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Contribución del antebrazo
a la propulsión en la natación

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Hasta ahora, me he concentrado casi exclusivamente en las fuerzas de propulsión producidas por la mano. Creo que el antebrazo y quizá la parte superior del brazo son superficies propulsoras efectivas que en gran parte se han ignorado. Sin embargo, algunos investigadores han estudiado la efectividad propulsora del antebrazo; entre ellos, una investigadora llamada Cappaert (1992) afirmó que la fuerza media de arrastre producida por el conjunto de antebrazo y mano en todos los ángulos de ataque estudiados era aproximadamente un 50% mayor que las producidas por la mano sólo. Aunque menores que las fuerzas de arrastre, las fuerzas de sustentación eran, sin embargo, más del 100% mayores para los conjuntos de antebrazo y mano que para la mano sólo. Se presenta un gráfico de estos resultados en la figura 1.25.

Los datos presentados en esta figura son los resultados de las mediciones que hizo Cappaert de su modelo de la mano con una velocidad de agua de 2 m/s y su modelo del antebrazo con una velocidad de agua de 1,5 m/s. Lo hizo así para que la fuerza combinada de los modelos de antebrazo y mano fuese más parecida a la natación real. Como se mencionó anteriormente, estas dos partes del miembro se desplazan a velocidades diferentes durante la natación real, con la mano moviéndose a más velocidad que el antebrazo. Dado que el brazo y la mano rotan en torno a la articulación del hombro, la velocidad lineal de la mano será mayor que la del antebrazo sencillamente porque la mano está más lejos del centro de rotación.


Figura 1.25. Una comparación de las fuerzas de sustentación y arrastre producidas por un modelo de escayola de la mano y de un modelo de escayola de la mano y del antebrazo de un nadador.

Adaptada de Cappaert, 1992.

Cuando la fuerza de arrastre producida por el modelo del antebrazo con una velocidad de agua de 1,5 m/s se añadió a la fuerza de arrastre producida por el modelo de la mano con una velocidad de agua de 2 m/s, la fuerza de arrastre combinada aumentó en casi un 50%, desde 17,5 N para la mano sola hasta un total de 26,2 N para el antebrazo y la mano combinados. Las fuerzas de sustentación aumentaron en más del 100% desde 3,1 N para la mano sola hasta 6,3 N para el antebrazo y la mano. Cappaert concluyó lo siguiente: “La mano y el antebrazo trabajando juntos durante la trayectoria del tirón tienen un mayor potencial para generar fuerzas que la mano sola.”

Bixler (1999) comparó los coeficientes de sustentación y de arrastre para su modelo computerizado de la mano y del brazo, y sus resultados también sugieren que el antebrazo contribuye de forma significativa a la fuerza propulsora total durante la brazada. Utilizando una velocidad de 2,0 m/s para la mano y 1,5 m/s para el brazo, la fuerza propulsora producida por su modelo estaba alrededor de 50 a 60 N con los ángulos de brazada y ángulos de ataque de la mano utilizados con más frecuencia por los buenos nadadores. Las fuerzas propulsoras de la mano estaban entre 35 y 43 N con los mismos ángulos de brazada y de ataque. Por lo tanto, añadir el antebrazo al modelo pareció aumentar la fuerza propulsora en aproximadamente un 27% sobre la cantidad producida por la mano sola. Calculó estas fuerzas para ángulos de brazada de entre 45º y 60º y ángulos de ataque de las manos de entre 60º y 75º en los movimientos de brazada dirigidos tanto hacia dentro como hacia fuera.

Schleihauf (1984) también presentó datos sobre la contribución del antebrazo a la propulsión en el estilo libre. Sus resultados se basaron en los cálculos matemáticos de la fuerza propulsora producida por las manos y los antebrazos de nadadores reales. Mostraron que, en el estilo libre, los antebrazos produjeron una cantidad significativa de fuerza propulsora durante la fase mediana de la brazada subacuática cuando los nadadores traían las manos hacia dentro por debajo de sus cuerpos y luego empezaban a moverlas hacia fuera y hacia arriba. La fuerza propulsora efectiva producida por los antebrazos rondaba los 15 N durante la mayor parte de este período. Las manos estaban produciendo aproximadamente 50 N de fuerza propulsora efectiva durante la misma fase, de manera que los antebrazos contribuían aproximadamente un 23% a la fuerza propulsora total.

De hecho, los resultados de estos tres estudios son académicos, es decir, no reflejan las verdaderas diferencias entre las velocidades de la mano y del antebrazo en la natación real. Cuando se impulsa el agua para que fluya alrededor de modelos de manos y brazos que están suspendidos en canales o simulados por ordenador, su velocidad será la misma en todos los puntos de los modelos. Será igual cuando se empuja el modelo de una mano o un brazo por el agua a una velocidad constante. Sin embargo, en la natación real, la velocidad del antebrazo y, en menor grado la mano, varía a lo largo de su longitud, según la distancia del hombro a un segmento particular. En otras palabras, en la natación real la parte inferior del antebrazo estaría desplazándose a una menor velocidad que la mano, pero más rápidamente que la parte media y superior del mismo. Como consecuencia, los cálculos que implican el uso de una velocidad para todas las partes de la mano y otra velocidad, arbitrariamente más lenta, para todos los segmentos del antebrazo evidentemente no serán totalmente exactos. Por lo tanto no es de extrañar que las estimaciones que hicieron estos tres investigadores acerca de la contribución propulsora del antebrazo difieran tanto.

Independientemente de este hecho, los resultados de los tres estudios sí que indican que el antebrazo puede contribuir de manera significativa a la fuerza propulsora total que los nadadores crean durante las brazadas. Si suponemos que la diferencia entre la velocidad de la parte de la mano que se desplaza con más rapidez (las yemas de los dedos) y la parte que se desplaza con más lentitud del antebrazo (cerca del codo) era aproximadamente 0,5 m/s, el antebrazo estaría contribuyendo alrededor del 27% (según los cálculos de Bixler) y 38% o más (según los cálculos de Cappaert) a la fuerza propulsora total de la brazada.

Desafortunadamente, no podemos calcular la contribución real del antebrazo en la propulsión en la natación hasta que se haga una investigación en la que se midan la fuerza propulsora de la mano y la del antebrazo según la relación complicada que existe entre sus diferentes velocidades. En ausencia de una investigación de este tipo, los resultados de estos tres estudios sugieren claramente que el antebrazo puede contribuir con mucho a la fuerza propulsora total producida por los nadadores con sus brazadas, aunque el valor exacto de esa contribución nos es desconocido en este momento.

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