Читать книгу Historia del trabajo y la lucha político-sindical en chile - Gabriel Salazar Vergara - Страница 7
Introducción
ОглавлениеDesde 1600 hasta 1931, el pueblo mestizo chileno no estuvo regulado por ley alguna, ni para trabajar ni para vivir. El Rey de España estimó que los mestizos –hijos mayoritariamente ‘huachos’ de español y mujer indígena– eran «hijos del pecado» y por tanto la ley, que en sí ‘era’ virtuosa, no era posible dictarla para viciosos... Por esa razón, los mestizos devinieron en una población «infame», marginal, «sospechosa» y por tanto en una amenaza para la paz colonial del Imperio… El surgimiento de la República de Chile no alteró esa situación… En realidad, la agudizó
Mientras el sistema laboral de encomienda –aplicable sólo al pueblo mapuche– pudo funcionar (se extinguió alrededor de 1800), el pueblo mestizo fue escasa e informalmente enganchado para trabajar. Por eso, al principio, vivió como una masa dispersa de individuos vagabundos, «afuerinos». Y cuando se les enganchó para trabajar, el enganche no se rigió por ley ni reglamento alguno: fue sólo un ‘arreglo’ verbal, informal, que se llamó «conchabamiento» (unir, juntar, contratar), un pacto bilateral que, en los hechos, fue la imposición irrestricta de la voluntad y el interés privado del patrón... Esta práctica, que se extendió a lo largo del tiempo y el territorio, produjo la aparición de múltiples formas laborales semiesclavistas.
Y desde que aumentó la exportación de trigo y cobre al Virreinato del Perú (hacia 1730), el ‘conchabamiento’ de trabajadores mestizos se multiplicó tanto, que se convirtió en la forma laboral dominante en Chile, desde entonces hasta 1931… Fueron, pues, dos siglos de semiesclavitud… En las haciendas trigueras, tomó forma de «inquilinaje», complementado con diversas formas de «peonaje». En la explotación minera combinó formas de «pirquineraje» y «peonaje». Y en las ciudades, múltiples formas de «peón-gañán a jornal» y «servidumbre doméstica».
Sólo el mestizo que emprendió un trabajo independiente como micro-empresario pudo escapar, parcialmente, del «conchabamiento»: fue el caso de los labradores libres, los cateadores, los artesanos, los «maritateros», los chacareros, los vendedores ambulantes («regatones»), las «chinganeras» y… el bandidaje. Pero, a mediano plazo, terminaron todos ellos expoliados por la acción usurera de comerciantes y prestamistas («habilitadores»); acosados por diezmeros, clérigos e inspectores municipales, y atrapados o baleados por la gendarmería y el ejército.
Sólo en 1931, con el Código del Trabajo (liberal e ilegítimo), el «conchabamiento» entró en una fase temporal de aparente extinción.