Читать книгу Cuautepec. Actores sociales, cultura y territorio - Iván Gomezcésar Hernández - Страница 8
Introducción CUAUHTÉMOC OCHOA TINOCO
IVÁN GOMEZCÉSAR HERNÁNDEZ
ОглавлениеEl trabajo que tiene el lector en sus manos se originó a partir del interés de conocer y entender qué es y qué sucede en la gran área que circunda la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), plantel Cuautepec. Generalmente el asombro, la inquietud y, en no pocas ocasiones, el temor se expresan en quienes asisten por diversas razones a este plantel universitario ubicado al extremo norte de la Ciudad de México. La inicial hostilidad del medio no permite reflexionar sobre los otros que comparten el territorio, los que viven y construyen su hábitat día a día de diferentes formas, y que sin proponérselo son ya parte de la comunidad universitaria, la cual ahora es referente de la comunidad de Cuautepec.
La localidad está rodeada de cerros, entrecruzada por riachuelos y pendientes en el norte; en el este y el oeste la resguardan cerros que en algún tiempo no muy lejano fueron bosques, pastizales o minas de cantera; y en el sur ocupa un valle que se abre hacia la cuenca del Valle de México. Hoy, Cuautepec es una zona densamente poblada, ubicada en el norte de la delegación Gustavo A. Madero. Es parte de los pueblos, barrios y colonias que componen la región de la Sierra de Guadalupe. Colinda con los municipios mexiquenses de Tlalnepantla de Baz, Ecatepec, Coacalco y Tultitlán. Hacia el sur la delimitación territorial del actual Cuautepec está formalmente indefinida, pero histórica e imaginariamente está determinada a partir de la vía del ferrocarril México-Veracruz, que atraviesa el valle de oriente a poniente, y que divide a éste de las colonias de Ticomán, Acueducto de Guadalupe y Tenayuca.
El entorno está marcado por los rastros de la urbanización popular, la exclusión social y la pobreza, aunado a la estigmatización basada en un imaginario del miedo, la lejanía y el olvido. Esta situación llevó a varios miembros de la comunidad universitaria a plantearse la tarea de ir más allá de las aulas y explorar diversas facetas de este enorme conglomerado urbano. Se consideró que el aspecto cultural era el más pertinente y necesario, pues de él se tenían estelas que, pese a su discreta difusión y limitada presencia en la universidad, daban cuenta de una vitalidad inusitada.
Aunado a todo ello, la situación de ser un pueblo de larga tradición con una historia de encuentros y desencuentros con el poder, de una conflictividad interna fluctuante y un cúmulo de momentos, personajes y lugares históricos relevantes hacía de este sitio una interrogante necesaria de, al menos, comenzar a develar.
Este interés creciente se convirtió en el proyecto de investigación Diagnóstico Cultural Participativo en Cuautepec, el cual se realizó entre 2014 y 2015. El proyecto fue apoyado por la UACM y la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación del Gobierno del Distrito Federal (SECITI). Tuvo como propósito primordial analizar la vida cultural de Cuautepec en sus diversas aristas e identificar el papel y la acción de los principales actores sociales y culturales que participan en ella. Para este análisis se planteó recuperar la perspectiva de los propios actores y habitantes de la zona sobre sus prácticas culturales, sus tradiciones, sus proyectos artísticos, sus necesidades y dificultades en torno a la producción, distribución y accesos en este ámbito. Por ello se buscó que fuera un diagnóstico cultural participativo, que lograra una verdadera interlocución entre investigadores, estudiantes y comunidades.
La investigación se basó en la idea del diálogo de saberes, y tuvo como objetivo general realizar un primer acercamiento a la realidad cultural de Cuautepec, mediante la sistematización de la información disponible y, sobre todo a través del recorrido geográfico, el contacto directo y la interlocución con actores socioculturales e instituciones públicas existentes en la región.
