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Primera parte
EN BUSCA
DEL SEXTO SENTIDO
DE LA OBSERVACIÓN
A LA CONSTATACIÓN
• El espíritu y el intelecto

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Al principio está el espíritu. Según su interés, decide poner en funcionamiento el intelecto, motor más o menos ágil, cuya utilidad es tratar la información que llega en oleadas continuas.

En la calle uno pasa delante de un anuncio que alaba los encantos de un inmueble residencial recientemente construido. La vista percibe que este inmueble, a ese precio el metro cuadrado, tiene piscina. ¿Y entonces? La cuestión está precisamente ahí. O bien esta información, por interés, ha llegado a su espíritu, o bien se ha quedado en su vista. Si ha entrado, el intelecto ha podido colocarla en diferentes niveles. Inicialmente el estado de las cosas es, pues, sencillo: o bien su espíritu tiene una disposición a dejar pasar esta clase de informaciones, o bien no la tiene. Como la corriente eléctrica.

Un primer caso, A, podría ser el del señor que espera un segundo hijo y tiene un apartamento demasiado pequeño. Un segundo, B, podría ser el de un señor que vive en un apartamento en el que no paga alquiler. Entre estos dos extremos, el interés o la curiosidad de cada uno puede situarse a distintos niveles.


1. 2500 euros el metro cuadrado, es el mismo precio que en todas partes.

2. A este precio, justo en el límite de la periferia, no es interesante.

3. Inmueble construido en piedra tallada, piscina para los niños, etc.


Aquí nuestro cliente se detiene para leer el resto del anuncio.


4. No está muy lejos de mi trabajo.

5. No he de hacer transbordo en el metro, etc.


Esto muestra que una información dada, la misma para todos, es tratada de forma diferente por cada uno de nosotros y que, detrás de las autopistas de la información que son nuestros sentidos, se esconde una poderosa oficina de tratamiento cuya capacidad varía según el interés de cada uno. La cuestión está entonces en comprender cómo cada uno la siente y la trata según su grado de sensibilidad, su estado de ánimo, su experiencia. ¿Qué se desarrolla de esta masa de informaciones recibidas y del espíritu único de cada uno, para constituir un sentido suplementario, una percepción diferente y personal? Por otra parte, si admitimos que estamos todos en el mismo caso, aceptaremos de buena gana que este sentido suplementario pueda ser desarrollado de forma diferente en cada uno.

La información es permanente. El intelecto no es más que el motor. El espíritu es a la vez el comienzo y el fin.

El sexto sentido

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