Читать книгу Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural. - Aristoteles - Страница 9

CAPÍTULO SEGUNDO

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Es preciso referirse ahora, en términos generales, a la generación y corrupción absolutas —estableciendo si existen o no y de qué modo acontecen— y a los otros movimientos 13 , como el aumento y la alteración.

Platón solamente examinó la generación y la corrupción [30] en la medida en que existen en las cosas, y no abarcó toda generación, sino sólo la de los elementos 14 , sin decir nada acerca de cómo se generan las carnes, los huesos u otras cosas de este tipo 15 , ni tampoco acerca del modo en que la alteración y el aumento existen en las cosas.

En general, nadie prestó atención a ninguna de estas cuestiones, a no ser de manera superficial, con excepción de Demócrito. Éste parece preocupado por todos estos problemas y, además, se distingue por el modo en que los [35] trata. [315b ]

Como decimos, pues, en lo que concierne al aumento, nadie ha explicado nada más allá de lo que cualquier hombre vulgar podría decir al respecto, a saber, que las cosas aumentan cuando se reúnen con lo semejante (sin aclarar en nada cómo esto ocurre). La misma ausencia de explicaciones se da respecto de la combinación y, podríamos decir, respecto de los demás procesos; por ejemplo, en el caso de la acción y la pasión, y la cuestión de cómo [5] algunos entes son agentes de producciones naturales y otros las padecen.

Demócrito y Leucipo, empero, imaginan las figuras 16 y, a partir de ellas, hacen derivar la alteración y la generación, a saber, la generación y la corrupción por su asociación y disociación, y la alteración por el orden y posición que ellas asumen. Y puesto que creían que la verdad está en los fenómenos observables y que éstos son contrarios [10] entre sí y de número infinito, supusieron que las figuras son infinitas y, en consecuencia, que, debido a los cambios que afectan al compuesto, la misma cosa adopta apariencia contraria ante distintos observadores, que se transmuta incluso si algo pequeño se combina con ella, y que parece totalmente diversa cuando una sola de sus partes sufre una transmutación. Con las mismas letras, en efecto, se componen [15] una tragedia y una comedia.

Casi todos son del parecer de que la generación y la alteración son diversas una de otra, y que las cosas se generan y corrompen por asociación y disociación y se alteran al modificarse sus afecciones. Por eso es preciso detenerse a considerar estas cuestiones, pues contienen muchas y razonables dificultades. En efecto, si se supone que la [20] generación es una asociación, sobrevendrán muchas consecuencias imposibles de aceptar; pero, al mismo tiempo, existen otros argumentos constrictivos y difíciles de destruir en favor de que ello no podría ser de otra manera.

Por su parte, si la generación no es una asociación, o bien no existirá en absoluto la generación, o bien será una alteración. Y si se afirma la generación, habrá que intentar resolver esta cuestión, aunque 17 resulte difícil.

[25] El origen de todos estos problemas reside en la alternativa de si los entes se generan, se alteran, aumentan y padecen los procesos contrarios a éstos en virtud de magnitudes primeras indivisibles, o si, por el contrario, no existe ninguna magnitud indivisible 18 . Esta cuestión reviste la mayor importancia. Además, si existieran las magnitudes indivisibles, ¿son ellas cuerpos, como afirman Demócrito y [30] Leucipo, o son superficies, como se dice en el Timeo? 19 .

Pero esta alternativa consistente en descomponer las cosas hasta el nivel de las superficies es absurda en sí misma, como ya también lo hemos dicho en otro lado 20 . Por lo tanto, será más razonable afirmar que hay cuerpos indivisibles; pero aun esto último contiene muchos absurdos.

Mas, no obstante, es posible concebir la alteración y la generación por medio de estos cuerpos indivisibles, como ya se dijo, suponiendo que la misma cosa se transmuta [35] debido a la dirección, al contacto 21 y a las diferencias de las figuras, que es lo que hace Demócrito (en [316a ] consecuencia, afirma que el color no existe en realidad, pues la coloración es causada por la dirección de los átomos). En cambio, a aquellos que dividen las cosas en superficies no les es posible concebir esto, pues, salvo los sólidos, nada puede generarse de las superficies en composición; en efecto, ellos no afrontan la cuestión de hacer generar una afección a partir de las superficies.

