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Leche materna
ОглавлениеConstituye el mejor y más natural alimento para el lactante, y es de vital importancia para su salud y para el futuro de su vida. Estudios estadísticos nos muestran que los niños alimentados con leche artificial presentan una mortalidad diez veces superior a la de los niños que toman el pecho. Los primeros días de la lactancia materna son de vital importancia, hasta el punto de poder ser decisivos para la vida o muerte del lactante. Hemos podido observar también en los animales que la manipulación de la naturaleza puede acarrear malas consecuencias. Todo granjero sabe que los animales recién nacidos, aunque sean de aspecto robusto (como sucede, por ejemplo, con las ovejas) van a tener serias dificultades de supervivencia si no son alimentados por sus propias madres. Muchos corderos preciosos acaban sucumbiendo cuando se les alimenta con leche de vaca o incluso con leche de otra oveja que no sea su verdadera madre. La leche materna es definitivamente el alimento más adecuado que cada recién nacido necesita para su desarrollo. Para el ternero es la leche de vaca; para el cordero, la leche de oveja y, para el ser humano, la leche materna. Su composición es la más apropiada, tanto fisiológica como biológicamente, para la formación del organismo, tanto de su estructura ósea como de los riñones y del resto de los órganos del cuerpo.
La leche materna, especialmente la primera en salir (calostro), contiene sustancias activas parecidas a fermentos, así como sales nutritivas y vitaminas, no todas bien conocidas, que no se hallan en ningún otro alimento ni siquiera de forma aproximada. Así mismo, contiene también anticuerpos y alexinas que pueden proteger al niño de muchas enfermedades. De ahí el gran misterio de por qué los niños de pecho se muestran inmunes a ciertas infecciones durante sus primeros tiempos de vida.
El falso argumento de que las madres que dan el pecho a sus hijos ven perjudicada su salud y su belleza corporal carece de fundamento. Hay suficientes pruebas que demuestran precisamente lo contrario. Una madre considerada como sana, que nutre a su hijo de forma natural, es decir, mediante lactancia materna, verá reforzada su salud, ya que durante este periodo sus glándulas de secreción interna y externa trabajan mucho más y mejor. Con ello mejora el aprovechamiento de los alimentos, especialmente la utilización de las vitaminas procedentes de la alimentación. También, en las madres lactantes, la regeneración de los órganos del bajo vientre transcurre mejor que en aquellas que renuncian a este privilegio natural. La armonía y el afecto emocional que surgirá entre la madre y su hijo queda mejor garantizado o reforzado si la madre da de mamar al niño. Como sucede con tantas otras cosas cuando se siguen las leyes de la naturaleza establecidas por el Creador, aquí también se aprovechan tanto la madre como el niño.
La alimentación del lactante con leche materna es de suma importancia para el desarrollo normal del niño y para poder disponer de una buena capacidad defensiva frente a posibles enfermedades típicas de la infancia. Sabemos por experiencia que los niños de pecho superan mucho mejor las enfermedades de la infancia y presentan menos secuelas indeseables que los niños alimentados artificialmente.
Algunas madres jóvenes se muestran nerviosas y preocupadas si desde el primer día no les sale leche del pecho. Podemos decirles que no deberían preocuparse por ello, ya que es normal que el recién nacido no reciba ninguna clase de alimento durante las primeras 24 horas de vida. En un principio solo se forma el nutritivo calostro. La verdadera leche no sale de su pecho hasta el tercer, cuarto o sexto día después del parto. Las madres jóvenes no deben pues preocuparse si el primer día no transcurre como quizá erróneamente se habían imaginado. Si sus mamas no producen suficiente cantidad de leche, podemos ayudarlas con la toma de unas gotas de ortiga al día o unas tabletas de un compuesto de calcio y ortiga. A este respecto, véase también el capítulo dedicado a la costra láctea.