Читать книгу Los Milagros de Jesús - Simon J. Kistemaker - Страница 6
ОглавлениеCapítulo 1
Convirtiendo el Agua en Vino
Juan 2:1-11
Después de encontrarse con Juan el Bautista en el Río Jordán, donde Jesús fue bautizado, Él y sus discípulos viajaron a Galilea. La distancia podía ser cubierta caminando con paso ligero en pocos días. Ellos llegaron a la aldea de Caná, cerca de Nazaret. En ese momento, los aldeanos estaban celebrando una boda en la que María, la madre de Jesús, había estado de acuerdo en servir a los invitados.
Las bodas eran celebradas como fiestas reales que podían continuar por siete días. Después de un período de compromiso que duraba un año, el día oficial de la boda empezaba en la noche del día de la boda. Luego, el novio y sus amigos iban a la casa de la novia y la llevaban acompañada de sus damas de honor a su casa.
Aunque los detalles son escasos, podemos asumir confiadamente que la novia o el novio eran amigos o que al menos uno de ellos era pariente de María. Sabemos que Jesús había sido invitado con sus discípulos a venir a la fiesta. Indudablemente, la presencia de invitados adicionales en la boda puede haber contribuido a que con el tiempo el vino escaseara.
Las fiestas de boda eran ocasiones alegres, durante las cuales los invitados consumían grandes cantidades de comida y de vino. En la cultura hebrea, el consumo de vino era parte de la entretención de los invitados y del gozo de la comunión de unos con otros. Esta bebida era en ocasiones diluida con agua para mantener el nivel de alcohol bajo. Además, las normas sociales consideraban la intoxicación algo culturalmente inaceptable. De hecho, la Escritura habla contra la borrachera.
Mientras el tiempo pasaba, los sirvientes observaron que el suministro de vino estaba disminuyendo y agotándose. Esta situación causaría una inevitable vergüenza a la pareja de novios y a la familia, además de un ineludible gasto financiero. Ellos tenían que hacer algo rápidamente para salvar la situación y evitar una desgracia social. María aprovechó el momento para pedirle ayuda a Jesús. De todos los invitados y servidores, ella era la que lo conocía mejor. Y la relación entre María y Jesús era firme, especialmente porque Él había sido su sustentador tras la muerte de su esposo, José.
A nuestros oídos, la respuesta de Jesús a María suena más que brusca. Él dijo: “Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? Todavía no ha llegado mi hora”. En el mundo occidental, se oye sumamente rudo y maleducado que un hijo se dirija a su madre como “mujer”. No así en los tiempos de Jesús, donde la palabra mujer era un título de respeto igual que el término señora, el cual es una manera cortés de dirigirse a la madre en muchas partes del mundo. La intención de Jesús sería similar a “mi querida madre”.
Sin embargo, las palabras de Jesús pusieron una distancia entre Él y su madre, de manera que ella entendiera que había habido un cambio en su relación. María tenía que reconocer que Jesús ya no era más su proveedor y que ahora asumía el rol para el que Dios lo había llamado. Las misteriosas palabras, “todavía no ha llegado mi hora”, apuntaba a su inminente pasión, muerte, resurrección y ascensión. María tuvo que recordar las palabras dichas por Jesús a sus doce años, en el Templo: “¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?”
Jesús transformó la íntima relación de una madre con su hijo en la de una pecadora que necesitaba un Salvador. Él había venido a este mundo a salvar a su pueblo de sus pecados, y María debía admitir que ella también era una pecadora por quien Jesús había venido como el Mesías. De hecho, como Cordero de Dios, Él sufriría eventualmente una muerte cruel para borrar su pecado. Él le dejó claro que ella no podía pedirle más que lo que cualquier otra persona le habría pedido porque Él era el Hijo de Dios y había sido enviado a cumplir las órdenes de su Padre.
María tenía que recordar que décadas antes, en el Templo, el anciano Simeón había hablado acerca del destino de su hijo. Él había dicho que la vida de Jesús estaba destinada a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y también que una espada le atravesaría el alma a María.
Ahora, en el inicio de ese destino, Jesús alertaba a su madre para que comprendiera que su ministerio terrenal había comenzado. Él y no su madre, determinaría la agenda de este ministerio que eventualmente lo condujo a su muerte en la Cruz del Calvario.
Luego María les dijo a los sirvientes que hicieran lo que Jesús les dijera. Ella sabía que Jesús podía hacerle frente a la situación. Cerca había seis tinajas hechas de piedra que eran usadas por los judíos para la purificación ceremonial. Cada una tenía la capacidad de albergar veinte o treinta galones. Jesús ordenó a los sirvientes que llenaran completamente las seis tinajas con agua del pozo. Él quiso asegurarse que los recipientes estuvieran vacíos antes que fueran llenados con agua limpia para beber.
