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Juan Pérez de Ayala LOS VIAJES DE RAMÓN PÉREZ DE AYALA

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ESTE ES UN LIBRO DE VIAJES, de viajes entendidos como aventuras del conocimiento, de exploraciones en busca de la adquisición de una educación más amplia y abierta. Ramón Pérez de Ayala perteneció a una generación de españoles, la llamada «generación del 14», que sintió la necesidad de viajar y de formarse en el extranjero, de conocer otras culturas, de aprender de ellas y de tratar de volcar las enseñanzas recibidas en la mejora de su propio país. Generación cosmopolita y a la vez preocupada en la educación y formación nacional, protagonistas y artífices de una reforma que logró dar sus frutos en unos años de profunda renovación en España.

Este es un libro de crónicas e impresiones, de miradas hacia otras realidades alejadas de lo nacional, sobre sociedades nuevas y diferentes en su carácter y en sus maneras de actuar, de visiones apuntadas hacia la extracción de posibles enseñanzas útiles, de observaciones que conllevan una reflexión.

Al mismo tiempo, esta sucesiva selección de artículos sobre los viajes que Ramón Pérez de Ayala realizó supone un recorrido por la vida del escritor. Viajes que marcaron su formación intelectual, viajes que influyeron en su vida, viajes deseados y viajes forzados por circunstancias ajenas al deseo. Viajes que fueron conformando una vida.

Esta edición se ha agrupado siguiendo un orden cronológico a partir de sus propias crónicas escritas.

Ramón Pérez de Ayala viajó a Inglaterra, Italia, Alemania, Estados Unidos, Argentina, Chile, Perú y Bolivia, países en los que residió el tiempo suficiente para poder dejar constancia de sus impresiones.

Esta introducción se ha estructurado según los bloques que componen el volumen en el intento de dar un recorrido biográfico que ayude a complementar y ampliar la lectura de las crónicas seleccionadas.

INGLATERRA, 1907-1908

Para el año de 1907, Ramón Pérez de Ayala (Oviedo, 1880-Madrid, 1962) empieza a ser conocido en el mundo de las letras españolas debido a su primer libro de poemas La paz del sendero, de 1904, y a su primera novela Tinieblas en las cumbres, publicada en este año, que levanta mucha polvareda no exenta de ciertas muestras de escándalo y reprobación. Para entonces, ya ha adquirido un cierto nombre gracias a sus colaboraciones en periódicos y revistas de Madrid y Pérez de Ayala se enfrenta al dilema de si marchar a probar fortuna en el mundo de las letras estableciéndose de forma permanente en la capital o de si, por el contrario, es preferible viajar fuera de España durante una temporada para conocer mundo y ampliar horizontes y educación. Gracias a la ayuda económica de su padre y al haber conseguido una corresponsalía para el diario madrileño El Imparcial, decidirá viajar a Inglaterra y se establecerá en Londres durante un año. Desde allí escribirá las crónicas periodísticas que años más tarde se reunirán, junto a otros escritos posteriores, en el volumen titulado Tributo a Inglaterra publicado póstumamente en el año 1963.

El propósito que mueve sus crónicas londinenses tiene un fin muy determinado ya que en palabras de su autor: «Quiero deleitarte narrándote historias de un país que para ti sobradas veces será ignoto, mas quiero también que en mis empresas informativas haya un fin didáctico, esto es, que al realizarlas yo me eduque y eleve, y tú al seguirlas extraigas alguna utilidad». Así, Pérez de Ayala irá informando al lector de las muchas y variadas visiones e impresiones que se le despiertan en el descubrimiento de un carácter y de una sociedad tan distintos a los propios. De este primer contacto con Inglaterra le quedará una profunda huella que marcará su actitud y su pensamiento en el futuro. Siempre será un profundo admirador del carácter británico, de la estructura política parlamentaria, de sus virtudes éticas y morales. No es una casualidad que el volumen de sus escritos sobre la cultura inglesa, que él mismo ayudó a reunir aunque circunstancias editoriales lo convirtieran en libro póstumo, llevara en su título la palabra «tributo».

