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2.2.3. El ángulo interno y externo

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Christopher Ash es un predicador británico que compara panorámicas bíblicas con fotos de una misma escena tomadas desde diferentes ángulos. ¿Cómo se puede capturar la grandeza de una majestuosa cordillera con una única imagen bidimensional? Es imposible. Pero al observar diferentes fotos de esas montañas, uno puede por lo menos tener una idea de cómo son. De la misma manera, Ash sugiere que necesitamos mirar la Biblia desde diferentes ángulos para tener una percepción de su majestad.[9]

Ash se ha dado cuenta de que la Biblia es una secuencia de separaciones y reencuentros humanos, siendo el pecado la raíz de la división, y la reconciliación divina la única forma del reencuentro. Este es un tema muy relevante para nuestro mundo contemporáneo. Allá donde vivamos nuestros periódicos están llenos de conflictos, en los hogares, entre razas y grupos étnicos, y a través de las fronteras.

Al estudiar las ideas de Ash, se me ocurrió que también la geografía a menudo tiene una importancia significativa en la Biblia. Cuando Dios reúne a su pueblo, lo hace en un lugar particular (prometido previamente). Cuando las cosas van mal, son expulsados de aquel lugar. Esto hace que la historia se sienta un poco como las olas del mar, entrando, saliendo y entrando de nuevo. Así como las mareas de la tierra son causadas por la atracción gravitacional de la luna, los movimientos del pueblo del evangelio dependen del Dios soberano.

Presentando la historia de la Biblia como lo ilustra la tabla que aparece a continuación, podemos observar una serie de detalles en primer plano.

 La perspectiva es ponernos en el lugar de Dios (columna de la izquierda). Cada etapa es en cierto modo una expansión de la anterior, y cada una está también anticipando la siguiente. Pero la historia nunca está completa hasta que alcancemos la última etapa, en la nueva Jerusalén. Esto encaja perfectamente con lo que el autor de Hebreos dijo acerca de Abraham y los otros creyentes del antiguo pacto que no confundieran las dimesiones territoriales de la tierra con lo que Dios estaba finalmente prometiendo.Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad.--Heb. 11:16

 También apunta a la obra de Dios más allá de las fronteras de los lugares prometidos (columna de la derecha). Adán y Eva todavía experimentan su gracia después de su exclusión (Gn 3:15 y 3:21) como lo hacen otros en el exilio. Algunos de los héroes de la fe más grandes del Antiguo Testamento fueron usados por Dios precisamente en los tiempos difíciles cuando las personas estaban en el lugar equivocado (piensa en Moisés, Daniel, la reina Ester). Más significativamente, la última casilla a la derecha (la número 8) recuerda al cristiano contemporáneo cómo debemos vernos. Aunque tengamos muchas bendiciones del reino, existen muchos aspectos que nos recuerdan que no pertenecemos a este mundo, o como lo expresa Pedro, somos ‘extranjeros’ que están ‘dispersos’.

Cada uno de estos ángulos de la historia de la Biblia es compatible con los otros. Mientras que el ángulo del pacto se enfoca en el gobierno de Dios, el ángulo del reino se enfoca en el pueblo de Dios y el ángulo interno y externo destaca el lugar de Dios.

Observando la historia de la Biblia desde esta perspectiva contrarresta la mentalidad individualista que se está filtrando en muchas iglesias, una manera de pensar que reduce el ser cristiano a una cuestión de uno mismo “a solas con Dios”. Pero eso es absurdo, así como egocéntrico. Yo no soy el centro del universo- es solamente mi pecado el que me engaña y me hace creer eso. La obra de salvación de Dios tiene que ver con la restauración del cosmos. Es solamente por su gracia que tenemos parte en esto.

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