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Miércoles 5 de septiembre

09:00 a.m.

Jaehee

Hospital Camino

Tira de los bajos de la sudadera para colocársela sobre la camiseta blanca y limpia que no huele a hospital. Huele a casa.

Jaehee está encantado de marcharse porque esos dos días se le han hecho completamente eternos. Ni siquiera sabe lo que ha ocurrido fuera de esas paredes porque no tiene su teléfono.

Tampoco es que lo haya pedido.

Nadie le ha contado qué ha pasado con las promociones que tenían progamadas para esas fechas y tampoco se atreve a preguntar: porque no quiere reconocer que no se siente preparado para ello.

Después de lo de D. Sun.

Jiyoung entra en la habitación sin llamar, como es su costumbre, y hace un gesto con la cabeza hacia el mismo punto por el que acaba de aparecer.

—Vamos, andando.

—¿Quieres dejar que se prepare? —Tae mira al líder con los ojos entornados.

—Yo ya estoy —responde Jaehee cargando su bolsa.

—¿Ves? —Jiyoung parece ufano—. Trae eso, no quiero que hagas esfuerzos.

Tae se le adelanta, coge la bolsa de Jaehee y se la cuelga del brazo.

—Bah, como quieras —dice el líder abriendo la puerta para que salgan del cuarto.

El resoplido de Taeyang no le sorprende, Jiyoung y él acostumbran a sacarse de quicio. Normalmente, media entre ellos, pero hoy no tiene ganas.

Al salir al pasillo, todo está en calma, esa quietud tan escalofriante que es característica de los hospitales. Hubieran preferido salir más temprano, pero el doctor no le ha firmado el alta hasta hace unos minutos.

Aunque camina al lado de Tae y eso siempre lo relaja, Jaehee siente que le sudan las palmas de las manos conforme los pisos se suceden en el ascensor.

—No te separes de mí —le susurra Taeyang inclinándose hacia él.

En respuesta, Jaehee da un pequeño paso hacia Tae, dejando apenas espacio entre los dos, y comparten una sonrisa.

—Vamos a ello —anuncia Jiyoung.

El líder saca unas gafas de sol del bolsillo y se las pone en cuanto la puerta del ascensor se abre. Ya pueden ver los flashes de las cámaras a través de la cristalera de la entrada. Jaehee se coloca la mascarilla negra y se sube la capucha. A su lado, Tae también se ha puesto unas gafas alargadas color caramelo y cristal de espejo.

Las voces se amplifican una vez se encuentran fuera y le cuesta horrores concentrarse. Solo escucha su nombre y el de D. Sun pronunciado mil veces. Nunca le han sonado peor.

—¿Cuál es su estado? ¿Ha hablado con los miembros de Bright? —dicen a su derecha.

—¿Su condición le permitirá acudir con el resto de St!gma a la ceremonia de despedida que han organizado para D. Sun?

¿Qué les contesta Jiyoung por encima del chasquido de las cámaras? No alcanza a oírlo. Está a punto de agachar la cabeza cuando su mirada se ve atraída por un cartel negro con unas letras plateadas que forman su nombre en hangul. El corazón le salta en el pecho de forma agradable.

Jaehee sonríe tras la máscara y alza una mano hacia la concentración de jixis que se han acercado para conocer su estado.

—¡Tendríais que estar en clase! —les grita, provocando risas.

Tae suelta una carcajada y pone la mano en la parte baja de su espalda. Ese gesto familiar le hace sentir más calidez. Todos los seguidores agitan las pancartas con fuerza y eso le contagia una energía mucho más positiva, por lo que empieza a dar saltos en el sitio.

—Serás payaso… —niega Tae mientras Jiyoung los empuja hacia la furgoneta negra que los espera en la calzada.

Stigma

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