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Enfermedad de Herter (celiaquía)

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Esta enfermedad recibe también el nombre de celiaquía14 o infantilismo intestinal. Se trata de un padecimiento que exige mucha dedicación y ocasiona muchas preocupaciones, por lo que para muchas madres será un verdadero alivio saber de qué manera han de actuar en estos casos. Como a todos los catarros intestinales y diarreas en lactantes y en niños pequeños la trataremos de la manera siguiente:

El remedio por excelencia son gotas para la diarrea a partir de la tormentilla, que se dará en dosis de dos a cinco gotas, de tres a cinco veces al día, según la edad y la sensibilidad de cada uno de los pequeños pacientes. La dosis puede aumentarse progresivamente hasta que las deposiciones fecales tengan una consistencia normal. Como medida de apoyo, utilizaremos los baños de asiento calientes, que se tomarán a menudo, o bien se aplicarán envolturas calientes en el vientre humedecidas con una infusión de manzanilla o de cola de caballo.

En cuanto a lo referente a la alimentación se seguirá, ante todo, una dieta a base de arroz integral. Para preparar la crema de arroz no se empleará nunca arroz blanco, sino únicamente arroz natural (integral). A la crema o mucílago producido se le añadirá un poco de zumo de zanahoria, aunque también puede ser sustituido por media cucharadita o menos de concentrado de zanahorias.

Mientras dure la enfermedad, tanto los niños como los adultos deberán seguir una dieta carente de gluten. Por ello, el mejor cereal para esta enfermedad es el arroz. A estos enfermos no hay que darles productos hechos con harina o sémola blanca. En cambio, pueden comer patatas cocinadas con la piel y preparadas en forma de puré, al que se le añadirá zumo de zanahoria fresco. Respecto a las verduras, se empezará poco a poco con un poco de puerro al vapor, y no se recomienda tomar otras verduras hasta que la diarrea no haya desaparecido del todo.

En cuanto a las frutas, pueden tomarse manzanas ralladas, que podremos mezclar con un poco de plátano crudo. También las bayas de arándano resultan recomendables en estos casos. Una vez pasadas las manifestaciones agudas podemos dar también un poco de zumo de pomelo15.

La cantidad de los alimentos será bastante restringida. Se irá aumentando lentamente a medida que se vaya normalizando la digestión, es decir, hasta que las deposiciones tengan la consistencia y el color adecuados. Lo que está muy claro es que, si se toma una gran cantidad de alimentos, los resultados son mucho peores que comiendo una cantidad moderada. Si alguno de los alimentos mencionados produjera algún tipo de trastorno en estos niños, deberíamos adaptarnos a su particular sensibilidad y elegir aquellos alimentos que no les causen problema alguno. Una vez que las deposiciones vuelven a estar en orden, iremos dejando los remedios paulatinamente e iremos introduciendo progresivamente una dieta normal. Si se produjera algún tipo de recaída, aunque fuera pequeña, habrá que volver a ser más severos con la dieta. En algunos casos, también la leche de almendras ha dado buenos resultados. Si nos atenemos a las recomendaciones aquí expuestas y nos ajustamos a la sensibilidad individual de cada niño conseguiremos con paciencia y constancia la curación total.

El pequeño doctor

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