Читать книгу Stigma - Marta Cruces - Страница 7
ОглавлениеMartes 4 de septiembre
05:00 a.m.
Jaehee
Hospital Camino
El sudor frío empapa su espalda. Se gira en la cama con el ceño fruncido, molesto por el sueño que le trae demasiados recuerdos.
—¿El stage name no es un poco pretencioso, hyung? —pregunta Jiyoung con una risa divertida.
—No sé de qué hablas, es terriblemente sincero —contesta Dak-Ho siguiéndole la broma.
—¿Es envidia lo que siento? Vosotros que os quedáis con vuestros nombres en vez de pasar a ser leyendas… —responde D. Sun con una reverencia.
Una de las mejores cosas de Nowadays Entertainment es su amistosa relación con G. Studios, la empresa con la que Bright va a debutar, porque, gracias a eso, están allí. Jaehee mira desde la esquina, sentado contra el espejo de la sala de baile en la que el grupo ensaya mientras Jiyoung y él observan y aprenden.
Nevah acostumbra a decir que ni siquiera advierte que se encuentra presente porque se mimetiza con el espacio, pero los demás suelen chistarle para que no moleste al pequeño trainee.
Jaehee no suele hacerle caso, normalmente está más pendiente del magnetismo de D. Sun. A pocas semanas del debut, al fin se han decidido por un sobrenombre para el líder de ese grupo que Jaehee sabe que va a triunfar.
—¿Y tú qué piensas, canijo? —pregunta D. Sun alzando la barbilla hacia él.
Jaehee se encoge en el rincón, queriendo ponerse los cascos y fingir que no lo ha escuchado. Sabe que, de no haberlo mirado, no le preguntaría, pero es inevitable.
—¿Qué pienso del nombre? Me gusta —susurra en voz tan baja que Jiyoung y Dak-Ho lo observan con expresión confundida.
D. Sun sonríe de oreja a oreja y alza la cabeza, la fina recta de su cuello y ese gesto que deja claro que siempre tiene algo que decir. Se le hace familiar porque rara vez se queda callado si hay alguna posibilidad de hablar. Todo lo contrario que él. Por eso lo admira, por eso le gustaría parecerse al chico.
Tiene una forma muy especial de sonreír. Sus labios forman dos líneas paralelas con un pequeño espacio entre ellos que muestra los dientes bien alineados y pequeños. Jaehee parpadea, sintiendo que las mejillas le enrojecen violentamente. No sabe dónde meterse. Aun así, sigue hablando:
—¡No! —La sonrisa de D. Sun se alarga un poco más hacia un lado, creando una asimetría encantadora—. Digo…, sí. Creo que es apropiado. Para ti.
Jiyoung le revuelve el cabello como de costumbre .
—¿En serio te gusta?
—Creo que es brillante… igual que él.
—Oh, por favor, Jaehee. No le hagas la pelota, que se lo cree —dice Jiyoung dándole un empujó n suave.
—Deja que el chico opine lo que quiera —chista D. Sun antes de guiñarle un ojo a Jaehee—. No es tanto que yo me crea el sol, sino lo que quiero ser, ¿ sabes?
—Me repito: nada pretencioso —señala Jiyoung cruzándose de brazos y recorriendo la sala.
—Es bonita… la idea de querer ser el sol para los demá s.
La voz de Jaehee es un hilo cuando interviene y se esfuerza en fijar su atención en el suelo o en el polvo inexistente que se sacude de los pantalones. No se atreve a observarlo de nuevo hasta que termina y se percata de que D. Sun lo está mirando con curiosidad.
Una que nunca dejó de sorprenderlo a lo largo de los añ os.
Una que ha perdido repentinamente.
Jaehee se despierta del sueño con los ojos inundados de lágrimas y las pulsaciones disparadas por la angustia que se cierne sobre él.
Es imposible. Imposible que se encuentre en un mundo en el que D. Sun ya no está.