Jesús no pronunció ninguna fórmula mágica, no tocó el agua ni le oró a Dios por un milagro. No hubo despliegue de poder ni grandes gestos de ilusionismo o artimañas. Jesús simplemente le pidió a uno de los sirvientes que sacara un poco del agua de estas tinajas y se la llevara al encargado del banquete. Y entonces, el milagro de convertir el agua en vino ocurrió.
El Misterio
Los sirvientes vieron que el agua se había convertido en vino. Incapaces de explicar el milagro que había ocurrido, ellos fueron donde el encargado del banquete y le dieron el vino. Él lo probó sin saber del milagro e inmediatamente reaccionó diciéndole al novio que algo estaba mal, pues se acostumbraba servir primero el vino bueno y luego el de menor calidad. Cuando los invitados se hubieran saciado, no sentirían la diferencia. Pero aquí había ocurrido lo contrario, es decir, el vino más pobre había sido servido hasta acabarse y luego, repentinamente, el mejor vino estuvo disponible.
El novio no sabía cómo había llegado al salón del banquete el vino bueno. Pero cuando le dijeron que las seis tinajas estaban llenas con un vino de mejor calidad, quedó abrumado con el regalo de bodas que Jesús había dado a la pareja de novios. La gran cantidad de vino se convirtió en el regalo de bodas para los recién casados.
El milagro en sí siempre será un misterio para nosotros, pues el poder sobrenatural de Jesús obró para cambiar el agua en vino. Podemos entender algunos aspectos de este evento, es decir, cuando Jesús realizó este milagro, Él eliminó el elemento del tiempo. La fabricación del vino toma un tiempo largo, el cual comienza con el crecimiento de las uvas, luego la cosecha y el exprimido, y finalmente, la recolección del jugo. Luego el proceso de fermentación debe tomar su curso. Después que ha pasado el tiempo adicional, el vino puede ser probado y consumido. Es un hecho conocido que entre más tiempo pasa, la prueba del vino es mejor.
Jesús convirtió el agua en vino con un milagro que ocurrió instantáneamente. Pero en efecto, el proceso de crecimiento de diminutas flores a uvas completamente desarrolladas también es un milagro. Y así es el proceso de fermentación que obra silenciosa y discretamente. Ningún ser humano tiene el poder, conocimiento o capacidad de hacer tales milagros.
Según el apóstol Juan, convertir el agua en vino es la primera señal milagrosa que Jesús realizó en Caná de Galilea. Los milagros revelaron la gloria de Jesús, pero también cumplieron el propósito de hacer que sus discípulos pusieran su fe en Él. Como regla, los milagros generalmente ocurrieron para hacer que la gente tuviera fe en Jesús o como respuesta a la fe. Al convertir el agua en vino, Jesús convirtió a sus discípulos en creyentes. Ellos pudieron verificar la verdad de sus palabras acerca de que verían el cielo abierto y a los ángeles de Dios ascender y descender sobre el Hijo del Hombre.
El relato de la fiesta de bodas pone a Jesús en el centro del escenario. No se nos dice nada acerca del novio, la novia, el maestro de ceremonia o la relación de María con la pareja de novios. El enfoque principal de esta escena está en Jesús, el hacedor de milagros. Los demás son secundarios. Jesús desplegó su gloria como el que fue enviado por el Padre al mundo. Esta señal fue la primera de una serie de milagros que Jesús hizo durante su ministerio.
Puntos para Reflexionar
Hay una cantidad de simbolismo en este relato. La presencia de Jesús en la boda de Caná apunta al celestial banquete de boda al final de los tiempos. En ese entonces Jesús será el novio y el pueblo de Dios será la novia. Aquí yo veo una imagen dentro de otra, porque los invitados al matrimonio de la novia serán el pueblo de Dios y a su vez, serán la novia del novio, es decir, del Cordero.
Jesús no convierte el agua en vino en ninguna otra boda, pero Él quiere estar presente en una boda cuando un esposo y una esposa comienzan una familia. Él desea ser la cabeza de cada familia, el invitado invisible de cada comida y el oyente silencioso de cada conversación.
Jesús aún viene con promesas y le dice a la pareja de novios que confíen en Él con todo su corazón y no en su propio entendimiento. Él los impulsa a reconocerlo en todo lo que hacen y así Él los bendecirá al enderezar sus caminos.