El motivo de esta poca capacidad de captar los hechos [5] reconocidos es la falta de experiencia, y por eso quienes poseen una mayor familiaridad con los hechos naturales resultan más capaces de establecer principios tales que permiten relacionar mayor cantidad de fenómenos. Otros, en cambio, se entregan a excesivos razonamientos e, ignorantes de los hechos existentes, sólo consideran unos pocos y se expresan con ligereza.

[10] A partir de esto, también se puede observar cuánto difieren aquellos que basan su examen en los fenómenos naturales y los que lo encaran desde un punto de vista dialéctico 22 . Pues, en lo que respecta a la existencia de magnitudes indivisibles, los unos 23 expresan que, si no se admitiera, el «triángulo en sí» sería múltiple, mientras que Demócrito parece haber extraído sus creencias de argumentos apropiados y de carácter físico. Lo que decimos resultará claro con lo que sigue.

[15] En efecto, si se postula la existencia de un cuerpo o de una magnitud totalmente divisible y la posibilidad de esta división, se caerá en una dificultad. Porque, entonces, ¿qué cuerpo podrá escapar a la división? Pues, si algo es totalmente divisible y esta división es posible, podría estar ya dividido aun en el caso de que simultáneamente no se haya hecho la división. Mas si esto aconteciera, entonces nada sería imposible 24 . Lo mismo ocurre, pues, tanto en la [20] división por mitades como en la división en general: si un cuerpo es por naturaleza totalmente divisible, entonces nada podrá ser imposible si realmente ha sido dividido, puesto que no hay ninguna imposibilidad en que incluso se haga una división en innumerables partes innumerables veces, aunque, acaso, nadie pueda llevar a cabo una división tal.

Pero, ya que el cuerpo se supone totalmente divisible, supongamos que se lo haya dividido. ¿Qué será lo que queda de esta división? ¿Una magnitud? Esto no es posible, pues habrá algo que no ha sido dividido, y se supuso que [25] el cuerpo era totalmente divisible.

Pero si, por el contrario, no restara ningún cuerpo ni magnitud, y se mantuviera la división, o bien el cuerpo estará constituido de puntos y sus componentes carecerán de magnitud, o bien no quedará absolutamente nada y, en consecuencia, el cuerpo procedería de nada y estaría compuesto de nada, y entonces el todo no sería sino una apariencia.

Del mismo modo, si el cuerpo está constituido de puntos, [30] no habrá cantidad 25 . En efecto, cuando los puntos estuvieran en contacto, se formara una única magnitud y ellos se hallasen juntos, no por eso harían más grande al todo. Así, cuando se ha dividido el todo en dos o más partes, no es ni más grande ni más chico que antes, de modo que, aun en el caso de que todos los puntos estén juntos, no crearán una magnitud.

Por otra parte, si al ser dividido el cuerpo resulta algo similar a un grano de serrín y, de tal manera, de la magnitud [316b ] se desprende un cuerpo, valdrá entonces la misma argumentación: ¿en qué sentido es divisible dicho residuo 26 ? Mas si aquello que se desprendió de la magnitud no es un cuerpo, sino una forma separada o una afección, y la magnitud consiste en puntos o en zonas de contacto que poseen tal afección, resulta absurdo que una magnitud esté compuesta de cosas que no son magnitudes. Además, ¿dónde [5] estarán los puntos?, ¿y serán inmóviles o estarán en movimiento? 27 .

Un contacto existe siempre entre dos cosas, de modo que hay algo más que el contacto, la división o el punto. Así pues, si alguien supone la existencia de un cuerpo totalmente divisible, del tipo y dimensión que se quiera, sobreviene este tipo de consecuencias.

Además, si después de dividir un trozo de madera o [10] de alguna otra cosa, lo reconstruyo, éste será nuevamente igual que antes y uno. Sin duda es evidente que ello sucederá, cualquiera que sea el punto en que yo corte el trozo de madera. Luego es totalmente divisible en potencia. ¿Qué hay, entonces, además de la división? Pues, si hay también alguna afección, ¿cómo puede el cuerpo, empero, resolverse en estas afecciones y generarse de ellas? ¿Y cómo pueden [15] éstas estar separadas? 28 . En consecuencia, si es imposible que las magnitudes estén compuestas de zonas de contacto o de puntos, será necesario que haya cuerpos y magnitudes indivisibles. No obstante, también a quienes asumen esta última suposición se les presentan consecuencias no menos imposibles, que hemos examinado en otra parte 29 .

