Читать книгу Madurez escolar - Mabel Condemarín - Страница 40

2.7.1Psicomotricidad

Оглавление

La noción de psicomotricidad agrega una significación psicológica al movimiento y permite tomar conciencia de la dependencia recíproca de las funciones de la vida psíquica con la esfera motriz. Esta noción intenta superar el punto de vista dualista clásico que consiste en separar como dos realidades heterogéneas, la vida mental y la actividad corporal.

Partiendo de la base que el movimiento humano constituye una realidad psicofisiológica (y social) se distingue entre los términos de motricidad y psicomotricidad, no como realidades o tipos de actividades diferentes, sino como dos puntos de vista o niveles de análisis de una realidad que es intrínsecamente unitaria.

Así se entiende por motricidad el movimiento considerado desde un punto de vista anátomo-fisiológico y neurológico. Es decir, es el movimiento considerado como la suma de actividades de tres sistemas: el sistema piramidal (movimientos voluntarios), el sistema extrapiramidal (motricidad automática) y el sistema cerebeloso, que regula la armonía del equilibrio interno del movimiento.

La psicomotricidad enfoca el movimiento desde el punto de vista de su realización, como manifestación de un organismo complejo que modifica sus reacciones motoras, en función de las variables de la situación y de sus motivaciones.

Un aspecto importante para la comprensión de la psicomotricidad es su estudio, ya sea desde un punto de vista genético o diferencial. El primer punto de vista implica el análisis de las etapas sucesivas que atraviesa la motricidad durante la evolución del niño y su integración al conjunto del desarrollo psicomotor. El punto de vista diferencial se refiere a la descripción de los tipos de organización psicomotora, que son función de la historia individual, de los aprendizajes, de las relaciones interpersonales.

Ya a mediados del siglo pasado, J. de Ajuriaguerra (1959) plantea que el tono muscular y la motilidad no se dan en forma aislada en el curso del desarrollo del niño, sino que se construye por relaciones múltiples con los aferentes sensitivos, sensoriales y afectivos: la toma de contacto y la conquista del espacio se hacen mediante factores múltiples, entre los cuales participa la motricidad. Ella enriquece estas relaciones múltiples y éstas a su vez, la constituyen. Las correlaciones entre cada sistema tienen un valor en el tiempo, son variables y a menudo, individuales.

El análisis de los aspectos relacionales del movimiento, el “cuerpo como relación” –según la expresión de Ajuriaguerra– tienen una gran importancia en la manera como se organiza el movimiento. Agrega que la presencia del otro contribuye a moldear el mundo motor e, inversamente, tono y motricidad participan en la organización relacional. En la actualidad no hay dudas del valor del diálogo tónico-emocional que se establece precozmente entre el lactante y el mundo que lo rodea y en especial, en la vinculación con la madre.

El comportamiento motor, por el hecho de estar relacionado con toda la vida psíquica, implica tres dimensiones, cada una de las cuales puede ser fuente de perturbaciones o trastornos en su desarrollo:

•La dimensión de la función motriz propiamente tal se refiere a la evolución de la tonicidad muscular, al desarrollo de las funciones de equilibrio, control y disociación de movimiento y al desarrollo de la eficiencia motriz (rapidez, precisión).

•La dimensión afectiva emocional considera al cuerpo como relación y destaca su importancia en la manera como se organiza el movimiento. Esta dimensión se manifiesta, sobre todo, a nivel de la función tónica y de la actitud, y también al nivel del estilo motor, que constituye el modo de organización de una tarea motora en función de variables como la manera de ser individual y de la situación en que se realiza.

•La dimensión cognitiva considera que el movimiento exige el control de las relaciones espaciales (relaciones del cuerpo situado y evolucionando en el espacio, la relación de las diferentes partes del cuerpo entre sí); el dominio de las relaciones temporales (sucesión ordenada de movimientos en vista a un fin), y el dominio de las relaciones simbólicas manifestado en las praxias (utilización de los objetos, gestos y significantes).

Tanto el factor neurológico como la motricidad fina y gruesa, tienen un importante componente maduracional, vale decir que sus cambios tienen un importante componente biológico. Ante retrasos maduracionales, no es tan claro que se puedan acelerar los cambios mediante entrenamiento, ejercitación o aprendizaje. Sin embargo, el desarrollo de la psicomotricidad puede ser favorecido y sus falencias o déficits, compensados mediante planes de rehabilitación, o desarrollados, en caso de retrasos.

Madurez escolar

Подняться наверх