Читать книгу Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural. - Aristoteles - Страница 13
CAPÍTULO SEXTO
Оглавление[322b ] Debemos hablar, en primer lugar, de la materia y de los llamados elementos, y establecer si existen o no, si cada uno de ellos es eterno, o bien está sujeto a algún tipo de generación y, en caso de que lo esté, si todos se generan unos de otros de idéntica manera, o si hay uno de ellos que sea primario. Por eso es necesario, ante todo, referirnos a aquellas cuestiones de las que hasta hoy siempre se [5] habló con imprecisión.
Así, todos aquellos que atribuyen generación a los elementos 77 , y aquellos que se la atribuyen a los cuerpos compuestos de elementos 78 , utilizan las nociones de disociación y asociación y de acción y pasión. La asociación es una combinación; sin embargo, no ha quedado claramente determinado qué queremos decir con lo de «combinarse».
Ahora bien, sin un agente y un paciente no es posible [10] la alteración ni tampoco la asociación ni la disociación. En efecto, los que admiten una pluralidad de elementos basan la generación de las cosas compuestas en la acción y pasión recíprocas de los mismos, en tanto que la acción se impone como necesaria para aquellos que hacen derivar todo de un solo elemento. Correctamente dice Diógenes 79 que, si todo no procediera de uno, no podría haber acción ni pasión recíprocas y, por ejemplo, lo caliente no podría enfriarse ni nuevamente calentarse; pues el calor y el frío [15] no se transforman uno en el otro, sino que, evidentemente, es el sustrato el que se transforma, por lo cual se hace forzoso que, en aquellas cosas donde se da la acción y la pasión, exista una única naturaleza subyacente.
Sin embargo, no es verdadero afirmar que todas las cosas poseen esta característica, sino que ello sólo es cierto [20] de aquellas entre las cuales hay acción y pasión recíprocas.
Pero, si nuestro examen debe ocuparse de la acción y la pasión y de la combinación, también será necesario que encare el contacto, pues no pueden actuar y padecer, en sentido propio, aquellas cosas a las que no les es dado entrar en recíproco contacto, ni tampoco les es posible comenzar 80 a combinarse sin un cierto tipo de contacto. En consecuencia, habrá que explicar estas tres cuestiones: [25] qué son el contacto, la combinación y la acción.
Tomemos el siguiente punto de partida: todos los entes que pueden combinarse deben necesariamente admitir un contacto recíproco, y lo mismo ocurrirá en el caso de dos entes de los cuales uno actúe y el otro padezca, en el sentido propio de las palabras. De ahí que primero debamos referirnos al contacto.
[30] Podría decirse que, así como ocurre con todos los demás nombres, que se emplean con varios significados —unos por homonimia 〈fortuita〉 y otros porque sus significados derivan de otros que son primordiales— 81 lo mismo sucede también con el «contacto». Y si bien «contacto», en sentido propio, se atribuye a las cosas que tienen posición, y la posición pertenece a aquellas que también poseen un lugar, asimismo debemos asignar «contacto» y «lugar» [323a ] a los entes matemáticos, ya sea que cada uno de ellos posee existencia separada u otro tipo de existencia.
Si, como hemos definido anteriormente 82 , estar en contacto consiste en tener límites extremos comunes, entonces estarán en contacto todas aquellas cosas que, poseyendo magnitudes definidas 83 y una posición, tienen sus límites [5] extremos comunes.
Y, puesto que la posición es un atributo de aquello que además posee lugar y, por otra parte, la diferencia primera de lugar está dada por lo alto y lo bajo y demás oposiciones de esta clase, todos los entes que se tocan entre sí deberían poseer peso y ligereza, ya sean ambas o una sola de estas propiedades.
Pero los entes de este tipo son aptos para ejercer acción y pasión, por lo cual es evidente que ellos por su [10] naturaleza se hallan en recíproco contacto y, por tratarse de magnitudes definidas, sus límites extremos son comunes, siendo capaces de mover y ser movidos recíprocamente.
Mas, como el motor no mueve siempre a lo movido de la misma manera, sino que hay un motor que para mover debe necesariamente ser él mismo movido, mientras que hay otro que es inmóvil, es manifiesto que habremos de afirmar que lo mismo sucede con aquello que ejerce la acción. Y en efecto, tanto se dice que el motor actúa [15] como que el agente mueve.
No obstante, hay una diferencia y debemos determinar cuál es. Todo motor no puede ejercer una acción, si es que queremos establecer una oposición entre «agente» y «paciente», sino que este último término sólo se aplica a los entes cuyo movimiento es una afección, afección (como, por ejemplo, lo blanco y lo caliente) según la cual [20] el ente padece solamente una alteración. Empero, «mover» es un término que tiene más extensión que «actuar».
Entonces, lo que queda en claro es que hay un sentido según el cual los entes que mueven pueden estar en contacto con los entes movidos, pero hay otro sentido según el cual no es así. Pero la definición del contacto, en su acepción general, incluye a entes que tienen una posición y que son capaces uno de mover y el otro de ser movido, mientras que la definición del contacto recíproco supone un ente capaz de mover y otro de ser movido que posean, [25] respectivamente, las funciones de agente y de paciente.
Por cierto, la mayoría de las veces aquello que toca otra cosa es tocado también por ella; en efecto, casi todas las cosas, al moverse, ponen también en movimiento aquello con lo que se enfrentan, y en tales casos necesariamente parece que lo que toca a otra cosa es tocado por ella. Pero es posible, como a veces decimos, que sólo el motor toque lo movido, y que entonces lo que toca otra cosa no sea [30] tocado por ella; sin embargo, debido a que los motores mueven a las cosas de su misma clase cuando son, a su vez, movidos, parece forzoso que ellos toquen lo que, a su vez, los toca 84 .
En consecuencia, si algo mueve permaneciendo inmóvil, podrá tocar lo movido sin que nada lo toque. Así, en ocasiones decimos que quien nos aflige nos «toca», mas no que nosotros lo «toquemos».
De esta manera queda definido el contacto en el ámbito de los objetos físicos.