Читать книгу Lo que los angeles anhelan leer - Mark Meynell - Страница 18
ОглавлениеCapítulo 2
Los desafíos al predicar los Evangelios
Si amamos y seguimos a Cristo, es natural que amemos los evangelios. Sin embargo, a muchos de nosotros nos cuesta predicarlos bien. Hay diferentes razones por las que son algo complicados.
1. Son muy familiares
¿Alguna vez has ido a la cocina o a un dormitorio para buscar algo? - ¿tal vez era una bolsita de té o un par de calcetines limpios? Abres el armario o cajones y miras adentro, pero no lo encuentras en ninguna parte. Así que llamas a tu esposa, ella entra y lo encuentra inmediatamente, en el lugar en el que lo estabas buscando. Tú simplemente no lo viste. Tal vez buscabas un paquete diferente u olvidaste el color y no lo hacías con la atención necesaria. Porque estás tan familiarizado con el lugar, que no ves los detalles con detenimiento.
Lo mismo ocurre con los evangelios. Nos sentimos más que familiarizados con ellos. Por ejemplo, conocemos tan bien la historia de las tentaciones de Jesús en el desierto o la parábola del buen samaritano- que de hecho, podríamos esbozar el esquema del sermón sin siquiera abrir la Biblia¡ Pero eso es peligroso porque puede conducirnos a interpretaciones raras y equívocas. Tal vez nos acordamos a medias del relato de Mateo sobre las tentaciones, sin darnos cuenta de que es sutilmente diferente al de Lucas. El resultado es que perdemos completamente el énfasis que Lucas quiso dar cuando predicamos desde su evangelio. Mucho del poder de su historia se pierde. Lo mismo ocurre al revés cuando predicamos desde Mateo.
En los siguientes dos capítulos de este libro, mi propósito es desinflar la idea de que conoces los evangelios y probar que los evangelios son a menudo más raros y sorprendentes de lo que creemos o suponemos.
El peligro de un exceso de familiaridad: nuestras predicaciones pierden el objetivo principal.
2. Tratar los Evangelios como cuentos morales
Cada cultura tiene cuentos populares e historias infantiles que pasan de generación a generación. Hablan de grandes héroes del pasado, o de gente común y corriente superando situaciones terribles, o de animales que hablan y actúan de maneras sorprendentes- lo cual las convierte en historias perfectas para la hora de acostarse. La clave acerca de ellas, en realidad, es que ilustran lecciones de vida muy importantes. Por ejemplo, considera la clásica historia del antiguo narrador griego Esopo, la carrera entre la tortuga y la liebre. Porque las liebres son rápidas y las tortugas son lentas, la liebre da por sentado que puede ganar la carrera fácilmente. Así que se detiene a hacer una siesta a mitad de la carrera. Desafortunadamente, despierta tarde y ve como la tortuga cruza la meta antes que él. La lección está clara: nunca subestimes a tus oponentes o seas complaciente con tu propia superioridad. Ese es el tipo de lección que esperarías de un cuento con moraleja.
Ahora, como predicadores responsables todos anhelamos que nuestros hermanos y hermanas crezcan en madurez y tomen decisiones sabias. Así que en nuestros sermones y estudios en grupos queremos abordar problemas específicos que nos preocupan. A veces, esto nos conduce a identificar pasajes apropiados para estudiar y predicar sobre ellos. Pero esto puede llevar a lo que podríamos llamar la impaciencia del predicador. Nos lleva a correr y apresurarnos para llegar a la aplicación, así que tomamos atajos a la hora de estudiar el texto bíblico. El resultado es similar a lo que ocurre cuando estamos demasiado familiarizados con los evangelios. El objetivo del narrador al contar la historia queda eclipsado por nuestras propias presuposiciones en la predicación, aún no deseando que eso sucediera.
Por supuesto, que el mayor desafío que las historias de la Biblia presentan tiene que ver con: ¿Cómo deberíamos aplicarlas en primer lugar? ¿Estas historias se nos narran para que nos muestren principalmente ejemplos a seguir o evitar? ¿Son cuentos morales divinos, indicados para mostrarnos cómo ser buenos niños y niñas?
Considera este ejemplo:
Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. | ||
--Mc. 1:35 |
¿Por qué Marcos nos da este detalle? ¿Estará tratando de decirnos que deberíamos tener nuestro devocional antes del amanecer? ¿Pero qué pasa si tú, como yo, eres una persona de ritmos nocturnos, y no diurnos? ¿El motivo principal de Marcos era describir el horario de Jesús?
El contexto nos va a ayudar aquí. En la siguiente sección, Marcos nos da una idea de la enorme demanda de tiempo que Jesús experimentaba. ¿Podría ser que este tiempo de oración temprano ayudara a Jesús a priorizar lo que era necesario para el cumplimiento de su misión? ¿No sería más probable que la intención de Marcos fuera enseñarnos que siempre es sabio orar antes de tomar decisiones importantes o difíciles? ¿ Significaría esto que debemos levantarnos temprano para orar?
Seguramente nosotros estaremos en un terreno más seguro para responder a esa cuestión si comenzamos preguntándonos por qué Jesús se levantó tan temprano.
Este punto es aún más claro cuando observamos las tentaciones de Jesús en el desierto. Mateo nos dice que el diablo trató de tentarlo con tres desafíos específicos:
Convertir las piedras en pan (4:3)
Tirarse de la cúpula del templo para ser rescatado por ángeles (4:6)
Adorar al diablo a cambio de poder global (4:9)
A cada una de estas tentaciones Jesús respondió con una cita de Deuteronomio 6 o 8. Pero, de nuevo, ¿porque se nos dice esto? ¿Es acaso primordialmente un modelo sobre cómo lidiar con la tentación?
