Читать книгу Stigma - Marta Cruces - Страница 21
ОглавлениеViernes 7 de septiembre
11:00 a.m.
Jaehee
Casa St!gma — Estudio
De nuevo, vuelve la mirada hacia el reloj y suspira. Es como si el tiempo no pasara ahora que todos están haciendo actividades individuales. Jaehee no tiene ninguna serie que grabar, ni sesiones fotográficas interminables, tampoco debe asistir a reuniones con los mánager o dar charlas a los aprendices de la compañía. Ni siquiera han dejado que se marchara unos días con sus padres porque, en opinión de Nowadays Entertainment, es desaconsejable inmiscuirlos en esa delicada situación.
El resultado final es que se ha quedado solo en la casa, sin contar a los responsables de seguridad y a un par de personas más del equipo. Realmente, en esa casa hay bastante gente, pero Jaehee continúa sintiéndose como si no hubiera nadie.
La puerta suena a sus espaldas y se sorprende porque no contemplaba la posibilidad de que alguno de los chicos volviera temprano. Por otro lado, ninguno de sus compañeros llamaría de esa manera, todos entrarían sin preguntar. Baja los controles de sonido hasta que apenas se escucha la melodía y se levanta.
Está seguro de que hasta la una y media no aparecerá nadie por casa, así que abre la puerta con los ojos entornados.
La mirada amable de la mánager Shin está al otro lado. El día anterior no tuvo tiempo de presentarse y fue incapaz de fijarse en ella por lo nervioso que estaba a causa del altercado. Le llama la atención lo joven que parece, no puede ser más mayor que Hyun.
—Hola, me han dicho que podía encontrarte aquí, ¿te molesto? —dice animadamente.
Jaehee se gira un poco hacia el interior del estudio. Tiene todas sus cosas desperdigadas, pero no ha conseguido hacer nada. Se pasa la mano por la nuca, despeinándose un cabello que ya necesita un buen corte.
—Es que había pensado que, como los chicos no vuelven hasta dentro de un rato, podríamos cocinarles algo —continúa Iseul, pese a no recibir respuesta—. La mánager Park me dijo que te gustaba ayudar en la cocina.
Pensar en ella hace que las comisuras de Jaehee tiren hacia ambos lados. La mánager Park siempre ha sido como un rayo de luz para él y recordar sus sesiones de cocina le da ánimos.
—Pero tengo que recoger…
—Entonces, mejor cuatro manos que dos —se adelanta Iseul sin esperar a que responda.
Coge la manecilla de la puerta para abrirla del todo y pasa al interior del estudio. Jaehee se queda mirando el pasillo vacío y pestañea. A sus espaldas, Iseul ya está ordenando los papeles dispersos por la mesa. Jaehee aprieta los labios y se vuelve hacia ella.
—Ayer no le di las gracias por…
—No tienes por qué. Es mi trabajo.
—Igualmente…
Iseul se gira hacia Jaehee y le tiende una carpeta con todo dentro. Su sonrisa lo relaja.
—Fue una completa falta de respeto lo que hizo esa chica, solo actué como creí que debía —explica Iseul encogiéndose de hombros—. Lo que me importaba era que tú estuvieras bien.
Jaehee coge la carpeta y baja un poco la mirada.
—Venga, he conseguido llegar hasta aquí, pero creo que me perderé yendo a la cocina, ¿me guías? —dice Iseul con una sonrisa.
Siente la mano de ella en el brazo, sus ojos se dirigen hacia allí un instante y, por fin, reacciona.
—Espero que también le avisara de que no se me da demasiado bien cocinar…
La mánager Shin arruga la nariz en respuesta y la sonrisa de Jaehee termina por aparecer en sus labios.
Iseul termina de escurrir el arroz antes de poner a calentar el agua y Jaehee la observa por encima del hombro, como si fuera algo fascinante.
Cuando la mánager le ha dicho que podía elegir lo que cocinar juntos, Jaehee no ha querido resistirse a la posibilidad de hacer bibimbap. Tanto a Taeyang como a Ry les encanta llenar los tazones hasta que no quepan más verduras de acompañamiento.
—¿La zanahoria ya está cortada? —pregunta ella con una pequeña sonrisa en los labios.
Jaehee tiene el cuchillo en la mano y las tres zanahorias continúan sobre la tabla de cortar. Lo que la mánager Park no le explicó a Iseul es que suelen tardar más porque a él le gusta detenerse a observar cómo cocina.
—Perdón.
Iseul le hace un gesto para quitarle importancia. Se seca las manos con el delantal y alcanza su móvil para poner música. En cuanto la melodía empieza a resonar en la cocina, siente que todo cambia alrededor. Incluso el aire es diferente.
