Читать книгу La poli, la convicta, la gánster y la ladrona - Candice Fox - Страница 10
ОглавлениеEstimado John:
Me llamo Dayly Lawlor. No me conoces, pero si tienes buena memoria es posible que te suene mi apellido. Hace una semana estaba en mi apartamento, viendo las noticias con mi madre, y hablaron de que habían descubierto tres millones de dólares en unas maletas enterradas en el desierto de Pasadena. Creo que fueron unos obreros los que las encontraron. La verdad es que no sé por qué avisaron a la policía y no se quedaron con el dinero. En la noticia decían que es probable que el dinero perteneciera a un recluso que hay en el corredor de la muerte de San Quintín, a John Fishwick, que lo enterró allí para mantenerlo a salvo antes de que lo arrestaran. Algunos de los criminólogos a los que llevaron al programa se mostraron de acuerdo. Yo no había oído hablar de ti, pero mi madre se rio y me contó que os habíais acostado durante una temporada hace ya algún tiempo. Si te soy sincera, recordaba exactamente cuándo había sido: hacía veinte años. Cumplo los diecinueve en febrero.
Es muy probable que estés acostumbrado a recibir cartas de personas que no conoces, de tarados y raritos que quieren saber los detalles de tus crímenes. También he escrito a un par de personas más con las que mi madre me ha dicho que estuvo saliendo en la época en la que me concibió, dos de las cuales se encuentran en la cárcel, igual que tú. Mi madre siempre ha sido complicada. Empezó a enamorarse de la gente equivocada ya desde muy joven, esa es la impresión que tengo. Es una adicta que me entregó en adopción cuando aún no había cumplido los veinte años. No tengo muy claro qué siento por ella, pero tampoco quiero aburrirte con esas chorradas. Me pregunto si la recuerdas. Seguro que tú también te has movido con mucha gente chunga. En aquella época, tú estabas en lo más álgido de tu carrera. Fue poco antes de lo de Inglewood. Mi madre dice que llegabas a las fiestas y tirabas billetes, y que, después, no tardabas en irte, antes de que la policía llegara. Supongo que entiendo que se sintiera atraída por ti. Es muy probable que la gente te viera como una especie de Robin Hood. Antes de seguir, no obstante, quiero decirte que no entiendo en absoluto por qué hiciste todo aquello el 11 de mayo del 2001 en el Chase Bank de Inglewood. He leído todo lo que hay publicado acerca de ti y lo de esa masacre; además de que, hoy en día, en Internet, se pueden encontrar todas las fotografías, las imágenes más horripilantes, si uno navega donde no debe.
Pero no te escribo para preguntarte sobre tus crímenes. Estoy segura de que estás hasta el gorro de eso. Te escribo para ver si te acuerdas de Emily Lawlor, a la que algunos llamaban «Sneak». ¿Es verdad que estuvisteis juntos por esa época? ¿Alguna vez se ha puesto en contacto contigo para decirte que podrías ser mi padre? ¿Habéis estado en contacto a lo largo de estos años?
Acabo de darme cuenta de que aún no te he contado nada sobre mí, aunque no sé si estarás interesado en conocerme. Se me hace raro pensar que yo sienta interés por ti y que tú nunca hayas mostrado curiosidad por conocerme. Vivo en Toluca Lake, cerca de los estudios. Por aquí, los alquileres son baratos, que es por lo que viene mucha gente que quiere dedicarse a la interpretación, como mi compañera de piso. Asisto a un centro de estudios superiores donde estudio los animales y, cuando pueda, me gustaría dedicarme a rescatarlos y rehabilitarlos. Ahora mismo estoy criando una taltuza de Botta muy joven, aunque no sé si habrás oído hablar de estos animales. Son habituales en el noroeste del país. En Texas también hay muchas. Cuando la encontré, la habían envenenado. Es un animal muy dulce. Creo que se trata de un macho, pero es muy complicado determinarlo. Hace un par de meses tuve una paloma que encontré en la autopista de Ventura. Había chocado contra un coche. Por suerte, se recuperó rápido... porque a mi compañera de piso le daba mucho asco tener una paloma en casa. Estaba convencida de que le iba a pasar piojos. Mi vida tiene algunas partes más tristes. No soy una santa, pero de eso ya te hablaré en caso de que me respondas.
Te envío una foto en la que salimos la taltuza y yo. La llamo Pockets. Apenas he encontrado información en Internet sobre si se pueden enviar fotografías a los reclusos del corredor de la muerte de San Quintín, pero deseo que te llegue.
Un saludo. Espero tener noticias tuyas.
DAYLY