Dos de las actividades principales del proyecto que proporcionaron información relevante y que permitieron el acercamiento con los actores antes mencionados fueron, por una parte, un arduo trabajo de campo en barrios, colonias y unidades habitacionales de la zona de Cuautepec y, por otra, la realización del seminario Actores Sociales y Vida Cultural en Cuautepec.
Como parte del seminario se llevaron a cabo cinco sesiones (una por mes), en las cuales se realizaron nueve mesas de trabajo donde se abordaron y discutieron diversas temáticas sociales, culturales e históricas, no sólo de la localidad en cuestión sino sobre el norte de la Ciudad de México. En el marco del seminario también se impulsaron actividades que permitieron conocer y apreciar la riqueza artística y cultural de algunas comunidades, colectivos, grupos y creadores individuales. En las diferentes actividades del seminario participaron alrededor de treinta personas y representantes de veinte organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas, quienes presentaron ponencias, dieron conferencias o compartieron experiencias comunitarias. Gracias a la amplia convocatoria que tuvo el seminario se logró conocer a académicos y estudiantes que han desarrollado trabajos de investigación, algunos de ellos consolidados y otros inéditos. La presentación de resultados de dichas investigaciones generó un gran interés y curiosidad por parte de los asistentes.
Cabe señalar que quienes participaron no sólo fueron profesores, alumnos o egresados de la UACM; también fueron miembros de distintos colectivos y agrupaciones culturales y sociales de la zona: artistas y promotores culturales que trabajan o tienen vínculos con las comunidades del norte de la ciudad, investigadores y estudiantes de diferentes instituciones de educación superior (Universidad Autónoma Metropolitana, Universidad Nacional Autónoma de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia), personal adscrito a otras áreas sustantivas de la UACM, funcionarios públicos, así como pobladores locales que a título personal asistieron y participaron en los debates o compartieron su visión y sus memorias en torno al Cuautepec de ayer y hoy.
Cabe resaltar esta heterogeneidad de actores participantes, pues proporcionaron una diversidad de perspectivas en los análisis, en las formas de investigar y en las maneras de difundir los resultados de sus indagaciones y su quehacer en general. Asimismo, se compartieron materiales valiosos, como fotos, audios, libros, folletos, recopilaciones hemerográficas, documentos históricos, que dan cuenta de la necesidad de poner más atención en Cuautepec y el norte de la Ciudad de México desde otras claves investigativas. Los artículos de este libro representan tan sólo una parte de lo que finalmente se logró compilar a través del proyecto Diagnóstico Cultural Participativo en Cuautepec.
Para el caso de los trabajos reunidos en este libro, consideramos al menos tres dimensiones de análisis que permitieran tener una aproximación más sistemática a nuestros temas de investigación. Estas dimensiones son territorio, cultura e identidad.
En décadas recientes se ha cuestionado la relevancia de los territorios en sus dimensiones local, regional y hasta nacional, pues se plantea que los procesos globalizadores desmantelan fronteras, tienden a homogeneizar las sociedades y a diluir las particularidades culturales y sociales. Se piensa que los territorios van perdiendo capacidad de definir las prácticas, sentidos y pertenencias de los individuos. Sin embargo, reconocemos la importancia actual de esta dimensión en la vida social. Como bien afirma Gilberto Giménez: «Los territorios siguen […] funcionando como espacios estratégicos, como soportes privilegiados de la actividad simbólica y como lugares de inscripción de las excepciones culturales».1
En esta línea de reflexión todo territorio es un espacio en el que se satisfacen diversas necesidades económicas, sociales y políticas de cada sociedad, empero, su función no sólo «[…] se reduce a esa dimensión instrumental; el territorio es también objeto de operaciones simbólicas y una especie de pantalla sobre la que los actores sociales (individuales o colectivos) proyectan sus concepciones del mundo».2 Por ello, el territorio tiene una estrecha relación con la cultura pues éste «constituye por sí mismo un “espacio de inscripción” de la cultura, entendida ésta como la dimensión simbólico-expresiva de todas las prácticas sociales, incluidas sus manifestaciones subjetivas u objetivadas».3
Al ser un espacio constitutivo del entramado simbólico de una colectividad, el territorio, en sus diversas escalas, va generando vínculos afectivos y de pertenencia de los sujetos en torno a él. Estos vínculos se expresarán en la valoración y apropiación de elementos que caracterizan ese espacio, los cuales pueden ser prácticas culturales, tradiciones, geosímbolos, memoria colectiva, pasados compartidos, futuros deseados, sistemas de representaciones, normas y símbolos, entre otros. Todo ello se interioriza paulatinamente y se convierte en referentes de inclusión a una colectividad. De esta forma se configura una pertenencia socioterritorial que tiende a derivar en la creación de diferentes identidades, muchas de ellas de carácter local o próximo como las que se generan en la aldea, el barrio, la colonia o la pequeña ciudad. En este sentido, nuestra investigación tuvo como una de las guías de trabajo caracterizar y particularizar diversas pertenencias o identidades de grupos representativos que habitan el valle de Cuautepec. Esta labor trajo descubrimientos muy interesantes que en el texto se anotan con amplitud.