Nadie niega que citar las Escrituras cuando estamos siendo tentados es sabio. ¿Pero no crees que este texto hace referencia a aspectos únicos en las tentaciones de Jesús? No he conocido a nadie que haya batallado con estas tentaciones tan específicas. ¿Nos ayudaría recordar que aquí el diablo está tratando de desviar a Jesús de la misión encomendada por Dios de morir en la cruz, y de esta manera, sabotear su fidelidad al Padre? Ese era el tipo de cosa que el diablo había hecho con éxito cuando tentó al pueblo de Israel mientras vagaban en el desierto después del éxodo de Egipto. Por eso, Jesús contraataca citando el sermón de Moisés en Deuteronomio. ¡Hay mucho más significado aquí, que la provisión de un modelo de conducta!
Reducir las historias de la Biblia a cuentos morales producirá dos resultados desafortunados: Primeramente, dormiremos a la gente. Eso hará que nuestros sermones sean predecibles. Nuestra congregación podrá anticipar nuestra aplicación desde lejos. ¡De hecho, algunos miembros de nuestra congregación serán capaces de anticipar exactamente lo que se dirá nada más que la lectura sea anunciada! Y como podemos comprobar, pocas historias de los evangelios fueron escritas primordialmente para decirnos que debemos hacer. El objetivo más frecuente es que Jesús nos amplie nuestra visión.
Una consecuencia mucho más seria de reducir el evangelio a cuentos morales es menospreciar el evangelio. Ninguno de nosotros quiere hacer eso, pero nos puede pasar fácilmente. ¿Qué se lleva la gente de nuestros sermones semana tras semana? ¿Son buenas noticias? ¿O una lista de normas?
Si tratamos las narraciones de los evangelios como cuentos morales, entonces una serie de sermones sobre Mateo lo que nos proporcionará principalmente será una lista de normas. Llegaremos a dar por sentado que lo que Dios quiere de nosotros es que seamos perfectos, santos, devotos y religiosos. Creeremos que la medida del cristiano depende de cuánto dinero ofrendemos, cuántas oraciones hacemos, cuán buenos hemos llegado a ser, etc. Todas estas son buenas cosas, como Jesús lo deja claro en el sermón del monte. Pero cuando reducimos el evangelio a normas perdemos su maravilloso contenido, y, de hecho, perdemos el objetivo que Mateo quería comunicar. La Biblia es un mensaje de gracia de principio a fin. El evangelio nos presenta a Jesús rescatándonos de nuestros fracasos, no se trata de una serie de mandamientos para que seamos mejores. Cuando la Biblia nos llama a ser santos, es siempre como respuesta a ese rescate. Cualquier mensaje que sugiera algo diferente no es cristianismo, sino una religión basada en obras.
El peligro de moralizar las narrativas: nuestros sermones se vuelven aburridos y legalistas.
3. Tratar los Evangelios como mensajes codificados
Si no deberíamos moralizar las historias del evangelio: ¿qué deberíamos hacer con ellas? A menos que tengamos cuidado, podríamos irnos al otro extremo y buscar una historia con significados ocultos. Tratándolas como alegorías.
¿Te acuerdas de la película del 2006 El Código Da Vinci? Sugería que el hermoso cuadro de Leonardo Da Vinci, la última cena, era un mensaje en código sobre la vida de Jesús, en vez de una representación de un importante evento en los evangelios. Tanto el libro como la película fueron controversiales por sus absurdas afirmaciones. Es fácil despreciar la película, pero la manera alegórica en que algunos pastores manejan los evangelios, sugiere que ellos también se ven como expertos descifradores de códigos.
Las alegorías son esencialmente historias escritas con una cierta clase de código. El propósito puede ser intrigar a los lectores o comunicar un mensaje mientras se protege a los que están en peligro. Sea cual fuera la razón, el verdadero significado de la historia yace bajo la superficie. Cada detalle es un símbolo de algo más.
Como consecuencia, el trabajo del intérprete consiste en explicar los símbolos, en descubrir sus significados ocultos. Quizás esto sea más común con las historias del Antiguo Testamento. La historia de David y Goliat se interpreta principalmente para animarnos a luchar contra "los gigantes en tu vida" con las piedras lisas de David (como si estas tal vez representasen diferentes virtudes y dones cristianos). Algo parecido también puede pasar con las historias del Nuevo Testamento, como la alimentación de los cinco mil, interpretándose el número de peces y de panes como de alguna manera simbólico.
Claro que esto hace que el predicador parezca más inteligente e impresione a su audiencia (tal vez por esto algunas personas lo hacen). Pero muy a menudo, no hay nada que controle la imaginación creativa del intérprete. Como resultado, la interpretación tiene muy poco que ver con el pasaje original. Otro efecto secundario es que los que están escuchando un sermón alegórico suponen que entender la Biblia es propiedad exclusiva del cristiano verdaderamente espiritual o profesional. Eso es desastroso.
La Biblia sin lugar a dudas contiene alegorías (consideraremos algunos ejemplos en los próximos capítulos). Pero antes de tratar las historias de los evangelios como alegóricas, tenemos que primeramente establecer si esa fue la intención de los autores. Si no lo fue- y no hay evidencia de que así fuera- entonces no debemos tratarlas como tales.
El peligro de alegorizar: nuestros sermones pierden totalmente su fundamento bíblico.
En vez de pasar nuestro tiempo buscando significados ocultos, deberíamos poner toda nuestra atención a los significados aparentes, tal como los autores de los evangelios los comunican. Garantizo que eso proveerá suficiente material para predicar. Para obtener ayuda con eso, ¡sigue leyendo!