Читать книгу Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural. - Aristoteles - Страница 14
CAPÍTULO SÉPTIMO
ОглавлениеA continuación debemos tratar el tema de la acción [323b ] y la pasión. Al respecto, hemos recibido de nuestros predecesores explicaciones de cuño contrario.
La mayoría de ellos coinciden en afirmar que lo semejante es totalmente impasible por obra de lo semejante, en virtud de que ninguno es en absoluto más activo o pasivo que el otro (pues a las cosas semejantes les pertenecen, [5] por igual, todas las mismas propiedades), en tanto que las cosas disímiles y diferentes tienen la natural capacidad de actuar y padecer recíprocamente. Así, cuando un fuego más pequeño es consumido por uno mayor, expresan que el primero padece en virtud de su contrariedad, pues lo mucho es contrario de lo poco.
Sólo Demócrito sostiene, en contraste con los demás, [10] una posición peculiar. Manifiesta que el agente y el paciente son idénticos y semejantes, pues no puede darse que cosas diversas y diferentes sufran pasión unas por otras, y cuando, no obstante, dos entes diversos ejercen una cierta acción recíproca, esto ocurre no en cuanto que son diversos, sino en tanto que tienen una propiedad idéntica.
Tales son, entonces, las doctrinas al respecto, y los [15] que de este modo se expresaron parecen sostener posiciones contrarias. La causa del disenso es que, mientras que hace falta examinar la cuestión en su conjunto, cada grupo de oponentes sólo alcanza a considerar una parte de la misma.
En efecto, es razonable que lo semejante —algo entera y absolutamente no diferente de otra cosa— nada padezca por obra de lo que le es semejante (¿por qué, pues, uno [20] sería más apto para actuar que el otro? Si algo tuviera capacidad de padecer por obra de lo semejante, también podría padecer por obra de sí mismo; sin embargo, si las cosas fueran así y lo semejante en cuanto semejante tuviera capacidad de actuar, nada podría ser incorruptible ni inmóvil, pues todo se movería a sí mismo).
Pero lo mismo sucederá con aquello que es completamente [25] diverso y carece de toda identidad. La blancura nada puede padecer por obra de la línea, ni la línea por obra de la blancura, salvo, acaso, por accidente, si aconteciera, por ejemplo, que la línea fuera blanca o negra, pues aquellas cosas que no son contrarias ni compuestas de contrarios 85 no pueden apartar una a la otra de su condición natural.
[30] Empero, dado que no cualquier cosa es naturalmente apta para actuar y padecer, sino sólo aquellas que son contrarias o poseen contrariedad, es necesario que el agente y el paciente sean semejantes e idénticos en género, pero desemejantes y contrarios en especie.
Así, un cuerpo es naturalmente apto para padecer por obra de otro cuerpo, un sabor por un sabor, un color por un color y, en general, una cosa por obra de otra de igual [324a ] género: la causa de ello es que los contrarios pertenecen todos al mismo género, y que los contrarios actúan y padecen por obra recíproca. De tal modo, necesariamente, agente y paciente son idénticos en un sentido, pero diversos y desemejantes entre sí en otro sentido.
[5] Y, visto que el agente y el paciente son idénticos y semejantes en género, pero desemejantes en especie, y que tal cosa es propia de los contrarios, es evidente que los contrarios y sus intermedios tienen capacidad de actuar y padecer recíprocamente —y, en efecto, la corrupción y la generación, en general, tienen lugar entre ellos 86 .
Por eso, también es razonable afirmar tanto que el fuego calienta como que lo frío enfría y, en general, que el agente asimila a sí al paciente. En efecto, el agente y el [10] paciente son contrarios, y la generación es un pasaje a lo contrario, de manera que, necesariamente, el paciente se transforma en el agente, pues de esta manera la generación será un pasaje a lo contrario.
Resulta conforme con la razón que unos y otros pensadores, sin sostener la misma doctrina, lleguen, no obstante, [15] a captar la naturaleza de las cosas.
En efecto, a veces decimos que es el sustrato el que padece (por ejemplo, que el hombre sana, se calienta, se enfría e, igualmente, con las demás afecciones), mientras que otras veces decimos que lo frío se calienta y que quien está enfermo sana. Ambas expresiones son verdaderas (y lo mismo ocurre en el caso del agente: a veces decimos [20] que el hombre calienta, otras que el calor calienta), pues en un sentido es la materia la que padece, mientras que en otro sentido es el «contrario».
Por consiguiente, los pensadores que tenían la vista puesta en el sustrato creyeron que el agente y el paciente debían poseer algo idéntico, mientras que los otros, con la vista puesta en los contrarios, sostuvieron la creencia opuesta.
Debemos aceptar que el mismo argumento que se aplica [25] a la acción y a la pasión vale también para el mover y el ser movido. Pues también «motor» se dice en dos sentidos, porque tanto parece ser el motor aquello donde se encuentra el principio del movimiento (el principio es, en efecto, la primera de las causas), como también el último término en relación con lo movido y con la generación.
Lo mismo sucede con respecto al agente: tanto decimos [30] que lo que cura es el médico como que es el vino. Ahora bien, en el movimiento nada impide que el primer motor sea inmóvil (y en algunas instancias ello es aun necesario), pero el motor último siempre mueve siendo movido. En el caso de la pasión, por su parte, el primer agente resulta impasible, mientras que el agente último experimenta también una pasión.
Así, todos aquellos agentes que no poseen la misma materia que el paciente, actúan permaneciendo impasibles [35] (por ejemplo, el arte de la medicina, que, al producir la salud, no sufre pasión alguna por obra del que sana); [324b ] en cambio, el alimento, al actuar, experimenta también una cierta pasión: resulta calentado o enfriado o sufre alguna otra pasión al tiempo que actúa. Aquí el arte médica cumple el papel de principio, mientras que el alimento cumple el de motor último en contacto con lo movido.
Por tanto, todas las cosas activas que no poseen su forma [5] en una materia son impasibles; en cambio, son susceptibles de pasión aquellas cuya forma existe en la materia. Afirmamos que la materia es, igualmente, la misma, por así decirlo, para cualquiera de los dos opuestos, como si se tratara de un género, y que, cuando está presente y próximo aquello que produce calor, lo que tiene la potencia de calentarse necesariamente se calienta.
De ahí que, tal como se dijo, entre las cosas capaces de actuar, unas sean impasibles y otras susceptibles de pasión. [10] Y tal como ocurre en el movimiento, del mismo modo sucede con las cosas activas, ya que allí el primer motor es inmóvil, mientras que en este último caso el agente primero es impasible.
El agente activo es causa en tanto es aquello donde está el principio del movimiento. Sin embargo, la causa final no es activa (por lo cual la salud no es un principio activo, salvo en sentido metafórico). Así, cuando está presente [15] el agente, el paciente llega a ser alguna cosa, mientras que al estar presentes los «estados», el paciente no llega a ser sino que ya es . Las formas y los fines son una clase de «estados» 87 , mas la materia, en cuanto materia, es pasiva.
Por consiguiente, el fuego tiene el calor en la materia, mas si el calor existiera en forma separada, no podría experimentar pasión alguna. Por cierto que el calor no parece [20] existir separado; pero, si se diera el caso de tales existencias separadas, lo que decimos sería también verdadero para ellas.
Queda de este modo explicado qué son la acción y la pasión, en qué cosas existen, por qué y cómo se presentan.