Читать книгу La conquista de Rosas - Gerardo Bartolomé - Страница 19
Buenos Aires, 11 de octubre de 1833
ОглавлениеEl rumor que corría por las clases bajas se vio confirmado cuando aparecieron leyendas y carteles en toda la ciudad, que anunciaban que a las diez de la mañana se procesaría al Restaurador de las Leyes.
“¿Cómo puede ser?”, se preguntaban unos. “¡Traición!”, gritaban otros.
Las redes de comunicación de Doña Encarnación lograron que el juzgado fuera rodeado de cientos de personas que gritaban insultos amenazadores y exigían la renuncia de Balcarce.
La mulata Toribia, como le decían los que la odiaban, había hecho creer a los seguidores de Juan Manuel que el Gobierno aprovechaba su ausencia para juzgarlo y declararlo culpable de algo. Pero la verdad era que se trataba de un juicio contra el periódico apostólico de nombre “El Restaurador de las Leyes”, igual que como llamaban a Rosas.
De nada sirvió que el Gobierno intentara aclarar la situación, la turba ya estaba exasperada. Las tropas tuvieron que proteger los principales edificios de gobierno, pero no podían controlar todo. En las afueras de la ciudad se agruparon grupos armados partidarios de Rosas.
Darwin, el joven naturalista inglés, finalmente llegó a Buenos Aires, luego de su larga travesía de dos meses por la pampa, pero no pudo ingresar en la ciudad por el estado de beligerancia entre las dos facciones. Él escribió en su diario: “El general Rosas no puede estar al tanto de este levantamiento, pero creo que este va de acuerdo a su estrategia”.
Finalmente el gobierno de Balcarce, viendo que no podía salir de la situación, negoció una salida honorable. Su lugar sería ocupado por otro federal más allegado a Juan Manuel, el general Juan José Viamonte.
Para Encarnación, se trataba de otro tibio. Pero estaba muy conforme con lo acontecido. Se había demostrado que el pueblo estaba con Juan Manuel y que no se podía ir en contra de él. Sería una cuestión de tiempo hasta que también se encargaran de Viamonte.
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