Por circunstancias que no acaban de saberse con certeza, Ramón Pérez de Ayala dejará de enviar sus crónicas a El Imparcial y en 1908 cambiará de periódico continuándolas en ABC. Pero esta nueva colaboración será breve ya que en este mismo año recibirá la inesperada noticia del suicidio de su padre debido a la desesperación producida por la ruina del negocio familiar. Pérez de Ayala regresará a Oviedo y permanecerá durante un año intentando levantar lo que ha quedado del negocio para solventar las deudas hasta llegar a su definitiva disolución. Después, abandonará Oviedo y se establecerá definitivamente en Madrid.

La relación de Pérez de Ayala con Inglaterra no terminaría aquí ya que habría que señalar que su vinculación se vería reforzada de manera imprevista al ser nombrado embajador en Londres por el Gobierno de la República, cargo que ostentaría desde 1931 a 1936.

ITALIA, 1911-1912 Y 1916

Ramón Pérez de Ayala solicita una beca-pensión a la Junta para Ampliación de Estudios, que presidía José Castillejo, para cursar estudios de Estética y de Historia del Arte en Italia, que luego será ampliada y prorrogada para continuarlos en Alemania. Se le concede una beca con pensión para realizar dichos estudios desde el día 11 de agosto de 1911 hasta el 10 de noviembre de 1912. Pérez de Ayala permanecerá en Italia visitando sus museos y colecciones desde agosto de 1911 hasta julio de 1912 y marchará en ese mes a Alemania para estudiar en la Universidad de Múnich, donde asistirá a los cursos impartidos por Heinrich Wölfflin y participará en sus seminarios sobre Historia del Arte, al tiempo que acudirá a los cursos sobre Ciencia del Arte y Estética impartidos por Theodor Lipps. Los trabajos que tendrá que presentar como justificación de la beca concedida serán sus dos nuevas novelas La pata de la raposa, escrita en Florencia en noviembre de 1911, y Troteras y danzaderas,en Múnich en el mes de noviembre de 1912, con las que finalizará su «tetralogía sobre la vida española» que iniciara en 1907 con Tinieblas en las cumbres y continuara en AMDG. La vida en un colegio de jesuitas, de 1910, protagonizadas por un joven llamado Alberto Díaz de Guzmán, que no es otro que el álter ego del propio autor.

Embarcándose en Barcelona rumbo a Génova y tras una escala en Marsella, Ramón Pérez de Ayala llegará a Italia por primera vez en el verano de 1911. Italia será, desde entonces, un país por el que sentirá una profunda devoción y al que considerará como sinónimo de «la belleza». Su amor a Italia además se verá entrelazado por siempre con su vida personal ya que, en los ocho meses que vive en Florencia, conocerá a una joven norteamericana que se encontraba, junto a un grupo de compañeras, recibiendo clases de bel canto. Pérez de Ayala cortejará a la joven Mabel Rick y la seguirá en sus viajes por Italia hasta el día de su despedida, en la ciudad de Venecia, en el invierno de 1912. Ella regresará a los Estados Unidos, pero ambos ya se encuentran prometidos y, tras un año de intenso carteo, Pérez de Ayala viajará a Norteamérica para contraer matrimonio.

Años más tarde, al entrar Italia en guerra del lado de los aliados durante la primera contienda mundial, Pérez de Ayala saludará esta decisión desde la prensa madrileña con un artículo, publicado en Nuevo Mundo en mayo de 1915, con el título elocuente de «¡Oh clara Italia!», que comienza así:

«Italia ha entrado en la guerra porque así lo exigía la mecánica fatal de la Historia. La intervención de Italia a favor de los aliados no era materia de albur o cálculo aleatorio, sino hecho cierto que palpitaba hace tiempo en las entrañas de la Historia y que salió a luz cuando le llegó la sazón».

