Читать книгу Stigma - Marta Cruces - Страница 18
ОглавлениеJueves 6 de septiembre
10:00 p.m.
Taeyang
Casa St!gma — Pasillo entre habitaciones
La jaqueca que lo acompaña desde primera hora de la mañana no termina de abandonarlo, el dolor de los ojos es tal que apenas puede mantenerlos abiertos. Solo quiere irse a la cama y descansar, pero lleva todo el día recibiendo mensajes de amigos preocupados por el estado de Jaehee y debería aprovechar para responderlos.
Se aprieta el puente de la nariz con el índice y el pulgar.
—¿Ya está en la cama? —pregunta Jiyoung.
Tae abre los ojos sin molestarse en disimular su molestia y se encuentra con el líder de St!gma mirándolo de brazos cruzados sobre el pecho. Con ese aire de superioridad que nunca le falta.
Se llega a plantear la posibilidad de no contestarle, de permitir que el silencio se extienda entre los dos, tan espeso como siempre, pero sabe que Jiyoung sería capaz de pasar por encima de él y entrar para comprobar por sí mismo cómo está Jaehee.
—Sí, estaba quedándose dormido —responde secamente.
Jiyoung asiente y Tae acaricia la idea de que eso sea todo. Que, por una vez, lo deje estar.
—¿Por qué no me has dicho que Jaehee no se sentía bien para ir a la ceremonia de despedida? —pregunta Jiyoung con una arruga en la frente.
Taeyang suspira y trata de convencerse de que solo lo hace porque está preocupado por Jaehee. Puede entenderlo, pero todo tiene un límite. Incluida su paciencia.
—No tengo por qué decirte todo lo que él me cuenta —responde Tae sin molestarse en esconder que está irascible.
Jiyoung deja caer los brazos y desliza la mirada hacia un lado, como si a él también le resultara agotador. Pero entonces, ¿por qué se empeña?
—¿Y si le hubiera pasado algo en la ceremonia? ¿Acaso has pensado en eso?
Sigue insistiendo, sigue empujando hasta que Taeyang sobrepasa su aguante.
—Quería ir, Jiyoung, no soy quién para prohibirle que se despida de una persona tan importante para él. ¿Es que no te entra en la cabeza que no puedes controlarlo todo?
Habla en voz baja porque no pretende molestar el sueño de Jaehee y, aun así, se las arregla para que sus palabras suenen hirientes.
—Lo que no me entra en la cabeza es por qué piensas que yo le prohibiría algo. ¿La imagen de tirano que me has puesto me queda bien, Taeyang? —dice Jiyoung caminando hacia él con la barbilla levantada.
Tae no se mueve de donde está, se limita a estrujar el móvil entre los dedos como si fuera la única manera de detenerse.
—¿Imagen? ¿Te refieres al aspecto de mártir que te gusta utilizar con el mánager Cheol después de tantas cagadas? —pregunta Taeyang, con una de las comisuras ligeramente inclinada hacia abajo, después se acerca a su oído para terminar de susurrar—: Se te da muy bien, líder.
La entonación burlona no le pasa desapercibida a Jiyoung, Taeyang puede ver cómo su expresión se transforma en una mueca de enfado y, aunque sea mezquino, disfruta haberlo provocado.
—Al menos, yo no me he quedado dormido mientras a Jaehee le da un ataque de pánico —responde Jiyoung sin parpadear.
La sonrisa que había empezado a dibujarse en los labios de Tae se desvanece como si nunca hubiera existido. Crispa los puños y empuja a Jiyoung hacia la pared contraria. Lo escucha chasquear la lengua, pero ya lo ha agarrado del cuello de la camisa.
—Repítelo —lo reta Taeyang encarándolo con los dientes apretados.
—Que te moleste no lo hace menos real —dice Jiyoung, que le agarra una de las muñecas.
Un vacío se abre bajo los pies de Tae y siente las lágrimas pugnando por salir de sus ojos brillantes. Sin embargo, logra resistir, no quiere llorar delante de Jiyoung.
—¿Os habéis vuelto locos?
La voz de Hyun le llega desde la espalda y, de inmediato, siente su mano en el hombro. Es un agarre firme y cálido que lo obliga a soltar a Jiyoung.
—No es el momento de ponernos en plan jefe del gallinero, ¿me oís? —los reprende Hyun mirándolos alternativamente antes de centrarse en Tae—. Anda, dúchate y a la cama.
Coincidiendo con sus palabras, Hyun mueve la mano hasta su mejilla y se la acaricia para que vuelva en sí, aunque lo que le provoca es un escalofrío incómodo. Ahora no quiere que intenten hacerle sentir mejor, quiere estar tranquilo.
Por eso abre la agenda del teléfono y busca el número de Arem. Pese a que no puede salir de esa cárcel que llama hogar, necesita una voz amiga que no le recuerde el monstruo que es.