Читать книгу Memorias de viaje (1929) - Raúl Vélez González - Страница 46

[12 de mayo]

Оглавление

Hoy sí hay que contar. Pero ¿quién lo hará? Pasé el día en Versalles y en la Malmaison. El Palacio de Versalles, que fue en tiempo de Luis XIII una casita para sus cacerías, fue levantado por Luis XIV, el Rey Sol. Es inmenso y suntuoso con la suntuosidad de la Francia de aquella época. Todo allí respira lujo, galantería y opulencia. La fachada no más tiene siete cuadras y media y ciento cincuenta y cuatro ventanas enormes. Se llega por una avenida de estatuas de guerreros, comenzada por la de Bayardo a la derecha y la de Du Guesclin a la izquierda; en el centro, y mirando hacia París, está la estatua ecuestre del gran Luis. Luego, dentro del edificio, no se ve más que recuerdos del monarca con su emblema, el Sol, en tapices y cielorrasos, en espejos y chimeneas. Mucho hay de los otros Luises, de Napoleón y de sus esposas y demás adláteres, pero el Rey Sol lo llena casi todo.

Lo notable en este palacio son dos de sus salones: el llamado sala de los espejos, donde se firmó la paz de 1919, y la sala de las batallas que tiene en sus muros la historia en cuadros de todas las batallas gloriosas ganadas por Francia. Dichos cuadros son al óleo y ocupan toda la altura de la pared. La primera sola tiene ochenta y cinco metros de largo y la otra noventa. Pero el verdadero esplendor de Versalles está en los jardines, las fuentes y los bosques. Es difícil encontrar más bronce, más mármol y más aguas, tan artísticamente dispuestas. Y cómo cree ver uno por esas encantadoras avenidas, marchar los caballeros de empolvadas pelucas, conduciendo de la mano a aquellas damitas de cintura casi nulas ¡y de esponjado polizo!

Vuelvo a hablar de los palacios para recordar la sorpresa gratísima que recibí al ver entre los retratos que adornan la sala de la Revolución un retrato muy conocido, y al leer al pie: ¡“Francisco Miranda, lugarteniente general de la armada del Norte, jefe único de la octava división”! Y no acabaría: el lecho de Luis XIV, la sala donde nacieron todos los hijos de aquellos reyes, las habitaciones privadas de María Antonieta, la sala de guardia de los reyes, la sala donde el pueblo de París prendió a Luis XVI y a la reina, después de asesinar la guardia, la escalera por donde subió la turba furiosa, etc.

La Malmaison presenta un aspecto más pobre, más tranquilo, más íntimo. De un lujo serio y austero, esta casa la compró y la embelleció Napoleón6 para regalarla a su esposa y a ella se retiró la pobre Josefina después del divorcio. Allí están sus dormitorios, su tocador, su biblioteca. Allí mil recuerdos del Emperador, entre ellos la camisa que tenía cuando murió, la cama de compaña, aparato feo, de lona, parado en cuatro varillas de hierro, sus pistolas, su neceser, los muebles de su casa de Santa Elena. En la planta baja, frente al comedor unas habitaciones muy lujosas, donde dicen que estuvo los tres días siguientes a la batalla de Waterloo. En el jardín se cultivan las rosas predilectas de Josefina y aseguran que son las mismas que los van renovando a medida que envejecen. Hay en un pabelloncito vecino tres carrozas llenas de recuerdos muy lujosos y con mil emblemas: el coche en que Napoleón hizo la desastrosa campaña en que Josefina vino de París inmediatamente después del divorcio. Me entré por el jardín y recogí una piedrecita al pie de un tilo centenario y unas hojitas de rosa de las de Josefina. Las rosas son las suyas, y la piedrecita, ¿no podría haber estado cerca de la desgraciada exemperatriz cuando esta lloraba su pena bajo aquel árbol de su jardín?

Memorias de viaje (1929)

Подняться наверх