Pérez de Ayala querrá visitar los frentes de guerra italianos y logrará ser enviado como corresponsal del periódico argentino La Prensa, diario con el que acaba de iniciar una colaboración que se mantendrá inquebrantable hasta el año de 1951. Las crónicas escritas para La Prensa serán luego recogidas en el volumen titulado Hermann, encadenado, publicado en 1917 y que, significativamente, llevará el subtítulo de «El libro del espíritu y del arte italianos».

Tras este segundo viaje, Pérez de Ayala nunca más regresará a Italia, pero el amor a su espíritu, a su arte y a sus clásicos seguirá aflorando a lo largo de toda la obra escrita en los años posteriores de su vida. Si Inglaterra fue para él el país de la libertad y los Estados Unidos de América el país del futuro, Italia será siempre el país de la belleza.

En este apartado se recogen ensayos y artículos correspondientes a sus dos viajes a Italia. En el primero, de 1911, Pérez de Ayala comienza una colaboración periodística en el diario España Nueva y por estos artículos sabemos de su partida hacia Italia desde el puerto de Barcelona, de sus impresiones sobre Génova y de un primer viaje a Lugano. Para completar, de alguna manera, estas primeras impresiones del viaje de 1911, considero ilustrativo acompañar su artículo sobre la visita a Lugano con el inicio de la parte tercera del libro La pata de la raposa, escrito, según se ha dicho antes, en Florencia unos pocos meses después. En la novela, que sitúa la acción un año antes, sus impresiones son estas:

«Una mañana de septiembre 1910. En Lugano.

Muy cerca de las once, Alberto abandonó su habitación. El jardín de la villa, tupido y voluptuoso, se embebía en la profusa luz del sol. La ventana de Meg, encuadrada por una enredadera de rosas, perfumaba el silencio con las ráfagas de una melancólica cantilena italiana que desde ella se desgajaban temblando en el aire quieto.

Alberto caminó siguiendo la línea más avanzada del jardín, junto a la cerca, sobre la cual se empina la armazón de una ringla de sauces y va a caer de la otra parte, dentro del lago, con graciosa enlomadura que parece una cascada de sutiles aguas verde-gayo. Descendió al embarcadero, saltó a la canoa, que a entrambos lados de la proa llevaba el nombre Margherita, y salió remando lentamente. En el centro del lago, abandonó los remos, se despojó de la chaqueta y se recostó en los cojines de popa. Desde allí se veía la coyuntura de los dos brazos de agua, abocinándose en la raíz de las montañas; uno hacia el lago de Como, por detrás de Mont-Bré, otro hacia el lago Mayor; a espaldas del San Salvatore. En circunferencia y contra el cielo límpido, destacaban los berruecos de las cimas, de color violeta y rotundo contorno. Por los flancos asoleados, velluda vegetación, de un verde cálido y esponjoso, tendíase con la oblicuidad de un manto que resbalase sobre un pavimento de lustrosa ágata lechosa, venada de verde ajenjo, que tal era el lago. Los flancos ensombrecidos, con sus hendeduras y quebradas bermejizas, exhalaban un vapor argentado y tenue; al pie de ellos, el agua parecía compacta como un bloque de malaquita pulimentada».

Con respecto a las crónicas de su segundo viaje, en la selección de los artículos recogidos en Hermann, encadenado se han querido cubrir varios aspectos de la vida y de la relación de Pérez de Ayala con Italia —evocaciones personales junto a reflexiones artísticas—, así como dar una muestra de la corresponsalía de guerra que realizó en los frentes alpinos de la que se desprende, siempre, un profundo respeto y admiración hacia el pueblo italiano. Y quizás sería oportuno señalar el hecho de que Hermann, encadenado, uno de los libros más hermosos escritos por Pérez de Ayala, paradójicamente ha resultado ser uno de los títulos menos conocidos y más olvidados de su obra literaria.

ESTADOS UNIDOS, 1913-1914 Y 1919-1920

Las dos largas estancias que Ramón Pérez de Ayala pasó en los Estados Unidos se debieron a razones de índole personal y familiar. El primer viaje es por un motivo concreto: casarse en la ciudad de Allentown con Mabel Rick, y el segundo, en esta ocasión acompañado de su mujer y de su hijo Juan, es fruto del deseo de que sus suegros vuelvan a estar con su hija y conozcan al nieto. En ambas ocasiones, el escritor aprovechará estos viajes para enviar sus crónicas a periódicos de Madrid y de Buenos Aires: El Imparcial en el primero, El Sol y La Prensa en el segundo.

