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Primera parte
EN BUSCA
DEL SEXTO SENTIDO
DE LA OBSERVACIÓN
A LA CONSTATACIÓN
• Tratamiento de la información

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Se puede admitir que nuestros cinco sentidos actúan según procesos idénticos que constituyen cada uno una base de datos. La base de datos global será una mezcla distintiva, en cualidad y en cantidad, referida a una persona. Si uno acepta esta idea previa de que, de un individuo a otro, cada intelecto es diferente, como lo es cada espíritu, se puede pensar que cada uno utiliza de modo distinto sus sentidos e incluso que favorece algunos. Tendrá el acierto de ver ahí una alusión a lo innato y lo adquirido. Esto último estará formado por todo aquello que los sentidos aportan, casi lo mismo para todo el mundo. Lo innato será más o menos la calidad del motor, pero sobre todo la necesidad de hacer trabajar este motor.

¿Habrá, por otra parte, una razón para clasificar estos cinco sentidos según un orden de importancia decreciente, teniendo en cuenta un planteamiento de calidad, o mejor todavía, de indispensabilidad?

Para nosotros, que disfrutamos de la ventaja de ver, la ceguera se concibe como un problema insuperable. ¿Qué pensaría un ciego si se le preguntara? Pero también, ¿qué pensaríamos nosotros de un ciego que rehusara recuperar la vista a cambio de perder otro sentido? ¿Habría estructurado un estado de equilibrio mediante el desarrollo de otro sentido que nos resulta desconocido?

A veces probamos un alimento nuevo que evoca, sugiere gustos más o menos familiares, alejados. Alguien comiendo almendras amargas, un día, escribía: «Parece cianuro».

Siempre buscamos asociar una cosa nueva a algo conocido. Lo que nos sorprende a menudo nos recuerda a alguna cosa. Quizá se trata de una reacción inconsciente del espíritu, que tiende a reafirmarse ante lo desconocido. ¿Tendrá nuestro inconsciente alguna función que desarrollar en esta historia?

Hay personas, más bien de cierta edad, que conocen numerosos restaurantes importantes. Como clientes, también ellos son importantes, como algunos chefs. Sin embargo, hay una diferencia entre el chef que prepara la comida y el cliente que la saborea. El primero ha desarrollado su sentido del gusto al mismo tiempo que el deseo de creación de una cocina de calidad. El segundo sólo ha desarrollado su sentido del gusto, sin el deseo de crear. Así pues, y con la misma condición de degustador, uno se beneficia de una calidad suplementaria que falta en el otro: el sentido de la creación.

Quizás haya leído El perfume, de Patrick Süskind, la historia de un hombre, medio loco, con un sentido muy agudo de los olores que lo transformará en un genio de los perfumes.

Olor, perfume… ¿nota la diferencia en relación con los otros sentidos? Aquellos en los que el espíritu de la persona es quien ejerce una acción selectiva. En este caso, parece que la relación sea más un asunto entre el sujeto y el objeto.

Quizás haya en esta idea una diferenciación entre sentidos mayores y menores.

Todos tenemos el sentido del olfato más o menos desarrollado, pero se mantiene casi independientemente del matiz que se impone entre olor y perfume. Estamos cercados por los olores, a menudo desagradables, con que nos rodea la ciudad, tan poderosos que encierran en una nube estéril los raros perfumes que todavía flotan en el aire del atardecer. ¿No estará anulando nuestro sentido del olfato el alto grado de polución en la que nos sumerge el automóvil? ¿No estarán los martillos hidráulicos y otros artilugios consiguiendo anular la sensibilidad de nuestros oídos? ¿No estarán los pollos de cuarenta y un días a punto de imponernos a todos el gusto uniforme de una común mediocridad? El plástico, material universal, va sustituyendo poco a poco en todos los campos el calor tan atractivo de la madera. Por ahora las mesas de trabajo de la Biblioteca Nacional son de roble, pero ¿de qué serán después? ¿de plástico? Es de temer. Porque las posibilidades comúnmente ofrecidas a nuestros sentidos se empequeñecen y se hacen cada vez más raras, y su delicada capacidad de selección disminuye.

Nuestros sentidos reciben las informaciones como una emisora de radio en la que la selección y la sensibilidad son más o menos afinadas.

El sexto sentido

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