Ahora bien, es preciso establecer que las identidades no son estáticas sino que se conforman a partir de una relación dialéctica entre continuidad y cambio, como plantea José Manuel Valenzuela: «Las identidades sufren transformaciones en el tiempo y el espacio [...] [son] procesos cambiantes, aun cuando los diferentes componentes de la identidad presentan ritmos de cambio disímiles».4 Sin duda, esta premisa fue imprescindible para entender la dinámica de poblaciones urbanas que poseen un denso entramado histórico cultural de raíz rural y alimentadas actualmente por un afluente indígena, como es el caso de Cuautepec.
Al respecto, cabe comentar que a partir de la década de 1980, Cuautepec experimentó un crecimiento demográfico explosivo, producto de fuertes oleadas migratorias, muchas de ellas compuestas por grupos indígenas. La llegada permanente de nuevos pobladores dio como resultado una urbanización acelerada que impactó radicalmente el paisaje natural, pero particularmente generó un territorio donde lo multicultural se afianzó con fuerza. Es decir, se generaron procesos de identificación individual y grupal que se contrastan a partir del reconocimiento de otro u otros, con quienes se comparte el territorio, pero con quienes históricamente mantienen diferencias a partir del origen, las formas familiares, las creencias religiosas, las simpatías políticas, la lengua, entre otros aspectos. En un espacio multicultural como Cuautepec, estos procesos de permanente contraste e identificación entre grupos representan su sello característico.
Por lo anterior, y retomando el análisis de las identidades en territorios complejos y dotados de diversidad, podemos anotar que éstas no siempre establecen coordenadas que dan sentido y direccionalidad a las acciones y modos de vida de todos o la mayoría de los individuos y colectividades, ya que las identidades no «determinan la totalidad de los campos de interacción social. Las personas se encuentran insertas en diferentes ámbitos identitarios, en donde no necesariamente coinciden con personas con las cuales comparten referentes de identidad»;5 es decir, no todos los individuos de un territorio comparten de forma unánime o del mismo modo una determinada identidad.
Este planteamiento se constató en nuestro trabajo de campo, al reconocer diferentes grupos que no asumen sólo una determinada pertenencia (étnica, cultural, vecinal), sino que en algunos casos la complementan con su participación en otros grupos o sectores sociales e incluso políticos, mientras que en otros las identificaciones permanecen distantes o, en ciertos casos, están enfrentadas y en conflicto.
Para concluir con esta breve aproximación a los ejes analíticos de nuestra investigación, es ineludible exponer que esta relación compleja y permanente entre territorio, cultura e identidad se alimenta de las formas en que se produce el espacio urbano y los actores sociales que intervienen en la producción de ese andamiaje social y físico. Entonces, para entender los diversos procesos que aquí estudiamos fue necesario tener claro que la organización del espacio refleja las formas de relación social y política que han construido quienes habitan determinado territorio, y al mismo tiempo que los procesos sociales producen formas espaciales específicas, resultado de la lógica de apropiación del territorio.6 En el caso de Cuautepec es innegable que los fenómenos socioculturales que se manifiestan en la actualidad están vinculados estrechamente al proceso de urbanización popular que ha definido su organización espacial y su estructura social. Así pues, con este marco general de referencia se diseñó la estrategia metodológica y se definieron las pautas de trabajo.