Estas crónicas compondrán un voluminoso conjunto de ensayos que años más tarde, en 1959, será publicado con el título de El país del futuro. En este libro, además de informar puntualmente al lector español sobre la realidad social y política de los Estados Unidos, Ramón Pérez de Ayala nos dejará su punto de vista sobre ciertos aspectos del carácter estadounidense y de su forma de vida.

Los artículos seleccionados en este apartado se han decantado por las impresiones que podríamos considerar como las miradas reflexivas de un viajero, acompañadas de otras divagaciones más puramente literarias provocadas por la larga travesía a bordo de un buque cruzando el océano Atlántico. Se ha prescindido, como ocurría con las crónicas inglesas, de los artículos donde se explicaba y se daba cuenta al lector español de las particularidades de la estructura política del país. Este es un libro de viajes y, como tal, se ha hecho hincapié en lo que hay de crónica de vida cotidiana y de sucesos aunque no haya que olvidar, en ambos casos, la importancia y la intención que concedió el autor en señalar lo que encontraba de positivo y aleccionador para España de los sistemas políticos ingleses y estadounidenses. Ya se ha hablado de que Pérez de Ayala consideraba ambos países como ejemplos de los que sacar enseñanzas muy necesarias: Inglaterra era el país que mejor reflejaba los valores de la libertad y Estados Unidos suponía el despertar de un nuevo y poderoso país al que había que prestar mucha atención ya que iba a representar de forma inequívoca un papel preponderante en el futuro inmediato.

AMÉRICA DEL SUR, 1940-1954

Argentina

A veces sucede que el viaje viene motivado por circunstancias imprevistas de índole personal, causadas por hechos externos que provocan el desplazamiento forzoso y no deseado. Entonces, el viaje se transforma en una larga estancia, en una prolongada vivencia y en un imprevisto comenzar de nuevo en tierras lejanas. El estallido de la guerra civil española lleva a Ramón Pérez de Ayala a abandonar el país e instalarse en Francia, en París y Burdeos. Acabada la contienda española, y ante el avance imparable del ejército nazi en territorio francés, no le quedará otra opción que la de aceptar la oferta de viajar a tierras americanas, Argentina y Uruguay, para pronunciar una serie de conferencias allí. Responde así al ofrecimiento de ayuda que diversas instituciones latinoamericanas cursaron a otros muchos intelectuales españoles que ya residían fuera de su país. Ante la imposibilidad de regresar a España, decide viajar a América del Sur aunque esto suponga tener que cruzar el territorio español para poder embarcarse en Cádiz rumbo a Buenos Aires. Las dificultades que encuentra en la tramitación del permiso de entrada y los peligros e inconvenientes que sufrirá en el tiempo de su forzada estancia en España le hacen sentir que se «ha metido en una ratonera», como recordará tiempo después en cartas escritas a sus amigos desde América, al tiempo que le evidenciarán el hecho de que su presencia no es aceptada ni deseada: se le permite entrar, pero como paso obligado para su salida del país.

El 28 de septiembre de 1940, Ramón Pérez de Ayala y su mujer llegan al puerto de Buenos Aires sin tener certeza de por cuánto tiempo residirán en América del Sur. La organización de los cursos y conferencias que ha aceptado dar en tierras argentinas y uruguayas y la posibilidad de ampliarse, como así sucederá, a otros países del entorno pueden hacer pensar que su estancia podría prolongarse durante un año. Tiempo prudencial y quizás suficiente para poder sopesar los acontecimientos futuros de un continente que acaba de entrar en una nueva guerra mundial. Pero el desarrollo de los hechos será distinto a lo esperado y Pérez de Ayala acabará viviendo en Buenos Aires durante catorce años.

