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Picaduras de insectos en la garganta

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A veces ha ocurrido que, comiendo pan con miel o fruta en el campo, sin darnos cuenta se ha introducido una abeja o una avispa en la boca que, al sentirse presionadas por el paladar, pueden clavarnos su aguijón. Sus consecuencias son mucho peores que cuando la picadura es en la piel, ya que puede llegar a ser mortal. ¿Qué podemos hacer en estos casos? Pincelaremos lo más rápidamente posible la garganta, o haremos gargarismos, con suero láctico o con un concentrado de este producto. Si no disponemos de él, emplearemos agua salada concentrada para impedir que se produzca una gran hinchazón y el riesgo de asfixia que esto supone, con lo que conseguiremos un cierto alivio hasta que acuda el médico. Entretanto, iremos haciendo gárgaras, a menudo, con dos cucharadas soperas de sal disueltas en un decilitro de agua. Al cabo de un tiempo, el veneno se habrá dispersado algo y, en parte, habrá sido extraído por la acción del agua salada, con lo que se podrá evitar el peligro de asfixia. Posteriormente, nos servirá también de ayuda la aplicación de una envoltura de arcilla o de hojas de col alrededor del cuello para inactivar en lo posible la acción del veneno inyectado. Así mismo, convendría tomar arcilla por vía oral y, a ser posible, tabletas de calcio biológico.

Otra contramedida positiva es la adición de unas gotas de tintura de hiedra al agua salada, cuya preparación ya ha sido descrita anteriormente.

En caso de picadura de un avispón hay que acudir rápidamente al médico o al departamento de otorrinolaringología de una clínica, ya que existe peligro de asfixia por edema de glotis.

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