Читать книгу Stigma - Marta Cruces - Страница 16
ОглавлениеJueves 6 de septiembre
12:00 a.m.
Jiyoung
Centro funerario
Cabeza gacha y mirada fija hacia la puerta de entrada. Es lo que Jiyoung tiene en mente mientras el mánager Cheol tira de la manecilla de la furgoneta para que bajen por orden. El silencio del exterior se le hace extraño, frío, triste.
Medios de comunicación y fans están tras unas vallas. Les han pedido que, por respeto a la familia y amigos de D. Sun, permanezcan callados en la medida de lo posible. Por eso no gritan, aunque las exclamaciones a media voz no se hacen esperar. Jura que puede notar sus miradas, pese a que no eleve la vista. Pesan sobre sus hombros.
Los murmullos crecen una vez la puerta del vehículo se ha cerrado. Sabe que el último en salir ha sido Jaehee. Un montón de flashes se derraman sobre ellos, los clics de las cámaras nunca le han sonado más inapropiados.
Hoy no se detienen a saludar. Van vestidos con colores oscuros y los trajes son los más sobrios que tenían en los vestidores.
—Deberíamos haber venido antes —susurra Hyun poniéndose a su lado mientras suben las escaleras.
Jiyoung no reprime un siseo.
—Eso díselo al que ha estado arreglándose el pelo durante veinte minutos para después ponerse un sombrero —le recrimina alzando una ceja.
No sabe cuántas veces le ha dicho a Taeyang que tenían que salir. Siempre se lo encontraba frente al espejo. Para no variar.
—Ha sido por mí.
—Jaehee… —Taeyang intenta detenerlo.
Jiyoung echa la vista hacia atrás y ve a Jaehee observándolo con los ojos brillantes.
—¿Te encontrabas mal? ¿Por qué no has dicho nada? Nos hubiéramos quedado.
—Porque no quería quedarme. Este es mi lugar, aunque duela. Puedo soportarlo. —Jaehee le aguanta la mirada.
—Yo no he dicho lo contrario —se defiende Jiyoung.
—Entonces deja de mirarlo como si se fuera a romper —interviene Ry, haciendo que todos se vuelvan hacia él—. Vamos.
Hace un gesto de cabeza. Frente a ellos, hay un marco de grandes dimensiones con un retrato fotográfico de D. Sun. Su sonrisa asimétrica inmortalizada. Lo rodea una corona de flores decorada con cintas doradas y blancas, los colores de Bright.
Se les corta la respiración.
Taeyang pone el sombrero sobre la cabeza de Jaehee mientras bajan los escalones, de vuelta. Jiyoung retira la mirada para dirigirla a la cristalera de salida.
La luz del atardecer es igual de anaranjada que en cualquier otra ocasión, pero las nubes están tan bajas que cubren los edificios más altos y forman siluetas violáceas. Parecen fantasmas cerniéndose sobre ellos, igual que la gente que se apelotona en la puerta y crea sombras amenazantes. Si se concentra lo suficiente, Jiyoung puede ignorarlos y recordar el atardecer desde la casa de sus padres, en Bukchon Hanok, tan cerca de la cumbre de su colina que es posible ver todo el contorno de Seúl, la Torre Namsan sobresaliendo como un gigante entre la bruma, teñido por la luz rojiza del final del día.
Suspira sin saber cuándo tendrá una nueva oportunidad de volver a casa y desconectar una semana. Necesita oír a su madre canturrear mientras prepara tantos platos que es imposible acabárselos sin reventar, o que su padre le pida ayuda para terminar la maqueta de ese barco que tiene ganas de ponerse a pintar.
—Iré primero —explica Hyun adelantándose unos pasos—. Jaehee y Ry, detrás de mí, y vosotros cerrando.
—El mánager Cheol dice que están fuera —avisa Taeyang después de asegurarle el sombrero a Jaehee.
La puerta automática se abre ante ellos y avanzan. Los glowies y periodistas no son tan silenciosos como los que estaban esa mañana. Parecen impacientes.
—¿Y Dak-Ho? ¿Nevah está bien? —escucha desde todas partes.
Jiyoung aparta la mirada. Completamente destruido, el vocalista de Bright se encuentra de rodillas frente al altar que han hecho en honor a D. Sun, y supone que Nevah estará intentando consolar a los compañeros de G. Studios que aún quedan. En cambio, no escucha que pregunten tanto por Bae, el callado rapero que apenas les ha dirigido una mirada en todo el encuentro. ¿Tendría que haberse acercado a hablar con él? Resuelve que le escribirá un mensaje cuando estén en la furgoneta.
Ve a Taeyang apretando la mandíbula y se esfuerza en mirar de frente. No es el momento de perderse en sus pensamientos. Entonces, desde la derecha, surge un brazo que agarra a Jaehee, haciéndole perder el equilibrio. El sombrero cae al suelo. La gente grita. Los ojos llorosos de Jaehee se abren de par en par en una muda exclamación de ayuda. Taeyang reacciona un segundo antes que él y lo agarra del otro brazo, pero no impide que se golpee de costado contra la valla de contención.
Los guardias intentan posicionarse en medio mientras el sonido de las cámaras se multiplica hasta aturdir. Lo ciegan.
Jiyoung gira la cabeza y sus ojos se encuentran con los de una chica vestida de negro y el flequillo desfilado. Lleva una sudadera de Bright con las alas a ambos lados de la capucha. Sus labios están abiertos por la sorpresa, seguramente, en una mueca idéntica a la suya.
Se mueven al mismo tiempo.
Ella regaña a la joven que parece no tener intención de soltar a Jaehee y Jiyoung se vuelve hacia el mánager Cheol, que se acerca a paso rápido.
—Ya está bien, estamos en una ceremonia de despedida. —Una voz clara suena a su espalda—. Haga el favor de mantener el respeto.
Lo primero que Jiyoung ve es una media melena negra y tan lisa como el papel. La corta estatura de la recién llegada no es impedimento para que la otra joven suelte a Jaehee. Se lleva las manos al rostro, apurada, y rompe a llorar.
—Lo siento.
Jiyoung vuelve a buscar entre la gente a la chica del flequillo desfilado, pero no es capaz de encontrarla.