En carta a su amigo Miguel Rodríguez-Acosta, con fecha del 10 de diciembre de 1940, le comunica la sensación contrapuesta de zozobra, por el porvenir de España y de Europa, y de agradecimiento, por el cálido recibimiento que ha tenido en Argentina:

«Y el espectáculo de ese mundo nuestro (uno es español, europeo y hombre) que me aflige y atormenta sin cesar. Todo eso es el hemisferio de sombra. Opuestamente, del lado de acá no tengo sino motivos de satisfacción. Me han recibido de manera sorprendente (quiero decir, que me ha sorprendido, y apenas si doy crédito a mis ojos y oídos). No te puedes imaginar… Pero esto, aunque lo agradezco de corazón y ha sido para mí lenitivo y estimulante, no penetra más allá de la superficie del alma. Yo podría instalarme aquí tranquilamente; pero, esa sola idea me quita la tranquilidad».

Pérez de Ayala pronuncia en Buenos Aires, en el Instituto Superior de Cultura del Magisterio, un ciclo compuesto de diez conferencias que titula «Pláticas sobre pedagogía en función de la historia de la cultura» que años más tarde se recogerá en el volumen Viaje entretenido al país del ocio, publicado en España en 1975. Dará conferencias retransmitidas por la emisora Radio Splendid de Argentina; pronunciará otras en la Facultad de Letras y en las sedes argentinas y uruguayas de la Sociedad Amigos del Arte; en 1941 será invitado a Perú para dar charlas en la Universidad de Lima; y para mediados de los años cuarenta tendrá firmados contratos con las editoriales argentinas Espasa Calpe, para su colección Austral, y Losada, dentro de su colección Biblioteca de Autores Contemporáneos, en las que reeditará la práctica totalidad de su obra literaria y ensayística: sus Poesías completas; sus volúmenes de cuentos; sus novelas, salvo los títulos Tinieblas en las cumbres y AMDG. La vida en un colegio de jesuitas, y el volumen de ensayos sobre teatro Las máscaras,dejando sin editar los de Política y toros y sus crónicas sobre el frente italiano durante la primera guerra mundial, Hermann, encadenado; además, seguirá manteniendo la colaboración, iniciada en el año de 1916, con el diario argentino La Prensa.

En el mes de abril, durante el otoño austral, de 1947 Ramón Pérez de Ayala vuelve a referirse a este cálido recibimiento por parte de los argentinos en su larga carta-poema escrita a su amigo Sebastián Miranda. En ella, inicia el poema con estos versos de «descripción geográfica»:

Desde la margen del lodoso Plata,

en cuyo curso nada se retrata,

ni se ve de la luz ningún reflejo,

ya que el lodo no puede ser espejo,

para certificarte que estoy vivo,

querido Sebastián, esta te escribo.

Y lo acaba volviendo a expresar el profundo agradecimiento hacia la actitud que con él han tenido una serie de personas que han terminado por constituir su nuevo círculo de amistades en la ciudad de Buenos Aires:

Fuera yo tan injusto como ingrato

al no añadir que en estas latitudes

hallé el más fino trato,

firmes amigos, sólidas virtudes.

Y que al poner el pie por vez primera

sobre tan apacibles heredades,

creí advertir que estaba ya a mi espera

un círculo de tiernas amistades.

Tan presto fue el recíproco contacto

—y estábamos la víspera tan lejos—

que imaginé en el acto

volver a ver unos amigos viejos.

Este dulce calor es el que entibia,

trasplantada a estos pagos, mi existencia,

y, si no suprimir, siquiera alivia

el vacío y nostalgia de esa ausencia.

Este nuevo círculo de amistades está constituido, sobre todo, por la familia Paz, en particular en las personas de Zelmira Paz y de su hijo Alberto Gainza, dueños del diario La Prensa, y de otras personalidades de gran relevancia como lo fue el arquitecto y pintor Alejandro Bustillo. Así, en estos primeros años de la década de los cuarenta, Ramón Pérez de Ayala puede llegar a sentir ese «dulce calor» que le hace soportar el «vacío y nostalgia» de vivir fuera de su país. Pero esa tranquilidad pronto se verá alterada por acontecimientos imprevistos que irán llenando de inquietudes el futuro. Se da la circunstancia de que estos catorce años vividos en Argentina resultan ser el periodo menos estudiado de su biografía, periodo del que aún queda mucho por investigar sobre una vida en cierto modo referida a un ámbito privado de amistades, pero que también tuvo una indudable importancia e intensidad.

