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Junio de 1831
Оглавление—Pero Niña, ¿por qué no me habían dicho esto antes?
Baigorria había conseguido mandar una carta a su familia en San Luis, y de allí habían enviado a una de sus hermanas, la más bonita de ellas, a hablar con el Gobernador de Mendoza, para pedir por la libertad de su hermano.
El Gobernador, que no estaba al tanto del caso, creyó que se trataba de uno de esos que estaban presos por haber sido denunciado como unitarios. En algunos casos las denuncias eran ciertas, pero en muchos otros casos se trataba de venganzas o de alguien que, para escapar de una deuda, hacía que su acreedor fuera fusilado por unitario. Los gobernantes, sabedores de que había muchos de estos casos injustos, estaban dispuestos a ofrecer el perdón, pero siempre a cambio de algo; de dinero o… El Gobernador miró a la muchacha con una sonrisa.
—Recién hemos sabido de él. Él quiso probar, con su silencio, la fidelidad a la causa. Nosotras estamos seguras de que, por más que siga preso uno o dos años más, no va a aparecer ningún delator o denuncia sobre él. Imagínese usted… ¿mi hermano menor preso en una barra de grillos por más de dos meses, y no aparece su supuesto delator? —dijo ella, al borde de las lágrimas.
El Gobernador la miró con una sonrisa, y llamó a su asistente.
—Señor González, haga que salga Baigorria en libertad.
El Gobernador volvió a sonreírle a la linda muchacha.
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