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VI. LOS CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA DE LAS FAMILIAS

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Desde su mirada integral, Cuevas (2000b, 2007a) examina la aproximación de la teoría económica al estudio del afecto y la familia. Los acercamientos de Cuevas a esta temática se enmarcan en su progresiva asimilación de los debates de la economía institucional.

Sandoval, Riaño y Barrera comienzan con una breve presentación de la forma como Cuevas concibe el tema de la familia, y subrayan su enfoque interdisciplinar. Después muestran que la familia está cambiando de forma permanente. No solo en términos demográficos, sino en sus valores y en el papel que se le asigna a la mujer. Y, finalmente, acentúan la evolución que ha tenido el tamaño y la estructura de familias en Colombia. Los cambios tienen que ser explicados no solo por razones económicas, sino que también tienen relación con aspectos sociales y geográficos.

Cuevas (2000b) retoma a Ovidio (43 a. C.) en El Arte de amar, y subraya la relación estrecha que existe entre las decisiones humanas y los aspectos económicos. Después de esta mención a Ovidio, hace un seguimiento cuidadoso a la forma como algunos autores han abordado el tema de la familia. Y esta aproximación se enmarca en un contexto global, en el que necesariamente se consideran los factores demográficos. Describe, de manera dramática, la visión que tenían los autores clásicos de los ciclos de muerte y vida de los niños. En los siglos XVIII y XIX la esperanza de vida era muy baja, cercana a los 30 años. En aquellas circunstancias el ciclo económico era determinante de las tasas demográficas. El desempleo y la falta de ingresos se reflejaban de manera directa en una mortalidad infantil más alta.

Adam Smith (1776) estudió en la Riqueza de las naciones los determinantes del stock de bebés. Concluyó que, en su ciega sabiduría, el mercado corregía déficits o excedentes sin hacer sutiles distinciones con las patatas o las coles. La oferta y la demanda laborales terminaban arbitrando la situación, y el aumento o la disminución de los magros salarios se encargaban del resto, a través de sus brutales impactos sobre la nutrición, las comodidades y la morbilidad de la gran masa pobre de la población. De cada diez niños, cinco podían morir, y en las regiones más míseras hasta siete, antes de cumplir quince años (Cuevas, 2000b, p. 13).

Cuevas advierte que la aproximación económica es “cruda” porque es realista. Pasa revista a varios autores: Malthus, Sade, Fourier, Mill, Masoch, Engels, Veblen, Pareto, Boulding, Hirsch, Friedman, North, Tullock, McKenzie, Becker, Dawkins, Posner, Pollack, Bergstrom. De diversa manera, todos ellos ponen en evidencia la relación entre el amor, el sexo y el mercado.

Gracias a la lectura de estos autores, continúan Sandoval, Riaño y Barrera, es posible “considerar la economía no como la ciencia de la escasez, sino como la ciencia de los incentivos en que el comportamiento humano está determinado por la frustración y por los costos”. Y desde esta mirada adquieren relevancia el tamaño de la familia, las interacciones entre sus miembros —“simpatía intensa” en los términos de Smith—, las creencias, la cultura, la capacidad económica, etc.

Después de estas consideraciones generales, los autores examinan lo que ha pasado con las familias colombianas. Es evidente: la disminución del número de hijos por pareja, el aumento de uniones libres y de separaciones, el crecimiento de los hogares monoparentales y unipersonales, la convivencia de parejas sin hijos. Estos cambios son significativos y tienen implicaciones en todos los ámbitos de la vida social. Las tendencias generales se diferencian por nivel socioeconómico. Por ejemplo, en Colombia un 22% de los hogares de ingreso alto no tienen hijos. La relación es de 11% en los hogares de menor ingreso. Es un reto entender la forma como se decide dentro de la familia. Estos procesos siguen siendo una caja negra (Sen, 1981). En Colombia la transición demográfica fue contundente en los años cincuenta y sesenta.

Sandoval, Riaño y Barrera estiman los determinantes de la demanda de hijos. Las variables independientes son: las características sociodemográficas del hogar y del individuo, los factores geográficos y el comportamiento del mercado laboral. Los autores concluyen que “los cambios en el tamaño de la familia y de la composición de los hogares no es homogénea, es cambiante en el tiempo y se encuentra relacionada con el espacio”. El menor número de hijos está directamente relacionado con la mayor educación de la mujer, el nivel socioeconómico, el uso de anticonceptivos y la proximidad a las grandes ciudades. Cuando la unión es formal el número de hijos es relativamente mayor. El desempleo se manifiesta en menor número de hijos.

A partir de estos y otros hallazgos, hacen recomendaciones de política pública, dándole énfasis a la educación. Hay una clara relación entre la capacidad humana, que se adquiere mediante la educación, y la regulación de la natalidad. En un texto que se ha convertido en un clásico, Drèze y Sen (1986) comparan las políticas demográficas de India y China. Mientras que en India se ha optado por la educación y por la creación de incentivos adecuados, que permitan reducir la tasa de natalidad, en China el control ha respondido a políticas públicas de corte autoritario. Entre las medidas más radicales destaca la prohibición de tener más de un hijo13.

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