Todas estas circunstancias son el motivo de que, en este apartado, tengamos que referirnos a ciertos acontecimientos externos e internos que fueron marcando el devenir de la vida del autor. Ya no se trata, como en los apartados anteriores, de cortas y puntuales estancias en países del extranjero motivadas por las circunstancias que ya han sido expuestas; ahora el viaje se ha transformado en una larga residencia, en una nueva vida y, por tanto, son muchas las perspectivas desde las cuales tenemos que enfrentarnos a las crónicas e impresiones escritas durante estos años.

La estancia de Ramón Pérez de Ayala en Argentina podría dividirse en dos bloques de tiempo: el primero iría desde los años de 1940 a 1945 y sería una época que se correspondería con un periodo de tranquilidad; el segundo cubriría los años de 1945 a 1954 y coincidiría con una creciente inestabilidad producida por acontecimientos de orden político en Argentina que acabarán afectándolo y que, a su vez, se verá complicada por sucesos personales muy dolorosos debidos a desgracias familiares.

Al primer periodo se corresponden los artículos seleccionados de su viaje en avión hacia Perú en 1941 y sus impresiones al sobrevolar la cordillera de los Andes, y de su viaje al Sur, hacia la Patagonia, en el año 1943, al Parque Nacional del Lago de Nahuel Huapi, en la provincia de San Carlos de Bariloche, límite fronterizo en los Andes entre Argentina y Chile. Un viaje de placer realizado en compañía de un grupo de amigos para disfrutar de unos días de ocio conociendo y recorriendo la zona y residir en un hotel de singular relevancia construido en un emplazamiento de indudable belleza, el Hotel Llao-Llao, obra de su amigo el arquitecto Alejandro Bustillo; y continuar luego el viaje hacia la Patagonia, llegar a Comodoro Rivadavia y terminar en Río Gallegos, en su deseo de tener «el fin del mundo a la vista».

Las cartas seleccionadas de la correspondencia a Rodríguez-Acosta, de los años 1947 y 1948, se refieren a las impresiones sobre el paisaje argentino, sobre el clima de las estaciones y sobre otras menudencias a considerar y tener en cuenta ante la posibilidad de la visita de su amigo a Buenos Aires, visita que al final no tiene lugar. En estas cartas ya se refleja de manera soterrada el cambio de actitud que se está produciendo en Ramón Pérez de Ayala ya que, para entonces, ha comenzado lo que hemos considerado como la segunda etapa de su estancia en Argentina, y la inquietud y la zozobra producidas por los cambios políticos nacionales comienzan a tomar forma.

Todos estos cambios provocarán ciertas actividades en Pérez de Ayala que lo llevarán a pensar en la posibilidad de un regreso a España. Cambios que se materializarán en el corto viaje que realiza en el año 1949.

Pero antes de hablar de este viaje hay que explicar cuáles fueron los motivos que lo provocaron y cuáles los sucesos que se estaban produciendo en Argentina. Hechos que están referidos al enfrentamiento entre el presidente Juan Domingo Perón, electo en 1946, y la dirección del diario La Prensa, y que afectaron de pleno en la vida de Pérez de Ayala.