El equipo del proyecto estableció varias rutas de acercamiento. Una fue el estudio del territorio, posteriormente la identificación y análisis de diferentes actores y, finalmente, el estudio de las distintas dinámicas sociales y culturales de la región, tomando en cuenta la oferta y demanda sociocultural que caracteriza esta zona periférica de la Ciudad de México.
Una de las principales vías para poder dar cuenta de las experiencias, expresiones, características, paisajes y estructuras de las colonias que conforman la región de Cuautepec fue la utilización de un método de registro etnográfico lo bastante flexible para que pudiera englobar en lo descriptivo, gráfico y narrativo la diversidad y pluralidad de la región. Entre las principales actividades que se realizaron fueron recorridos de identificación por colonia, registro del equipamiento sociocultural (casas de cultura, museos, bibliotecas, espacios culturales, etcétera) por pueblo, colonia y unidad habitacional, entrevistas semiestructuradas a habitantes de Cuautepec han observado la historia, dinámica y distintos procesos socioculturales de la región.
También hubo acercamiento con servidores públicos y personal de organizaciones de la sociedad civil que laboran en torno a las problemáticas enfocadas en los ámbitos sociales, culturales y artísticos de la zona. Al mismo tiempo se realizó una descripción general de las celebraciones, fiestas, manifestaciones políticas, artísticas y sociales de las colonias reconocidas dentro de la demarcación de Cuautepec como núcleo urbano. Finalmente se consideró importante identificar y registrar el equipamiento urbano (parques, plazas, jardines, deportivos, arenas y quioscos) pues en las urbanizaciones periféricas éstos tienen un papel relevante en las formas de habitar: son espacios públicos articuladores de la vida urbana.
Finalmente se procesó toda la información recabada y se creó una base de datos que contiene de manera general información sobre las características poblacionales, urbanas, sociales, culturales y artísticas de gran parte de las colonias ubicadas en la región de Cuautepec. A partir del material recabado se han elaborado diferentes documentos y realizado actividades que han brindado a estudiantes, profesores e investigadores nuevas maneras de percibir y analizar el valle de Cuautepec.
Este libro, como se comentó en párrafos anteriores, es resultado en buena medida del esfuerzo investigativo del proyecto Diagnóstico Cultural Participativo en Cuautepec en sus diferentes etapas. El trabajo de campo, la sistematización de la información, la amplia revisión bibliohemerográfica realizada por estudiantes y profesores, así como las interesantes discusiones en las sesiones del Seminario Actores Sociales y Vida Cultural en Cuautepec, llevado a cabo durante 2015, contribuyeron a que los participantes del proyecto tuvieran una panorama más preciso sobre el valle de Cuautepec. No obstante, fue el vínculo y diálogo con diferentes actores sociales y culturales de la zona lo que permitió entender ciertos procesos y aguzar nuestras miradas hacia otros fenómenos, actores y temáticas que, si bien estaban consideradas en un principio, posteriormente fueron elementos centrales para analizar y participar de alguna manera en la reflexión de la realidad sociocultural de la localidad.
De forma breve exponemos el orden y los temas que conforman este volumen. Está compuesto por un conjunto de artículos que abordan diversas facetas del valle de Cuautepec, especialmente las relacionadas con los actores y procesos culturales, así como los contextos históricos y urbanos que les dan origen. Los textos se agrupan en tres grandes temáticas: la primera está relacionada con la historia y el territorio; la segunda, con actores, dinámicas y políticas culturales, y la tercera, con estudios de caso que muestran formas específicas de habitar Cuautepec, por parte de actores que poco se han estudiado en la zona, como son los indígenas.
