Читать книгу La soportable gravedad de la Toga - Eugenio Moure González - Страница 23
15 de octubre de 2018 Virus para dejarte KO
Оглавление¿Saben cuál es el peor virus para un abogado? (y no es un chiste): el virus informático. La anterior afirmación hoy ha sido empíricamente demostrada; lo explico a continuación.
Ayer domingo empecé a notar los primeros síntomas de una incipiente gripe (dolor de garganta, escalofríos, moqueo) y tras automedicarme y cancelar un viaje a León arriesgado en tales condiciones (tampoco las meteorológicas ayudaban en plena borrasca “Michael”), me tomé un día relajado, centrado en la preparación de los dos juicios de esta semana.
A pesar del cansancio y de los efectos secundarios de los antigri-pales (somnolencia y cierto embotamiento mental) empecé la jornada intentando sacar adelante ese trabajo, con las interrupciones habituales de quien llama para preguntarte por lo suyo, o contestar esos correos electrónicos que a mis remitentes siempre les corre prisa, como si el correo se autodestruyese en cinco segundos.
Incluso, haciendo alarde de fortaleza física y entereza mental, adelanté una reunión prevista para el día siguiente, preparatoria de uno de esos juicios, que al final se prolongó durante casi dos horas.
Cuando rodeado de kleenex y con la botella de agua a mano intento retomar una demanda inacabada de hace unos días, aparece de repente una de esas ventanas en la pantalla del ordenador con mensajes crípticos para los legos en informática, y ante la sospecha de lo peor (nunca estaré curado de este tipo de espantos) llamé al informático del despacho (un tipo curioso, pero no se imaginen al típico hacker con gorrito de lana reconvertido en salvavidas de empresas en apuros), el cual se conecta remotamente a mi ordenador (los tiene todos monitorizados), para soltar la peor exclamación que uno puede escuchar en estos casos: “¡la pucha, tenemos un virus en tu word!” Con pavor le dije: “¡por Dios, salva el documento que tengo abierto que son muchas horas de trabajo!” A lo que él, con la suficiencia de un piloto que toma el mando de un avión con el motor en llamas, empezó a controlar mi ordenador desde el suyo, abriendo y cerrando ventanas ante mi atónita mirada, para finalmente decirme que dejaba guardado el documento pero que me olvidase de trabajar más con mi portátil; quedaba en cuarentena unas horas hasta que eliminase el virus.
Así que resignado, aunque por lo menos aliviado sabiendo que la tragedia no se había consumado, dejé el ordenador encendido y me fui a casa a la inédita hora de las 8 de la tarde.
Y ahora me encuentro garabateando lo que me pasó en mi cuaderno Moleskine, sabiendo que para este tipo de escritura ni el virus de la gripe es capaz de impedir lo que el otro virus, como se llame, inoculado en mi ordenador sí había conseguido, que fue obligarme a cerrar el despacho dos horas antes de tiempo.
No es que los abogados seamos supermanes o mujeres maravilla, inmunes a las típicas enfermedades que hacen caer como moscas de un plumazo a otro tipo de empleados, pero sí es cierto que la kryptonita, que ataca con peores consecuencias nuestra actividad profesional, son esos otros virus informáticos, y como ejemplo el de hoy, que a mí me dejó en fuera de juego (y no la gripe).