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Medicina e intervención en lo social
ОглавлениеComo se ha señalado, el período investigado es un momento de creciente intervención estatal en la regulación de la vida social y económica, con su correlato en la expansión de los estamentos burocráticos. Junto con esto, la demanda de médicos ya no se concentra únicamente en los brotes epidémicos, sino que se corresponde con el mejoramiento de la salud física y moral de la población (Biernat y Ramaciotti, 2008). El naciente grupo médico se asocia –siempre con tensiones, presiones mutuas y confrontaciones– con los sectores dirigentes en el gobierno, a partir de la importancia temprana adquirida para el Estado del área de atención a la salud en general –y de las madres y futuras madres en particular– junto con la relevancia que logra el control higiénico de la población (González Leandri, 2000). De cara a la configuración de la cuestión social, aumenta la influencia del naciente entramado profesional, en especial del colectivo médico.
Estos profesionales comienzan a participar activamente en el complejo proceso de consolidación y adquisición de autonomía de determinados campos de saberes y prácticas específicas, bajo una doble e interconectada dimensión: la constitución del grupo profesional, por un lado, y la constitución del aparato estatal, por el otro. Los médicos, al instituirse como grupo, también construyen o colaboran en la creación de las dimensiones del Estado a las que se asocian (González Leandri, 2006). Así, ante la complejidad y heterogeneidad crecientes de la Buenos Aires de inicios de siglo XX, se integran a los estamentos superiores del Estado contribuyendo con la articulación de ideas y prácticas institucionales de gran aceptación a nivel internacional, a la vez que forman parte de unas incipientes redes profesionales, en pugna por el acceso a recursos materiales y simbólicos (Armus, 2000; Billorou, 2005; Hurtado y Souza, 2008).
El entramado gubernamental-profesional caracterizado por la articulación de intereses y acciones estimula la creación de instituciones y organismos específicos reforzando una sincronización. Esta concordancia permite la construcción de una relación entre el Estado y la profesión médica que a su vez posibilita el fortalecimiento simultáneo de cada uno (González Leandri, 2000). De esta forma, el Estado encuentra en el colectivo médico a un grupo profesional capaz de articularse de manera muy sólida con las políticas públicas consideradas necesarias para orientar, paliar y controlar los problemas de los sectores populares.
En la ciudad, los médicos higienistas, casi perfilados como una burocracia especializada, dialogando y compitiendo con otros actores en el ámbito político y religioso o legal, van a jugar un rol decisivo en la modernización del espacio urbano y las redes de asistencia, reforma y control social (Armus, 2002). En su práctica utilizarán estrategias como la persuasión y la educación, apuntando a divulgar entre la población un código higiénico que a mediano plazo logra una tremenda aceptación e impacto en la vida cotidiana.
En este entramado, una de las visiones que adquiere densidad es la que comprende a lo social como algo natural regido por leyes develadas y ocultas. Esta construcción empieza a enmarcar aquello que se intenta conocer y que en esos años comienza a llamarse sociedad, a la vez que orienta no solo la explicación, sino también nuevas formas de intervenir y de hacer sobre ese nuevo universo. La medicina va delineando las problemáticas sociales en las cuales intervenir.
En el caso de la obstetricia, esta noción se relaciona con la reivindicación de las intervenciones preventivas que los médicos asumen para sí en torno a la preservación de la comunidad. Se reconocen y explicitan las dimensiones sociales de ciertas enfermedades y la necesidad de unir atención médica con asistencia social, a la vez que se define un programa de acción de diversas agencias estatales y de numerosas organizaciones privadas en torno a la protección de la infancia, donde la mujer ocupa el lugar de agente y destinataria (Barrancos, 2008). Aparece una actitud exigente y autoritaria mediante la cual el Estado norma la conducta de las madres y donde se destaca el carácter imperativo e insoslayable que se les adjudica a las responsabilidades maternas.
Los médicos van a exigir un encuadre jurídico y político en torno a la maternidad más adecuado a sus propósitos, que son presentados como los fines de la sociedad y la nación. Al afirmar su autoridad en todos los aspectos del cuidado infantil, desde el inicio de su concepción, se lleva adelante un proceso de intervención profesional en la familia (Del Río Fortuna, 2007). En este marco, la regulación de la sexualidad y reproducción femeninas hicieron de los cuerpos de las mujeres unos objetos clave para la intervención sobre la cotidianeidad de la población.
En este sentido, autores como Jacques Donzelot (1990) han hecho referencia a estos procesos en términos de intromisión. El autor interpreta la intromisión pública en la familia como una política deliberada que permite a través de la observación, especialmente de las conductas familiares de la clase obrera, la implementación de estrategias de reorganización de la vida familiar a partir de los imperativos socioeconómicos (Dallorso, 2009). Donzelot le otorga a la medicina higienista un rol destacado, que opera no tanto mediante la moralización, sino a través de la normalización. Para el autor, la familia se encuentra en una aparente controversia, ya que, por un lado, las normas higienistas brindan a la vez mayor autonomía a la mujer-madre con respecto al poder patriarcal pero, por otro, aparece “cercada” por un conjunto de profesionales, concluyendo en un resultado paradójico de que el patriarcalismo familiar solo será destruido al precio de un patriarcado de Estado (Donzelot, 1990).
En estas transformaciones de las relaciones familiares, la posición de la madre se modifica. A partir del impulso que los médicos higienistas desarrollan para el cumplimiento de sus pautas, ellos le proporcionan a la madre un estatuto social como su aliada, asistente y ejecutora práctica, modificando su autoridad civil. Asimismo, la promoción de la mujer como madre, como educadora, como auxiliar del médico, servirá de punto de apoyo a las principales corrientes feministas del siglo XIX.