La Prensa, fundada por José Clemente Paz en 1869, pasó a ser dirigida por su hijo Ezequiel P. Paz en el año de 1898, quien acabó convirtiéndola en el periódico de mayor tirada de Argentina. Llegó a ser considerada como uno de los cinco mejores diarios del mundo. En sus páginas solían escribir los nombres más relevantes de la literatura hispana y hay que volver a señalar que Ramón Pérez de Ayala era colaborador habitual del periódico desde el año 1916. En 1943, Ezequiel Paz deja la dirección en manos de su sobrino Alberto Gainza Paz, hijo de Zelmira Paz, su hermana y copropietaria del periódico. En 1944 y debido a las críticas del periódico hacia el programa de salud del Gobierno, Perón, entonces ministro de Guerra, condena al diario a cinco días de suspensión. Este enfrentamiento va recrudeciéndose y en 1945 Gainza es acusado de conspirar contra el Gobierno y es arrestado junto con otros editores de periódicos. Tras el corto encarcelamiento de Perón en la isla Martín García, se producirá su retorno triunfal y tras las elecciones de 1946 será nombrado presidente de la nación. La lucha entre el Gobierno y el diario ya será frontal y Perón, a los pocos meses de ser elegido, pronunciará desde el balcón presidencial sentencias como estas: «Hay cuatro enemigos: la oligarquía, los políticos de oposición, los comunistas y La Prensa». En la lucha del Gobierno por eliminar a un diario claramente hostil a su gestión y de enorme influencia dentro y fuera del país se utilizarán todos los medios posibles: desde la imposición de impuestos aduaneros retroactivos a diez años, o restricciones en los anuncios comerciales, a trabas en la compra de papel prensa y la confiscación de miles de toneladas que se encontraban almacenadas, lo que provoca que se llegue a editar un periódico de sólo doce páginas. Este enfrentamiento culminará en 1951, año en el que el Gobierno logra expropiar el periódico a pesar de la condena internacional que se produce ante este hecho, y consigue que el Congreso considere a su director culpable de conspiración y ordene su arresto, aunque no lo pueda llevar a cabo ya que Gainza había logrado salir del país y se encontraba exiliado en Uruguay. La Prensa será restituida a sus legítimos propietarios y Alberto Gainza volverá a asumir su dirección en 1956, tras el derrocamiento de Perón.

¿Qué consecuencias tuvo este enfrentamiento en Ramón Pérez de Ayala? Las lógicas y previsibles: si en el año de 1943, publicaba cuarenta y nueve artículos en el diario, a partir de 1946 comenzará a disminuir su colaboración. El descenso es notable: veinte artículos en 1946, diez en 1948, tres al año siguiente, dos en 1950 y llegará a publicar uno en 1951, meses antes del cierre y de la expropiación. En consecuencia, el escritor va perdiendo paulatinamente el ingreso fijo mensual de sus colaboraciones periodísticas y su situación económica se va viendo cada vez más afectada.

Este puede ser uno de los motivos principales de los acercamientos y tanteos que Pérez de Ayala inicia hacia la Embajada de España en Buenos Aires y sus primeros contactos con la prensa española. En 1947 llegará a publicar algunos artículos en el periódico Arriba de Madrid, textos ya aparecidos años antes en La Prensa, y al año siguiente comenzará una breve colaboración en el diario ABC compuesta de artículos nuevos, los menos, y de los ya publicados en la prensa argentina, los más. Esta colaboración con la prensa española se irá formalizando en un solo medio, el ABC, y se irá haciendo más regular a partir de 1952, gracias al apoyo incondicional de Luis Calvo, entonces subdirector, quien pasará a dirigir el diario desde el año de 1954. Aunque habría que señalar la circunstancia de que los artículos que se publicarán en el periódico madrileño de forma regular y habitual hasta 1962, año de la muerte de Pérez de Ayala, ya habían aparecido con anterioridad en la prensa argentina.

Por otra parte, los contactos que llega a establecer con los embajadores de España en Buenos Aires, el conde de Bulnes, primero, y José María de Areilza, después, aun siendo cordiales no revisten mayor trascendencia salvo por el hecho de que Pérez de Ayala logra regularizar, tras largas y penosas gestiones, su condición laboral de auxiliar oficial administrativo, cargo obtenido en el año 1911 que se compensará con el nombramiento, en 1946, de «Prestación de servicios en la Embajada con el carácter de agregación». Otros intentos llevados a cabo por mediación del embajador ante el Gobierno español no llegan a conseguir sus metas, y en 1944 Pérez de Ayala no logrará obtener el permiso de distribución e importación de sus obras aparecidas en Argentina y sus libros seguirán sin poder ser publicados ni leídos en España.