Pero, ya que debemos intentar resolver estos problemas, es preciso reformular la dificultad desde su origen. No es, en absoluto, absurdo que todo cuerpo sensible sea [20] divisible en cualquier punto e indivisible: será, en efecto, divisible en potencia e indivisible en acto. Pero parecería imposible que el cuerpo fuese en potencia divisible simultáneamente y en su totalidad. Pues, si esto fuera posible, la división podría efectivamente llevarse a cabo 30 , con la consecuencia de que el cuerpo no sería en acto simultáneamente indivisible y dividido, sino dividido en el punto en que se quiera. Mas, entonces, no restará nada, el cuerpo [25] se disolverá en la incorporeidad y, nuevamente, se constituirá a partir de puntos o de nada en absoluto. ¿Y cómo es esto posible?

Es claro, no obstante, que el cuerpo se divide en partes separadas y en magnitudes siempre menores, apartadas unas de otras y desprendidas. Entonces, al dividir en partes, [30] la escisión no puede llegar al infinito, ni el cuerpo puede simultáneamente ser dividido en todos sus puntos (pues es imposible), sino sólo hasta un determinado límite. Luego es forzoso que existan magnitudes indivisibles que no pueden ser vistas, en particular porque la generación y la corrupción existen, la primera por asociación y la segunda por disociación.

Éste es, pues, el argumento que parece hacer forzosa la existencia de magnitudes indivisibles. Pero nosotros [317a ] diremos qué paralogismo se oculta en él y dónde precisamente se oculta.

Puesto que un punto no es contiguo a otro punto, la divisibilidad total es, en un sentido, atribuible a las magnitudes, pero, en otro sentido, no 31 .

Cuando se admite la divisibilidad total, el punto parece [5] encontrarse en toda y cualquier parte, de modo que se hace necesario que la magnitud sea dividida hasta quedar reducida a nada, pues, al haber puntos en todas partes, estará entonces compuesta de zonas de contacto o de puntos.

Pero la magnitud es totalmente divisible sólo en el sentido de que hay un punto en cada parte y de que todos los puntos están en todas partes tomados particularmente; sin embargo, no hay más de un punto en cada lugar (pues los puntos no son consecutivos) y, por lo tanto, no existe [10] la divisibilidad total. Pues, si la magnitud fuera divisible en la mitad, también sería divisible en el punto contiguo. 〈Pero no lo es,〉 32 porque no hay una posición contigua a otra posición, o un punto contiguo a otro punto.

Por lo tanto, existen la asociación y la disociación, y esto es la división o composición 33 , pero no de átomos y en átomos (pues se seguirían muchas consecuencias imposibles), ni tampoco de tal suerte que la división llegue [15] a ser total (esto sucedería, en efecto, si hubiera un punto contiguo a otro punto); en cambio, sólo hay disociación en partes pequeñas o más pequeñas, así como asociación de partes más pequeñas.

Sin embargo, la generación absoluta y completa no se define por la asociación y la disociación, como afirman ciertos pensadores que consideran que la alteración consiste en un cambio en lo que es continuo. Éste es, empero, [20] el punto en el cual todas estas doctrinas yerran. En efecto, la generación y la corrupción absolutas no se producen por asociación y disociación, sino cuando una cosa se transforma en otra en su conjunto.

Hay quienes creen que todo cambio de esta clase es una alteración, pero, sin embargo, hay diferencia. En el sujeto del cambio están presentes lo correspondiente a la definición esencial y lo correspondiente a la materia; ahora bien, cuando el cambio es inherente a esto, habrá generación o corrupción, mientras que, cuando es inherente a [25] las afecciones y es accidental, habrá alteración.

Aquellas cosas producidas por disociación y asociación resultan fácilmente destructibles. Así, si las gotas de agua se dividen en partes más pequeñas, más pronto se produce el aire; pero esto sucede más lentamente si ellas están unidas.

Lo que decimos quedará más claro en lo que vendrá después 34 . Por ahora, quede, al menos, determinado que [30] es imposible que la generación sea una asociación, tal como algunos lo afirman.

Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural.

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