La primera parte del libro, Territorio y urbanización en Cuautepec, se inicia con un artículo donde el territorio y la historia proveen de elementos para entender no sólo Cuautepec sino la región en la que está inmersa. El gran esfuerzo de síntesis histórica lo realiza Hernán Correa Ortiz en «La Sierra de Guadalupe: fuentes documentales, interpretaciones, historias». El autor propone una serie de aspectos para reflexionar acerca de la Sierra de Guadalupe como una región desde el punto de vista histórico y social. Parte de la idea de unidad geológica, geográfica y fisiográfica, la cual documenta ampliamente. Con base en esa propuesta de unidad regional, analiza procesos políticos, demográficos y culturales contemporáneos que permiten ubicar a Cuautepec en una perspectiva más amplia de la que tradicionalmente se le ha observado. El autor presenta un interesante y provocativo planteamiento de análisis de la zona norte de la Ciudad de México; con ello pretende abrir paso a la crítica y al debate de esta propuesta, a partir de la premisa de que la Sierra de Guadalupe es una unidad y, al mismo tiempo, una realidad histórica y social heterogénea.
El segundo artículo también aborda el territorio como un factor relevante en la conformación sociocultural de Cuautepec. En el texto «Del set cinematográfico al caos metropolitano. Apuntes sobre Cuautepec en los albores del siglo XXI», Cuauhtémoc Ochoa Tinoco expone aspectos generales de los procesos de urbanización en el valle de Cuautepec en la segunda mitad del siglo XX y la primera década del presente. El objetivo de esta revisión es brindar al lector el contexto y claves para entender tanto la dinámica sociocultural como la acción de diversos actores en el espacio urbano, que han llevado a la localidad estudiada a convertirse en un entramado de interacciones sociales y culturales diverso, complejo, desigual y conflictivo. La premisa que guía el análisis es que aproximarse a esta localidad requiere tener en cuenta la relación entre la organización del espacio y las relaciones sociales que se reproducen en ella. Al mismo tiempo, es preciso analizar cómo procesos sociales producen formas espaciales específicas, resultado de la lógica de la apropiación de los pobladores que históricamente han estado en ese espacio y de quienes a partir de las oleadas migratorias han llegado a esta área periférica de la ciudad. Por ello el autor analiza tanto los aspectos históricos del pueblo como el proceso de urbanización popular que ha configurado a Cuautepec en un territorio de múltiples rostros, de densidades urbanas variables y realidades políticas y socioculturales singulares, aunque muchas de ellas compartidas con otros pueblos y asentamientos populares de la Ciudad de México.
La segunda parte del libro, Vida festiva y proyectos culturales en Cuautepec, la integran tres artículos en los que se exponen características de la dinámica cultural de la localidad, en la cual se identifican dos líneas de análisis: por un lado, las fiestas populares, cívicas y religiosas, cuya larga data permite entender ciertas lógicas sociales actuales; por otro lado, el estudio del campo cultural local, que se distingue por su heterogeneidad de propuestas, actores, finalidades y actividades, así como por su vitalidad, pese al deteriorado contexto social y urbano en el que se desenvuelve.
En el primer caso, está la colaboración de Iván Gomezcésar Hernández, quien escribe «Fiestas populares y vida cultural en Cuautepec». En el artículo se analiza la vida cultural de Cuautepec desde la perspectiva de sus fiestas populares, entendidas como elementos de continuidad de su origen como pueblo originario, hasta la situación actual en que las fiestas expresan la creciente hibridación cultural, producto de la intensa migración. Revisa algunas fiestas, como la patronal o la del Cuarto Viernes de Cuaresma, que representan la herencia antigua de esta región, y otras más complejas, como la de la Semana Santa, que tiene apenas poco más de 40 años, pero que constituye una de las manifestaciones más grandes y más diversas en la que se expresan rasgos propios de ese pueblo originario y de su realidad urbana periférica, constituida por sus dos barrios, sus decenas de colonias populares y unidades habitacionales de interés social. Por último, Gomezcésar analiza lo que define como renacimiento identitario expresado en el carnaval de los Huehuenches y la fiesta de Día de Muertos, celebraciones en las que las organizaciones culturales buscan conscientemente reforzar un sentido de pertenencia regional y una autonomía de acción que las ha caracterizado.