Pero si la relación oficial con el Gobierno español seguía siendo sumamente complicada, la establecida con ambos embajadores fue muy cordial y quizás debido a este trato amistoso el escritor pudo llegar a pensar y a confiar en que si realizase un viaje, de carácter privado, a España quizás lograra arreglar su situación personal o siquiera despejar las incógnitas sobre un posible regreso.

Paréntesis español, 1949

En estas circunstancias inciertas se produce el viaje a España de Ramón Pérez de Ayala en el año 1949. Fue un viaje que se mantuvo en el ámbito de lo estrictamente privado de cara a la opinión pública, pero que encerraba la intención y el deseo de lograr tener una reunión al más alto nivel institucional para poder hablar de su situación personal y de su posible regreso a su país —entiéndase como tal el llegar a entrevistarse con Franco—. ¿Cuáles pudieron ser las esperanzas o los contactos con los que creía contar para conseguir estos propósitos? Se desconocen, pero la tan esperada reunión no tiene lugar y para Pérez de Ayala resulta meridianamente claro que su presencia en España sigue sin ser aceptada ni deseada.

Bolivia. Viajes a La Paz y a Cochabamba, 1950-1951

A su regreso, en la convicción de que su estancia quizás sea definitiva y ante el recrudecimiento del enfrentamiento que La Prensa está manteniendo con el Gobierno así como el paulatino deterioro que empieza a sufrir el país, el escritor aceptará una insólita proposición de trabajo. Esta propuesta es el encargo de escribir una biografía sobre Simón Ituri Patiño, singular personaje que partiendo de la nada consiguió convertirse en el rey del estaño boliviano y en uno de los hombres más ricos del planeta. El encargo ha sido realizado por la propia familia Patiño en deseo expreso de su viuda, y embarcado en esta extraña aventura Pérez de Ayala viaja en varias ocasiones a Bolivia para consultar los papeles personales de su biografiado, visitar los lugares donde vivió y preparar los necesarios viajes de consulta de materiales documentales a las oficinas de la empresa en Nueva York y en París. Es evidente que el autor se decide a emprender la escritura de esta biografía por motivos puramente económicos, ya que es de suponer que sería un trabajo muy bien remunerado aunque fuera sumamente fatigoso debido a la cantidad de documentos de tipo empresarial que iba a tener que manejar, pero también podría pensarse que se sintiera atraído, en un principio, por relatar una vida no sólo singular y ejemplar, sino heroica, en la que se contaran los esfuerzos de un hombre sin recursos en su ascenso hasta conseguir el éxito material más absoluto producido en el continente americano en el siglo XX. Pero Pérez de Ayala no llegará a consultar el material depositado en las oficinas de París y de Nueva York y abandonará el proyecto. Parece ser que al empezar a indagar en la personalidad del magnate boliviano, comienza a mostrar un desafecto hacia el posible biografiado y los reparos que se le presentan ante lo controvertido de ciertos aspectos de la figura le decidirán a no continuar y a cancelarlo.

Últimos años argentinos

Estos últimos años vividos en Argentina son una sucesión de episodios dolorosos y de tragedias familiares que comenzarán en 1950 con el accidente de moto que sufre su hijo menor, Eduardo, a consecuencia del cual se le tiene que amputar una pierna. En 1951 su hijo mayor, Juan, decidirá regresar a España junto con su mujer y sus hijos para volver a establecerse en Madrid. Apenas tres años más tarde, en 1954, Pérez de Ayala recibirá noticias de la gravedad en la que se encuentra Juan al serle detectado un cáncer y, poco tiempo después, la noticia de su fallecimiento.

Ramón Pérez de Ayala decide volver a España, adonde llega en el mes de diciembre de 1954, tras nueve largos meses tramitando el permiso de entrada. Será su último viaje; ocho años después morirá en Madrid en agosto de 1962.

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