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Cuidados del lactante

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A buen seguro que muchas de las cosas que hicieron nuestros padres fueron acertadas, pues la experiencia es buena consejera. Otras veces procedieron erróneamente, pues algunos viejos usos y costumbres no se corresponden con los actuales conocimientos que se tienen sobre la higiene. Baste recordar, por un momento, el casi ancestral miedo al agua y considerar como algo nocivo el bañarse con frecuencia. ¡Incluso hoy en día hay personas mayores que se jactan de no haberse metido en su vida en una bañera! Es una realidad que en tiempos de nuestros abuelos a muchos niños se les privaba del contacto directo con la luz, el aire, el sol y el agua para evitar que pudieran resfriarse; lo que en la actualidad nos parece algo difícil de creer. Y no solo eso: para evitar que a los niños pequeños se les pudieran torcer las piernas se les fajaba tan estrechamente que apenas podían moverlas. Hace algún tiempo aún se podían ver en Italia a lactantes empaquetados como pequeñas momias. No en vano en tiempos pasados la mortalidad infantil era mucho mayor que la existente en la actualidad.

El bañar con frecuencia a los lactantes es una necesidad incuestionable, tanto por cuestiones de higiene como por los cuidados que requieren su piel y la actividad cutánea. Además, la toma de baños activa el funcionamiento de los órganos internos. Con ellos se combaten estancamientos de líquidos y se activan las glándulas de secreción interna y sus importantes funciones. No hay que olvidar que, durante nueve meses, el niño estuvo sometido a una temperatura constante en el claustro materno, bien protegido de las vicisitudes del mundo exterior y resguardado cerca del corazón de la madre. Al dar a luz, el recién nacido se ve sometido de pronto a un ambiente frío, al que su pequeño organismo deberá adaptarse progresivamente. Cuando vayamos a bañar al recién nacido o al lactante, la temperatura del agua no deberá sobrepasar los 37 °C, o sea, debe estar tibia. En verano, en cambio, conviene que el agua de baño esté algo más fresca, especialmente si se trata de agua calentada al sol. A los niños les encanta el líquido elemento y pronto se adaptan con gusto a él, como lo demuestran chapoteando alegremente o protestando cuando consideran que se les saca de la bañera demasiado pronto.

Hay que tener especial cuidado en la elección de los productos para echar en el agua del baño y evitar, así, consecuencias desagradables. No es infrecuente que los niños pequeños se metan los dedos en la boca y se traguen algo de agua de la bañera. Por ello, no deben emplearse con ellos productos, como el llamado «bálsamo de agujas de pino», que llevan el colorante verde iridiscente (Natrium fluoresceinum). Tampoco conviene utilizar ciertas plantas medicinales, como la celidonia o el geranio robertiano que, si bien actúan bien contra impurezas y erupciones cutáneas, en el caso de los niños pequeños hay que tener suma precaución con ellas. Productos que para nosotros los adultos son aparentemente inocuos, pueden ser nocivos para los niños pequeños, al ser estos mucho más sensibles a ellos. De ahí que a veces nos resulte difícil poder averiguar cuál ha podido ser la causa de los trastornos que padecen.


Manzanilla (Matricaria chamomilla)

Las plantas más adecuadas para emplear al bañar a niños pequeños son las siguientes:

Cola de caballo7: por su elevado contenido en ácido silícico resulta muy beneficiosa para la piel.

Infusión de melisa o toronjil: ejerce un cierto efecto sedante en niños cuando están demasiado nerviosos o excitados.

Infusión de pie de león: adecuada cuando la textura de la carne del niño es demasiado esponjosa y precisa que le proporcionemos una mayor tensión o resistencia. Constituye también una pequeña, pero incuestionable ayuda, cuando el niño tiene tendencia a herniarse con frecuencia.

Infusión de manzanilla: ideal en trastornos digestivos, dolores de estómago y leves trastornos metabólicos.

Infusión de caléndula: para pieles sensibles, erupciones e impurezas cutáneas (puede emplearse también la planta directamente).

El serpol, planta emparentada botánicamente con el tomillo, es una plantita excelente para emplearla en el agua de baño de niños con tendencia a padecer catarros, enfriamientos y resfriados con frecuencia. Los niños cuyos padres padezcan de debilidad pulmonar deberían tomar de vez en cuando estos baños.

Las tisanas de llantén menor: constituyen una ayuda nada despreciable en casos de debilidad o labilidad de la vejiga urinaria, trastorno que es bastante frecuente en niños pequeños.

Todas estas tisanas deben ser muy poco concentradas, ya que los niños pequeños reaccionan mejor cuando se les aplican estímulos suaves.

Cuidados de la piel: los jabones más adecuados para la limpieza de la piel infantil son los suaves y grasos, como son la mayoría de los jabones para niños. No es necesario enjabonar cada día a los niños. Una vez limpios, se les aplicará un buen aceite para la piel que no contenga ningún aceite esencial fuerte. El aceite más adecuado es el de hipérico, con muy poca cantidad añadida de aceites esenciales de mandarina, naranja o limón.