En la línea de análisis del campo cultural se ubica el texto de Irma Ávila Pietrasanta, «T+C / territorio más creatividad, políticas culturales y autoconstrucciones identitarias en Cuautepec». En él se explora la relación entre el territorio y sus habitantes a través de la creatividad como elemento de autoconstrucción identitaria. Ávila plantea que en un contexto de abandono o fracaso de políticas públicas en materia de cultura, las propuestas autónomas de las comunidades, con o sin fines de lucro, se transforman en opción de crecimiento real para sus habitantes. Expone cómo los habitantes apoyados de su creatividad construyen su identitario colectivo, así como opciones propias para ejercer sus derechos culturales. A partir de este análisis la autora apunta algunas propuestas de políticas públicas adecuadas para enfrentar los desafíos de comunidades como Cuautepec.
Otro de los trabajos de la temática anterior es el de Paulina Ibarrarán Hernández, «Actores, espacios y dinámica cultural en Cuautepec», en el que se exponen los resultados de un estudio exploratorio sobre las relaciones entre actores, así como los vínculos que han surgido entre las diversas agrupaciones, personajes y colectivos de la localidad con algunas instituciones, como la UACM. El trabajo abona al análisis de la dinámica cultural en Cuautepec a partir de las formas de organización, participación e interacción de las agrupaciones y colectivos que se dedican a la gestión de actividades artísticas, culturales y de recreación. Identifica que el quehacer de dichos actores tiene como característica fundamental la autogestión, lo que ha contribuido a la construcción de una identidad propia por medio de la participación activa en sus comunidades. Ibarrarán elabora un detallado mapa de los actores y sus relaciones entre ellos y con instituciones de diferente índole. Con base en ese estudio relacional descubre el papel relevante que tiene la UACM en la vida cultural de la localidad, dado que es una de las entidades que ha mantenido una relación con buena parte de los actores sociales y ha tenido la mayor presencia en la comunidad, tanto desde el espacio académico como en la intervención directa mediante la investigación participativa por parte de estudiantes y profesores, además de la creación de instancias de extensión y vinculación universitaria. Con ello, la autora da cuenta de las potencialidades que puede desencadenar la consolidación de los vínculos entre la universidad y la sociedad civil organizada de Cuautepec.
En la tercera parte del libro, Diversidad étnica en Cuautepec: estudios de caso, se presentan dos artículos que abordan estudios específicos relacionados con el mundo indígena asentado en la zona de Cuautepec, los cuales proporcionan elementos para aproximarse al tema de los indígenas en espacios periurbanos.
El primero es «La Casa de Cultura Vista Hermosa: espacio de diferenciación étnica y cultural en Cuautepec», de Olivia Leal Sorcia. En él se expone la historia de la edificación de la Casa de Cultura Vista Hermosa, localizada en la zona suroriente de Cuautepec, justo en las faldas intermedias del cerro del Chiquihuite. La importancia de su edificación radica en que fue el resultado de un trabajo de organización impulsado principalmente por varias familias de origen nahua agrupadas en torno de un comité vecinal local. En particular se analizan los diversos usos actuales asignados al recinto, producto de los intereses vecinales, en cuanto representa el principal espacio público al que acceden decenas de familias asentadas en esta zona límite entre Cuautepec y el Estado de México. Otro tema que se analiza son las disputas que se han generado entre diversos actores sociales, a partir de la promoción de actividades impulsadas desde esta casa de cultura, las cuales apelan al reconocimiento de la diversidad étnica y cultural presente en el asentamiento, mientras que, por otro lado, se disputa el acceso a programas sociales impulsados principalmente por la delegación Gustavo A. Madero, pues el recinto cultural es el principal espacio para la difusión y gestión de dichos programas. El escrito representa un primer acercamiento a considerar conceptualmente la casa de cultura como un espacio etnificado; esto es, un espacio de encuentro grupal y familiar, el cual constituye una recreación de la sociabilidad urbana, anclada ésta a una cultura propia, en este caso, la matriz sociocultural nahua, de la cual forman parte los chilas, término con el cual se autonombran y que deriva de Chilacachapa, pueblo de origen de los nahuas, ubicado en el estado de Guerrero.
