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IV. El Estado en el pensamiento moderno

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La Modernidad, que nace en el s. XVII contra los fanatismos y guerras de religión que habían durado un siglo (1525–1648), se va a basar, no en el derecho divino ni en el natural, sino en la teoría pactista, la misma de los epicúreos. HOBBES, lector de los epicúreos, dice que el “hombre es un depredador de los demás hombres”: homo homini lupus, en su obra Leviatán, y echa mano de la teoría del pacto como base de la sociedad15.

La idea fuerza de la modernidad europea es la del “pacto o consenso”; y esa idea se generaliza a todos los ámbitos: la autoridad política, la limitación de poderes del gobierno, la soberanía popular, las leyes, y hasta el mercado, etc. En la Edad Media la Escolástica había heredado el concepto de ley natural de Cicerón y la idea platónica de una sociedad estamental con su jerarquización tradicional a través de los oratores, bellatores, laboratores. La Modernidad sustituye la sociedad estamental y teocrática por el individualismo, la secularización y la razón instrumental.

Desaparecen los señoríos y los vasallajes, el dinero neutraliza o despersonaliza las relaciones sociales. Ahora es el ciudadano solo, no como cliente de ningún señor o grupo gremial, el sujeto de la acción política mediante la democracia del voto. Los cambios en la ciencia, tecnología, industria y urbanismo son un éxito, pero comportan también contraindicaciones: M. FOUCAULT, 1994, señala que ya en el s. XVII se estudia la economía de movimientos físicos para estandarizar el trabajo; y en Historia de la sexualidad, 2003, hace ver cómo el proceso civilizador trajo la represión del cuerpo.

La característica común de la Modernidad europea es el Liberalismo, que se basa en el individualismo y en la libertad. El sistema liberal organiza el Estado como un territorio y autoridad centralizados y únicos, con división de poderes: legislativo, judicial y ejecutivo; establece el estado de derecho y la igualdad; la autoridad política se legitima por el consenso, que se deja ver a través de elecciones y votaciones. Declara el imperio de la ley. Se presupone que la razón es compartida por todos los humanos y en todos los ámbitos, incluso en la religión, que se sitúa “dentro de los límites de la razón” (KANT): no milagros, no providencia, no revelación. Un deísmo parecido al de los epicúreos, que aunque respetaban y asistían a las prácticas religiosas propias de su cultura, tenían una idea de piedad que consistía en adorar a los dioses como proyección de las cualidades que nos faltan: la felicidad, la inteligencia o buen sentido, y la inmortalidad, aquellas cualidades cuya carencia más le duele a la humanidad.

Desde el punto de vista económico sigue el Liberalismo el lema “laissez faire laissez paser”, e. d. la mínima intervención del Estado en la promoción de la riqueza: la propiedad privada y la explotación de la riqueza buscando los máximos rendimientos y su acumulación en un progreso continuo gracias al comercio.

Campeones del liberalismo y de la actitud ilustrada y tolerante en la Modernidad serán LOCKE, KANT, La Ilustración escocesa: SMITH y HUME, los enciclopedistas, BAYLE, ROUSSEAU, etc.

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