Читать книгу Stigma - Marta Cruces - Страница 10
ОглавлениеMartes 4 de septiembre
11:30 a.m.
Ry
Hospital Camino
Está poniéndose la gorra, aún en el interior del coche, cuando el mánager Cheol le indica al conductor que dé otra vuelta. A través del cristal tintado, no alcanza a ver mucho de lo que ocurre fuera, por lo que no le es complicado abstraerse de la situación que está viviendo y pensar en un lugar mejor.
En Gangdong. Piensa en su ritmo calmado, típico de las ciudades más pequeñas, el sonido del mercado cercano a casa de sus padres que le parecía estruendoso antes de mudarse a una ciudad más grande. También extraña el poder coger la bicicleta todos los días o marcharse los fines de semana a la aldea de sus abuelos. El olor intenso de los pinos y los chopos que entra a través de los ventanales tradicionales de la habitación que siempre está esperándolo.
Lo que daría por poder escaparse allí y no tener que preocuparse por todos los periodistas agolpándose en la entrada del hospital, desesperados por conseguir la instantánea que confirme el estado desmejorado de Jaehee. No son más que buitres.
Se le agría el carácter con esos pensamientos, por lo que se obliga a dejarlos de lado:
—Al menos, eso significa que ya no persiguen a los de Bright.
El mánager se apoya en el respaldo. Las ojeras son demasiado evidentes bajo sus ojos tan alargados y la piel demasiado pálida no ayuda a mejorar su aspecto. Ry sabe que debe llevar en vela desde que Jaehee sufrió el ataque de pánico, pero no ha querido verlo. Está tan acostumbrado a que el mánager Cheol sea la roca que siempre los ayuda, que no se le ocurre que pueda flaquear igual que cualquiera de ellos.
Igual que la mánager Park, que a esas horas ya deben de haberla relevado de sus deberes para que tome la baja. Ry le dejó una carta de despedida en su despacho, pero, aun así, no le parece suficiente como agradecimiento, con todo lo que siempre ha hecho por ellos.
—No creas. La verdad es que la mayoría de los que están aquí son los más carroñeros, ten en cuenta que se mueren de ganas por vincular esto con lo de D. Sun —dice el mánager Cheol pasándose una mano por el cabello para asegurarse de que está todo en orden.
—Si ellos supieran lo encaminados que van…
—Pero no lo sabrán —lo corta el mánager con una mirada de advertencia.
—Claro, claro —se corrige Ry bajando la visera de la gorra hasta tapar su rostro.
—Ya estamos —avisa, dando por finalizada la conversación.
El vehículo se detiene con suavidad en la entrada del hospital. A Ry siempre le ha parecido un lugar muy amplio, con esa rotonda de dos carriles y los cuatro pilotes que sostienen el voladizo de entrada. Pero ahora se le antoja muy pequeña con tanta gente concentrada frente a ella.
El mánager Cheol le abre paso con firmeza, colocándose a un lado de Ry para escoltarlo. Él se limita a caminar en línea recta hacia la puerta, confiando por completo en el mánager, mientras ignora a los periodistas que no dejan de disparar preguntas como dardos. Sacude la cabeza, cada vez más molesto.
¿Ese le ha preguntado si Jaehee consume estupefacientes?, ¿si en cuanto se enteró del suicidio de D. Sun decidió hacer lo mismo para opacar su leyenda? ¿De quién creen que están hablando?
No tienen ni idea.
Aunque, claro, él tampoco hubiese dicho que D. Sun sería capaz de algo así. Se le encoge el corazón cuando lo piensa, aún no le ha dado tiempo a digerir la noticia.
La entrada del hospital está igual de iluminada que de costumbre. Allí es donde los llevan si enferman, así que sabe que la galería principal se extiende en dos direcciones. Por la derecha, se llega a las consultas externas, Ry estuvo allí cuando se lesionó el tobillo por un mal giro y un fisioterapeuta lo trató durante varias sesiones. En cambio, a la izquierda, hay unas escaleras mecánicas al fondo; pero Ry se encamina hacia el ascensor que lo llevará a las plantas más privadas. Una de ellas reservada entera para Jaehee.
Marca el veintiséis y el mánager Cheol se coloca a su lado. Está a punto de quitarse la gorra cuando dos chicas, tomadas del brazo, entran en el ascensor. Se cala la visera en cuanto escucha que empiezan a cuchichear.
—No puede ser, ¿es Ry? —dice una de ellas sin molestarse en ser más discreta.
—Sí, creo que es el vocalista, al que llaman el caballero de brillante armadura —susurra la otra.
Ry cambia de posición para que no vean más el contorno de su cara. Sabe que Jiyoung les dirigiría una sonrisa preparada para dejarlas sin habla y que Hyun se limitaría a mirarlas con expresión aburrida. Pero él se queda quieto.
—Es que Jaehee está hospitalizado, parece que ha intentado…
Alza la cabeza de golpe mientras habla y su mirada se encuentra con los ojos maquillados de una joven mayor que él. La mandíbula de Ry está tensa.
El ascensor emite un pitido y las chicas salen en cuanto la puerta se abre.
Ry apoya la cabeza contra la pared y suspira.
—No deberías haber hecho eso —le recrimina el mánager Cheol.
—¿Por qué no? No voy a permitir que digan mentiras de Jaehee… Además, seguramente ni sean jixis, no son más que unas noonas charlatanas.
—Da igual que sean vuestras fans o no, son público y…
—Siempre hay que dar buena imagen, sí, sí —suspira Ry de nuevo, haciendo un gesto con la mano.
El mánager lo precede al salir del ascensor y un doctor les sale al paso.
—¿Mánager Cheol? —El aludido asiente—. Querría hablar un momento con usted sobre Jung Jae-Hee.
Ry hace un gesto en dirección a la habitación de su compañero y los deja a solas. Consigue escuchar algo sobre darle el alta al día siguiente, pero sigue su camino. Antes de entrar, le llega el sonido de unas ruedas deslizándose por el suelo y pone los ojos en blanco. Descubre a Jaehee detenido en mitad de la sala, arrastrando consigo el gotero.
—¿Qué crees que estás haciendo? —pregunta mientras se quita la gorra.
—Irme.
—Tú no vas a ningún lado.
—Ya verás que sí, y tú me vas a ayudar, ¿verdad? Déjame tu chaqueta y tu gorra, me pondré una mascarilla.
—Estás loco, ¿sabes lo plagado de prensa que está el hospital?
Los ojos de Jaehee están sombreados por unas profundas ojeras que destacan sobre el resto de la cara. Duda que haya pensado siquiera en la prensa o en que se encuentra en un hospital. Ry traga saliva al toparse con su mirada. El ritmo que llevaban con las prácticas era agotador, pero ahora es cuando se lo nota.
—Tengo que ver a los chicos. D. Sun querría… —A Jaehee se le quiebra la voz.
Ry lo rodea en un abrazo firme y el chico esconde la cabeza en el hueco de su cuello.
—Lo sé, pero, si te vas ahora, después te pondrán problemas para asistir al funeral.
Un sollozo rompe la garganta de Jaehee.
Porque sabe que tiene razón.