Basta con aplicar estos aceites infantiles dos veces por semana. Lo más que haremos a diario será aplicar un aceite de hipérico corriente en las piernas del niño. Siempre es preferible usar aceite a los polvos de talco, ya que estos tapan los poros de la piel y absorben la orina que se le escapa al niño, lo que puede convertirlos en caldo de cultivo para bacterias. La experiencia nos enseña que la aplicación de aceite en la piel infantil resulta más ventajosa y evita también las posibles escoceduras producidas por la dermatitis del pañal. Si aparecen enrojecimientos en la piel o escoceduras, entonces emplearemos una buena crema biológica de lanolina que contenga tinturas de plantas frescas.

Hay que elegir con sumo cuidado los remedios caseros que vayamos a emplear para la salud infantil. Los lactantes responden ya a dosis muy bajas y solo reaccionan sin problemas cuando se les aplican estímulos muy suaves. Hay que ser sumamente cuidadoso a la hora de prepararles infusiones de plantas medicinales, ya que algunas que pueden parecernos totalmente inocuas pueden afectarles negativamente.

Los remedios homeopáticos resultan particularmente interesantes en el campo de la pediatría. En primer lugar, a los lactantes solo se les tendrían que administrar remedios homeopáticos, lo que desgraciadamente no suele ser aprovechado por la mayoría de los pediatras. Si a los adultos ya nos cuesta tolerar muchos fármacos o remedios alopáticos usuales en la medicina convencional, ¿qué no ocurrirá en perjuicio de la salud, en lactantes o en niños pequeños? Mucha gente se convencería de la sorprendente efectividad de los remedios homeopáticos si los utilizara más a menudo. Se darían cuenta entonces de que el supuesto efecto sugestivo que se ha atribuido a quienes los toman resulta inexistente en el caso de lactantes o niños pequeños.

Recordemos que, en el caso de las tisanas, se prepararán muy suaves de forma que apenas adquieran un poco de color.

La tisana de hinojo, o si no se dispone de ella de anís, constituye uno de los remedios caseros más usuales. Las tisanas de hinojo, anís, alcaravea y eneldo son tisanas que se usan para entrar en calor. Una suave infusión de hinojo ha ayudado a muchos niños, y a la vez a sus madres, a superar algunos trastornos digestivos y del metabolismo momentáneos.

Para estados diarreicos o de inapetencia, resultará útil una tisana muy suave de milenrama9. Si no termina de solucionarse la diarrea, tomaremos una pizca de tormentilla31 y prepararemos una infusión muy suave con ella, que iremos dando al niño a cucharaditas durante todo el día.

Cuando existe un cierto grado de retención de agua en el cuerpo o los riñones no están en orden, un remedio bueno y fiable es la vara de oro. Su extracto obtenido de la planta fresca es uno de los mejores y más eficaces remedios para los riñones y para la vejiga urinaria. Si no podemos disponer de esta planta, siempre podremos emplear también una suave tisana de escaramujo.

En caso de pequeñas heridas, el empleo de suero láctico concentrado constituye un excelente remedio desinfectante. Se trata de un práctico producto natural que contiene ácido láctico, y puede ser utilizado de la misma manera que se emplea la tintura de yodo, con la ventaja de que es mucho más inocuo que este último.

También el hipérico (Hypericum perforatum) aplicado externamente mediante toques con un algodón empapado es digno de confianza. Pediatras conocidos, como el doctor Josef Schier12, recomiendan este sencillo remedio, obtenido del hipérico o hierba de San Juan, al que se le atribuye también un cierto grado de protección frente al tétanos.

El déficit de calcio puede manifestarse de formas diferentes y todavía afecta a muchos niños pequeños. Si además existe una falta de vitamina D, estamos ante las causas fundamentales del raquitismo, conocido en otros tiempos como «enfermedad inglesa». Ya no se ven casos graves como antaño, con un sistema óseo deformado y poco desarrollado, pero sí que nos encontramos todavía con formas menos graves de este trastorno. Sorprende que los niños que padecen un grado ligero de raquitismo muestren, por regla general, una mayor vivacidad, mayor rapidez de reacción y también muy tempranamente aspecto de niños inteligentes que aparentan un mayor entendimiento del que realmente disponen, como si se desarrollara en ellos una especie de madurez precoz. En estos casos pienso siempre en las manzanas que en el árbol se vuelven amarillas demasiado pronto. Examinadas de cerca, por haber madurado demasiado deprisa, son las que suelen llevar gusanos.

Los niños afectados por un déficit de calcio y vitamina D precisan de nuestra ayuda. En tales casos, se han mostrado especialmente eficaces los preparados de calcio homeopáticos y los llamados «bioquímicos» como, por ejemplo, el Calcium phosphoricum D6, el Calcium fluoratum D12 (para la formación de los dientes) y la Silicea D12, como preparado de ácido silícico. También los preparados de ortigas y calcio, que se componen de diversas sales de calcio en diferentes potencias mezcladas con ortiga (como portadora de vitamina D), constituyen una buena ayuda en estos casos. El aceite de hígado de bacalao resulta muy recomendable como aporte de vitamina D. Así mismo, el zumo de zanahoria o el concentrado preparado a partir del jugo de zanahorias frescas, constituye una ayuda natural en casos de déficit de calcio.

El pequeño doctor

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