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Prólogo
ОглавлениеPor supuesto, ni Jesús ni Pablo hicieron lo que este libro pretende hacer para sus lectores. Nunca predicaron del Nuevo Testamento. Nunca lo leyeron tampoco (aunque podamos pensar que Pablo releyó sus cartas dictadas antes de enviarlas, y a veces quizá quisiéramos que, en ciertos lugares, las hubiera editado más a fondo). Aunque parece un pensamiento inusual, creo que vale la pena considerarlo por un momento.
Cuando leemos, predicamos y enseñamos desde el Antiguo Testamento, estamos manejando lo que Jesús y Pablo (y todos los apóstoles) sabían con gran profundidad. Tenemos la garantía de que esas Escrituras hablan con autoridad, fueron inspiradas por Dios, escritas para nuestro aprendizaje, provechosas para la instrucción, corrección y enseñanza en justicia, etcétera. Seguimos las claves hermenéuticas de Jesús tras su resurrección en Lucas 24, o por lo menos el patrón de estas, en toda la ley, los profetas y los salmos. Ponemos lo mejor de nosotros para desentrañar la exegesis de Pablo y nos encanta la manera en la que él percibe toda la historia de Dios e Israel en el Antiguo Testamento recapitulada y cumplida en Cristo y que ahora está siendo ampliada a todas las naciones, hacia donde siempre se había dirigido. Dado la significativa proporción de la exposición del Antiguo Testamento en el Nuevo, uno creería que tenemos toda la motivación y buenos modelos de predicación para nosotros mismos. Pero el hecho de que muchos predicadores no saben cómo o encuentran difícil predicar desde el Antiguo Testamento, justifica necesariamente la edición de este libro, como la del mío, Cómo Predicar desde el Antiguo Testamento.[1]
Sin embargo, a pesar de que no vemos a Jesús o a Pablo predicar desde lo que ahora llamamos Nuevo Testamento, ciertamente vemos en ellos algunos modelos maravillosos de comunicación para diversas audiencias. Como este libro hace hermosamente claro, Jesús era un magnífico predicador, profesor, narrador- un comunicador con enorme habilidad y poder. Y Lucas se aseguró de que podamos ver y oír algunos ejemplos clásicos de Pablo predicando, ya sea exponiendo las Escrituras a los judíos, o predicando el mensaje y la verdad de las Escrituras, sin necesariamente citarlas, a los gentiles.
Pero no solo nos proporcionan modelos. Aunque no predicaron del Nuevo Testamento (porque no pudieron), tanto Jesús como Pablo mandaron a sus discípulos a predicar y enseñar lo que eventualmente se convirtió en el Nuevo Testamento. La comisión de Jesús especifica que la tarea de hacer discípulos incluye ‘enseñándoles a obedecer todo lo que yo os he encomendado.’ Y el legado de todo lo que Jesús hizo, enseñó y mandó, se nos ha confiado en los cuatro Evangelios. La pura obediencia misional debe llevarnos a predicar los Evangelios.
Y Pablo instruye a Timoteo a tomar todo lo que de él había aprendido (lo que incluiría el contenido de lo que ahora tenemos en sus cartas) y confiárselo a aquellos que fielmente lo compartirían con otros- por lo tanto, la tarea de predicar las epístolas es, al menos en principio, mandada por Pablo mismo. De manera que, por su ejemplo e instrucción, Jesús y Pablo nos llaman a hacer lo que ellos nunca hicieron- predicar y enseñar esa colección de escritos inspirados que ahora tenemos el privilegio de denominar Nuevo Testamento.
¿Pero por qué deberíamos hacerlo? Quizá la respuesta más concisa a esto, apropiada para un libro de la serie de Recursos de Predicación Langham, sea recordar la ‘lógica Langham’ que es un legado del fundador de Langham Partnership, John Stott. Tenemos tres convicciones bíblicas y una conclusión ineludible, el diría:
Primero, Dios quiere que su iglesia madure- no solamente que crezca. Eso quiere decir, Dios quiere que su iglesia crezca en madurez en Cristo.
Segundo, la iglesia crece a través de la palabra de Dios. Cuando a la iglesia se le alimenta con la palabra, esta crecerá en profundidad y madurez. Cuando no es así, fácilmente caerá en el error o morirá.
Tercero, la Palabra de Dios llega a su pueblo principalmente por medio de la predicación. Aunque puede que haya otras maneras en las que los cristianos puedan estudiar la palabra por sí mismos, para muchos creyentes la única forma en la que se alimentan de la Palabra de Dios es cuando alguien más abre la palabra y la predica.
Si estas tres cosas son ciertas, John Stott diría, entonces la pregunta lógica seria: ¿Qué podemos hacer para mejorar el nivel de la predicación bíblica?
Ese es el objetivo de los tres programas Langham (TDP en España), y el libro de Mark Meynell jugará sin duda un papel muy significativo para elevar el nivel de la predicación del Nuevo Testamento.
Es con gran gozo y gratitud que doy la bienvenida a este libro, como una guía fiel, relevante y como un feliz acompañante de mi propio libro.
Chris Wright
Director Ministerios Internacionales
Sociedad Langham
[1] Christopher J. H. Wright, Cómo Predicar desde el Antiguo Testamento (Lima: Ediciones Puma, 2016).