Читать книгу Memorias de viaje (1929) - Raúl Vélez González - Страница 44
[10 de mayo]
ОглавлениеLo que más he procurado saber pronto es la manera de viajar en París. A pie, anda uno dos horas y no avanza un centímetro en el mapa; pero es la forma más indicada para conocer la ciudad. Mas, si se quiere ir a un punto determinado y está lejos, los vehículos (autos, ómnibus, tranvías, etc.), no sirven porque en cada esquina se demoran esperando el turno para pasar. Por eso se ha construido el ferrocarril subterráneo, llamado Metropolitano, red que extiende sus líneas por todos los puntos de la ciudad abarcando las principales vías, y atravesando numerosas veces por debajo del Sena. Hay en servicio una extensión de algo más de cien kilómetros. En todas las líneas, más o menos a quinientos metros de distancia una de otra, hay estaciones, a donde se baja por escaleras amplias de cemento; complicados pasadizos y salones contienen ventas de tiquetes, planos del ferrocarril, indicaciones con nombres de las estaciones a donde se debe ir y flechas que indican al viajero cuál es la dirección que debe tomar. Luego se baja a un andén y allí está el tren, de cinco carros (cuatro de segunda y uno de primera), o llegará dentro de dos minutos. Al otro lado del andén, hay otro para los viajes en dirección opuesta. En cada estación, el tren demora unos pocos segundos y el viajero puede leer el nombre del lugar donde está, escrito en varios puntos de los muros en letras grandes; y como en lugar visible del carro lleva un croquis de la línea, puede muy bien saber qué le falta para llegar y prevenirse para bajar rápidamente en el lugar de su destino. Como muchas veces la línea no lo lleva directamente, hay lo que llaman “correspondencias”, esto es: que puede uno llegar por cierta línea a una estación y allí tomar otra en distinta dirección, y cuando le convenga bajarse y tomar otra. Así se puede andar a París por debajo de la tierra con un tiquete que le costó 0,60 francos, es decir, como dos centavos. Entre una estación y otra gasta el tren un minuto. Una mañana de estas tomé una línea y fui dieciocho minutos hasta la puerta de Saint Cloud; había andado dos leguas. Otras dos de regreso fueron cuatro… por dos centavos. El manejo del Metro, como le dicen aquí, es muy complicado, pero yo con mi mapa y gastándole tiempo, ya lo manejo regularmente. Hoy me di el lujo de hacer como cuatro correspondencias para ir hasta Bastilla. Me he pasado, pues, estos cinco días de París, haciendo ensayos y aprendiendo a vivir. Por el momento ya sé trasladarme con comodidad a cualquier parte, tengo buen restaurante y un cuarto situado a una cuadra de los grandes bulevares, es decir, en el corazón de la ciudad.