La espalda del joven parece relajarse y sus hombros se mueven, igual que la cabeza, pero en direcciones contrarias. Poco después arranca su voz y nota en la garganta los días que lleva sin cantar. Desde que tuvo el ataque de pánico al recibir la noticia sobre D. Sun.
Se le eriza el vello de los brazos al recordar ese momento en que el suelo pareció desaparecer bajo sus pies y él cayó al vacío sin remedio.
La canción termina mientras Iseul pone a cocer el arroz y Jaehee consigue cortar la zanahoria en pequeñas tiras. No tarda en empezar la siguiente pista del recopilatorio que ha puesto.
—Es de mis canciones preferidas de Bright —susurra Jaehee inmediatamente.
—Creía que era Blue sky —dice Iseul.
Jaehee sonríe y se encoge de hombros antes de cantar al mismo tiempo que D. Sun. La de cosas que les hacen decir en las entrevistas y que luego ya no recuerdan. Siempre para promocionar, para que los conceptos encajen.
Los pies del chico recrean los pasos de la coreografía mientras termina de cortar el calabacín para el acompañamiento. Después echan a cocer toda la verdura y la voz de Jaehee se vuelve más segura. Echa de menos cantar en cuanto pasa varios días sin hacerlo.
—Sí que te la sabes —valora Iseul—. También es de mis favoritas.
—Now and never es mi preferida, D. Sun la compuso en unas vacaciones con su familia. Su hermana se cayó de la bicicleta y, pese a que se dio un buen golpe, quiso seguir montando. Suelen decir que la canción va de no rendirse en el amor, pero realmente es mucho más sencillo que eso.
—Era D. Sun dando ánimos a su hermana —comprende Iseul con un asentimiento.
Jaehee vuelve a entonar y parece que las voces de los dos están hechas para sonar juntas. Ahora ni siquiera puede pensar en elaborar una propuesta para realizar un dúo con D. Sun, aunque le diera miedo la posible reacción de los seguidores.
Es desolador pensar en su amigo en pasado. Ha perdido una parte fundamental de su vida y ni siquiera sabe cómo sentirse, pero no es el único.
—¿Están muy preocupados? —pregunta Jaehee.
—Un poco. Tampoco es que los conozca mucho y alguno parece estar deseando enseñarme la puerta, pero…
Jaehee pone el cuchillo sobre la mesa y se retuerce las manos al limpiárselas en el trapo. Iseul ha preparado una sartén con aceite y la zanahoria para saltearla con salsa de soja, aceite de sésamo y una cucharada de azúcar. El olor le despierta algo de apetito, aunque sigue con la misma sensación de malestar que los días anteriores.
—No, no, no me refiero a los chicos. ¿Los jixis están preocupados?
Iseul está a punto de dejar caer la tapa de la sartén al escuchar la pregunta. Jaehee puede leer en su semblante las órdenes que le han dado. No quieren que esté enterado de lo que sucede fuera, al menos, durante unos días.
—Te echan de menos.
Iseul lo confiesa en voz baja, retirando la mirada y removiendo la zanahoria hasta asegurarse de que ha quedado bien reblandecida.
—Y yo a ellos…
Iseul duda unos segundos y se vuelve hacia su teléfono frunciendo los labios. Jaehee le acerca el calabacín cortado sin saber lo que puede estar pensando.
—Se me está ocurriendo algo.
—¿El qué? —pregunta Jaehee.
—¿Y si les grabamos un vídeo y lo compartimos en las redes sociales de St!gma? Así te verán.
—Eso estaría genial, seguro que a los jixis les encanta, pero…. hay un problema. —Iseul lo observa fijamente—: No tengo mi móvil.
—Me habías preocupado —le recrimina dándole un suave golpe en el brazo—. Lo grabamos con el mío y asunto arreglado.
Ella no espera a que le conteste afirmativamente y prepara la cámara. Coloca el teléfono en la encimera para que enfoque bien la expresión de Jaehee y reproduce la canción.
La voz del chico entona hasta las notas más difíciles de la que ha dicho que es su canción preferida de Bright. Es una composición enteramente de D. Sun, incluso los arreglos son del líder del grupo. La ha cantado hasta la extenuación. Jiyoung siempre bromea sobre que tiene una forma muy particular de hacer suya la canción, que no parece la misma con su tesitura porque la completa. Se le humedecen los ojos al seguir cantando. Sobre todo al final del estribillo, cuando rasga las palabras a propósito.
No han terminado de sonar las últimas notas cuando se activa la alarma de seguridad y los dos levantan la cabeza al mismo tiempo, sobresaltados.