas encaminadas a evitar la aparición de problemáticas sociales, según la visión de la elite argentina.

Gran parte de los temas de interés nacional rondan alrededor de lo poblacional: el reclamado aumento de la natalidad, la vigorización y perfeccionamiento de la raza argentina, el repoblamiento del campo, la recepción de nuevos y seleccionados flujos migratorios, el mejoramiento de la salud popular, entre otros. Asimismo, es este interés nacional el que legitimará las propuestas de los higienistas y reformadores sociales de la salud pública. En el tema específico de la población, la dirigencia política se manifiesta claramente pronatalista, integrada al discurso eugenésico de la época. Su natalismo acentúa más los aspectos de control higiénico, médico y maternológico desde el Estado y propugna la inversión de recursos públicos para el desarrollo de políticas que mejoren el nivel de vida de las clases populares. Las ciencias aplicadas se transforman en la clave para vencer aquellas cuestiones identificadas como los principales problemas de la sociedad: tuberculosis, alcoholismo, enfermedades venéreas, entre otras.

Con estos impulsos, en las ciudades más grandes –sus puertos y fronteras– se crean centros de vacunación, dispensarios, farmacias, centros de higiene, junto con los hospitales generales y especializados. En estos espacios se popularizan distintas prácticas y técnicas definidas como esenciales para la salud, a la vez que se configuran como sitios clave desde donde se modifica la relación entre el público y las instituciones de salud (Agostoni, 2017). A la vez, en el interior de esos espacios preventivos, curativos, asistenciales, va a tener lugar una intensa labor pedagógica, de convencimiento, persuasión y también coerción.

Desde esta perspectiva, los referentes de la medicina porteña van a realizar de manera simultánea la publicación de guías, manuales y textos para la conservación de la salud y la prevención de las enfermedades, junto con la especialización y multiplicación de espacios específicamente diseñados para la consulta, la atención, la intervención y la curación de ciertos sectores de la población. Progresivamente se va a hacer más constante y sistemática la inspección, la revisión, la valoración, la medición, el diagnóstico, el tratamiento y el registro público de lo que ocurre en esos ámbitos.

Discurso médico, parto y nacimiento

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