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INFORME PISA EN ADOLESCENTES. ¿SOLO CABEZAS?

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Recientemente (2014), el último informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), centrado en la competencia matemática, lectora y científica de los alumnos, ha situado al Estado español por debajo de la media de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en los exámenes que tratan de medir las capacidades de los alumnos de quince años.

Por su parte, los adolescentes asiáticos son los que han logrado las mejores puntuaciones: 119 puntos de diferencia con la media y 129 con respecto al Estado español, puntuaciones que representan una ventaja de tres años de escolarización.

Los resultados asiáticos son impactantes. Pero ¿a costa de qué y de quién?

Probablemente, muchos padres y profesores que han leído este informe estarán preocupados por los resultados finales. Sin embargo, también sería deseable valorar la existencia de otros factores que no se evalúan en el informe PISA o en otros informes evaluativos, y que no son de menor importancia.

Reflexionemos juntos:

¿Qué factores determinan que los chinos logren estos resultados?

Los adolescentes del sistema educativo chino dedican todo el día al estudio reglado y extraescolar. Desde las siete y media de la mañana hasta las diez de la noche, la actividad «educativa» es prácticamente continua, restando tiempo a un área fundamental en la adolescencia como es la vida social entre iguales.

Todos sabemos que, salvo excepciones, un adolescente, inmerso y gobernado por las fluctuaciones del sistema límbico a nivel emocional y de los correspondientes cambios hormonales en esta etapa del desarrollo, es muy probable que se resista a llevar semejante ritmo de estudio día tras día, salvo que esté incorporado a su vida desde mucho tiempo atrás.

¿Cuándo comienza la carrera competitiva?

Tal y como analiza Xu Anqi, profesor de la Universidad de Sociología de Fudan, en El País (4/12/2013), «es evidente que los resultados son muy positivos, pero también es cierto que la presión y la competitividad a la que están sometidos los alumnos desde muy pequeños pueden tener efectos negativos en su socialización y en su desarrollo humano, apartados que no analiza el informe PISA».

De hecho, según la Academia de Ciencias Sociales de China, unas 250.000 personas se quitan la vida cada año. No solo eso, sino que en una encuesta realizada en 2008, el 17 % de los estudiantes de secundaria (en la ciudad de Foshan) había contemplado alguna vez la posibilidad de acabar con su vida.

¿Hacia dónde y a costa de qué, y de quién, queremos dirigir a los adolescentes y niños pequeños?

¿Queremos crear genios del intelecto? ¿Cabezas sin corazón? ¿Autómatas que repitan conceptos memorizados sin comprensión integrada ni aproximación a su propia experiencia vital, privados de actitud crítica ante el aprendizaje impuesto? ¿Meros receptores de un conocimiento externo, que ostenta el «saber» no siempre actualizado ni vivo?

Quizá para muchas personas, en este mundo en que vivimos, no haya otra salida que subirse al carro de la robótica y la competitividad.

Educar sin miedo a escuchar

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