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Geología, paisaje, territorios OBRA GEOLÓGICA

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La Sierra de Guadalupe es una formación física bastante singular: inserta en medio de la Cuenca de México, es un vértice limítrofe en medio del asentamiento poblacional más denso, en términos históricos, de cuantos se puedan encontrar en la América Septentrional. Esto es paradójico: una montaña inhóspita en el centro del mayor desarrollo cultural urbano mesoamericano.

Un aspecto básico para entender las descripciones fisiográficas de la Sierra de Guadalupe es que, habiendo quedado total y densamente rodeada por la ciudad, aproximadamente desde la década de 1970, es una de las mayores reservas naturales interurbanas en el mundo. Son alrededor de seis mil hectáreas de zonas montañosas y boscosas, empinadas, llenas de pliegues y lugares recónditos, en medio de una de las ciudades más pobladas del mundo.2

Para descubrir la antigüedad geológica de la Sierra de Guadalupe es necesario referirse a la periodización geológica, en particular a la era Cenozoica, que en términos geológicos apunta a lo «más reciente». La formación de relieve, producto de la colisión entre la placa tectónica norteamericana y la placa submarina de Cocos, se inició en el periodo Eoceno, hace aproximadamente cincuenta millones de años. Entre el amplio abanico de los acontecimientos geológicos que formaron la Cuenca de México, se destaca un estrato que ha sido llamado Supergrupo Pachuca, en el que se incluyen los afloramientos de roca volcánica más antiguos de la Sierra de Guadalupe: se considera que la edad de estos eventos abarca del Oligoceno tardío al Plioceno temprano, y comprende todo el Mioceno: es decir, ocurrieron entre 25 y 5 millones de años atrás. En dicho estrato geológico se han agrupado los eventos volcánicos que definieron el perfil de la Sierra de Guadalupe, así como la sierra de Pachuca, la sierra de Tepotzotlán y aun la sierra del Tepozteco, fuera de la Cuenca de México, en el estado de Morelos. Por contraste, otras formaciones, como la sierra de Chichinauhtzin o el Eje Neovolcánico Transversal, que atraviesan como una muralla el sur de la cuenca, son más recientes y corresponden al Pleistoceno. La sierra de las Cruces, al poniente, la sierra de Tláloc y la sierra Nevada, al oriente, son estratos posteriores a la formación de la Sierra de Guadalupe y del Supergrupo Pachuca, correspondientes al final del Mioceno y principios del Plioceno.3

Uno de los hallazgos más interesantes en el estudio que llevó a cabo Campa Uranga y su equipo, a instancias de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), es el que se refiere a las diferentes edades geológicas que aquí están presentes, esto con base en un muestreo de rocas, tomado en diferentes latitudes y altitudes de la Sierra de Guadalupe. Campa describe:

CUADRO 1. ÉPOCAS GEOLÓGICAS MÁS RECIENTES

EraPeriodoÉpoca
Cenozoico: «relativo a las formas de vida recientes»PaleógenoPaleoceno: «lo más antiguo de lo reciente» (empezó hace 65 millones 500 mil años)
Eoceno: «amanecer de lo reciente» (empezó hace 56 millones de años)
Oligoceno: «poco reciente» o «la época reciente en donde hubo pocas formas de vida» (empezó hace 34 millones de años)
NeógenoMioceno: «menos reciente» (empezó hace 23 millones de años)
Plioceno: «continuación de lo reciente» (empezó hace 5 millones 332 mil años)
CuaternarioPleistoceno: «lo más reciente» (empezó hace 2 millones de años)
Holoceno: «totalmente reciente» (empezó hace 11 mil años y comprende el presente)

Fuente: adaptado de Coenrads et al. (2008), Geológica. Las fuerzas dinámicas de la tierra, pp. 48-63, 70-71.

Los ensambles de las rocas de la sierra no muestran una continuidad por su propio origen, sino que hay una secuencia de tres ensambles superpuestos en el tiempo: 1) Mioceno en la base, 2) Plioceno en la parte superior, y finalmente 3) Cuaternario en los rellenos aluviales.4

Esto quiere decir que la sierra se formó muy lentamente: primero emergiendo de entre los mares, gracias a la actividad volcánica; luego tomando forma muy lentamente, gracias a la erosión, y por último sumando nuevas actividades volcánicas en épocas más recientes. Esto es posible descubrirlo a partir del análisis de los materiales rocosos, su composición físicoquímica y la ubicación cartográfica. No es de sorprender que, más adelante, cuando abordemos la dimensión cultural de la sierra, vuelvan a aparecer los nombres de los tipos de rocas que uno puede encontrar en los numerosos afloramientos de la Sierra de Guadalupe: rocas andesíticas, rocas dacíticas y riodacitas, rocas basálticas, ignimbritas y tobas, flujos piroclásticos, rocas epiclásticas, capas de pómex, pues con estos mismos materiales se labró una parte importante de la construcción del paisaje cultural de la Cuenca de México.5

Tampoco es extraño que una gran parte del conjunto de trabajos geológicos estén dedicados al señalamiento de los riesgos por causas antrópicas, es decir, por las condiciones creadas por y para los seres humanos. Un ejemplo de ello es el trabajo coordinado por García Palomo en el que, a partir de considerar el crecimiento demográfico de las últimas cuatro décadas, se intentan reconocer las condiciones adversas para la población que habita en determinados lugares de la Sierra de Guadalupe, con ciertas características geológicas y geomorfológicas.6 Esto llevó a un equipo de profesionales del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a realizar un convenio de colaboración con la Dirección de Protección Civil del Gobierno del Distrito Federal, para desarrollar un mapa de riesgos por deslizamientos de tierra en esta región. En este trabajo se identificaron 206 sitios de peligro por deslizamiento. De lo más destacable es que señalan cómo influyen, para determinar un posible riesgo de deslizamientos de ladera que afecte a la población, las condiciones naturales de la Sierra de Guadalupe como las geológicas, geomorfológicas y climáticas, además de los factores humanos como deforestación, cambios de las condiciones originales de las pendientes, abundante tránsito pesado y explotación de minas a cielo abierto. Sin embargo, éste no es el único estudio que hace referencia al concepto de riesgo como una determinante geológica para las comunidades que habitan y poblaron las laderas de la sierra: también existen interesantes estudios sobre los tipos de inundaciones7 y sobre las consecuencias de la deforestación.8

Como vemos, la ciencia que tiene un alcance más remoto en el tiempo tiene sensibilidad por la existencia de riesgos para la población actual, y señala acuciosamente la necesidad de trabajar en programas de manejo ambiental que no hagan a un lado la importancia de la participación o de la organización social.9

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