Читать книгу Anatomía de la traición - Pedro García Cuartango - Страница 9

En el túnel de las palomas

Оглавление

Quiero confesar al lector que en todas y cada una de las páginas de este libro gravita la presencia de John le Carré, que murió el 12 de diciembre de 2020. Gracias a sus primeras novelas descubrí el mundo del espionaje y me convertí en adicto a su «glamour» o, mejor dicho, a la nostalgia por un universo de buenos y malos, de bloques políticos antagónicos, de fidelidades y traiciones, de un espacio simbólico que ha desaparecido para siempre. El del Muro de Berlín, el de la Guerra Fría, el del Telón de Acero, el del comunismo soviético, el de la oscura sombra del estalinismo. De sus cenizas ha renacido un sentimiento de nostalgia por la estética de esos personajes que tan bien describió Le Carré, atrapados en lealtades contradictorias y en dilemas morales irresolubles.

He sido durante más de 40 años un ávido lector no ya solo de novelas, sino de todo tipo de historias de espionaje, que han nutrido mi imaginación. He ido acumulando en mi biblioteca decenas de libros y biografías sobre el género, de donde han salido la mayor parte de los textos que integran Anatomía de la traición. Algunos de los perfiles, que fueron apareciendo semanalmente en ABC, son prácticamente desconocidos para el gran público y nunca se había publicado nada de ellos en este país.

La Carré, que trabajó en su juventud para el MI6, cuenta en sus memorias que su padre lo llevó cuando era joven a un club de tiro de Montecarlo. Vio en ese lugar cómo soltaban palomas por un túnel para que los tiradores las abatieran cuando levantaban el vuelo. Escapaban pocas, pero volvían por instinto al palomar. Eso significaba su muerte segura, porque eran llevadas de nuevo al túnel.

No sé si este recuerdo biográfico refleja el destino fatal de los espías, que siempre retornan a la escena del crimen a pesar de que el cerco se va estrechando, como le sucedió a Philby, a Blake, a Penkovski, a Sorge, a Adrich Ames y a tantos otros que apuraron su suerte hasta ser descubiertos. Todos ellos podrían haber sido personajes de Le Carré y, de hecho, algunos lo son. Por ejemplo, Kim Philby, que sin duda inspiró el personaje de Bill Haydon en El topo, la obra maestra del escritor inglés.

El protagonista de esta novela es George Smiley, que aparece en nueve trabajos de Le Carré. Smiley es un espía de la vieja escuela, con un oficio contrastado, al que se le encarga buscar al infiltrado que ha delatado a los agentes que operaban más allá del Telón de Acero y ha puesto a la organización en entredicho. Finalmente, llegará a la dolorosa conclusión de que el traidor de Bill Haydon, es su mejor amigo, amante de su mujer y jefe de operaciones del Circus, como le llama al MI6, servicio de espionaje en el exterior.

Smiley se parece mucho a Le Carré en su concepto de la lealtad a los valores británicos, su amor propio y su constancia en el oficio. Pero, sobre todo, se asemeja a él en su capacidad de penetrar en los trasfondos del alma humana. No recurre a los avances técnicos para hacer su trabajo, sino al análisis de las motivaciones. Es un psicólogo más que un espía.

El asunto central de las novelas de Le Carré es el conflicto entre la lealtad y la traición, cuyos límites parecían muy difusos en el mundo de la Guerra Fría, en el que las convicciones ideológicas eran en algunos casos más fuertes que los vínculos con la patria de nacimiento.

La lealtad podía ser una forma de traición y viceversa, porque lo importante, lo único que de verdad contaba, era el valor de ser consecuente con las propias ideas. En un mundo de dobles agentes, mentiras, delaciones e insidias, el espía que permanecía fiel a su causa era un héroe. Y lo era en el sentido de la tragedia griega de que el hombre está marcado por su destino.

Nadie como Le Carré ha narrado esas contradicciones del alma del espía, que solo puede suplir con una fe inquebrantable en la causa su condena a aparentar lo que no es, simulando incluso en su familia y su círculo íntimo. Hay que creer mucho en un ideal para llevar esa doble vida.

Le Carré penetró en todos esos secretos y elevó la novela de espionaje a la condición de tragedia clásica. Media docena de sus novelas están a la altura de lo mejor de Dickens, Thomas Mann o Balzac. Como ellos, sabía muy bien de lo que hablaba.

Pero su desaparición tiene también un valor sentimental para aquellos que cruzamos el Muro de Berlín por el Checkpoint Charlie y vivimos en la era de la Guerra Fría. Le Carré era el último testigo de aquel mundo de buenos y malos en el que existía la impresión de estar siempre al borde de la catástrofe nuclear.

Le Carré mantuvo su lucidez hasta el final. Estuvo escribiendo hasta un año antes de su fallecimiento, dejando tras de sí una extensa obra. En la última, titulada Un hombre decente, me impresionó su sombría lucidez. Cuenta la historia de un espía que se debate entre su lealtad al servicio y el deterioro que está produciendo en las instituciones de su país el brexit y la relación con Donald Trump. En unas de sus últimas declaraciones, además de anunciar que tenía cáncer, afirmaba que su país se hallaba gobernado «por un pequeño grupo de ultras» que habían llevado a los ciudadanos a perder su «brújula moral» en la política.

No puedo estar más de acuerdo con todo lo que apunta este gran escritor que he admirado desde que leí El espía que surgió del frío. Al menos entonces sabíamos distinguir en qué lado estaban el bien y el mal. Ahora es mucho más difícil. Por eso, su pérdida es irreparable. Con él desaparece una brújula para orientarnos en un mundo donde cada vez es más difícil discernir entre la verdad y la mentira.

Le Carré era esencialmente un moralista que se inspiraba en la novela inglesa del siglo xix. No solo tenía una gran habilidad para desarrollar las tramas más complejas, sino que además era un maestro en el dibujo de los caracteres. Su talento le situó a la altura de los más grandes escritores contemporáneos. Creo que lo vamos a echar mucho de menos. Este libro es una evocación del mundo que él recreó y que ya solo existe en el recuerdo de quienes vivieron esa época. Todo eso se lo ha llevado a la tumba.

Anatomía de la traición

Подняться наверх