El último texto, de Ismael Pineda Peláez, se titula «Mundos distantes: diversidad indígena en Cuautepec». El trabajo muestra las diferentes formas de habitar la Ciudad de México desde una identificación indígena específica. El análisis se centra en el espacio periférico de Cuautepec; su argumento principal son los resultados estadísticos del censo poblacional 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía que revelan la presencia de una gran población indígena en dicho núcleo urbano. ¿Quiénes son?, ¿dónde están?, ¿qué hacen? Son preguntas básicas que Pineda se plantea para moldear la estructura del texto y establecer al mismo tiempo sus alcances. Las estrategias de trabajo se enfocan en la distinción y caracterización de las diferentes manifestaciones indígenas en la región; en este caso se consideran dos variables principales: 1) los grupos aglomerados que generan colectividades representativas y 2) los individuos que concentran parte de su cultura de manera dispersa a lo largo de la ciudad y en múltiples eventos de la vida cotidiana. Se aborda un grupo indígena aglomerado (zapotecos) que revitaliza su vida comunitaria a partir de festejar una imagen religiosa y, por otro lado, se retoma un caso peculiar de una expresión artísticocultural (hip-hop indígena) que se define como un perfil juvenil orientado a la manifestación individual de lo indígena.
A partir de estos dos casos se puede reflexionar sobre los medios por los cuales las comunidades indígenas (aglomeradas o dispersas) viven, se apropian y revitalizan variados elementos que componen su cultura de origen.
Es preciso anotar dos aspectos significativos de este libro. Uno es el aporte que hace esta obra al conocimiento actual sobre Cuautepec. A lo largo de la investigación se realizó una exhaustiva búsqueda y revisión bibliográfica, hemerográfica y documental relacionada con el valle de Cuautepec y la región de la Sierra de Guadalupe. Aunado a ello está el material recopilado durante varios años por los autores de los distintos apartados. Los materiales son diversos en temática, fuentes, profundidad, sistematicidad y veracidad; si bien no podemos decir que es todo lo escrito sobre el tema, sí es una colección abundante sobre él. Así pues, esperamos que esta obra ayude a armar cada uno de los rompecabezas de quien se decida a decir algo sobre esta región. La reunión de estos acervos constituye uno de los aportes del proyecto al conocimiento de Cuautepec.
El otro es un aspecto siempre polémico entre los habitantes de la localidad. A lo largo de la historia, la escritura del nombre del pueblo se ha ido modificando por diversas razones. Ello ha generado confusión, debates y desacuerdos sobre la forma de escribirse y su significado.
Cuando se indagan los antecedentes históricos de la nomenclatura de la localidad, nos encontramos con diferentes maneras de escribirlo; por ejemplo: en la época colonial se conocen documentos en los que se escribía Quauhtepetl, Quautepec o Quateque. Desde el siglo XVIII hasta nuestros días lo más frecuente es Cuauhtepec y Cuautepec.7 Como se observa, el vocablo se ha ido transformando y adquiriendo diferentes grafías y significados. Sin embargo, Cuauhtepec con h ha sido un referente histórico y de identidad de muchos de los habitantes que tienen varias generaciones de haberse establecido en este lugar. También tiene un sentido de resistencia ante las acciones que, en diversas ocasiones, el gobierno de la ciudad, el gobierno federal y las instancias de representación popular (congreso federal y asamblea legislativa) han realizado de manera autoritaria en el territorio y en la vida de la comunidad; por ejemplo: redefinir la división del territorio y las formas de organización ciudadana sin consultar y dialogar con sus habitantes, imponer nombres de calles, avenidas y colonias y hasta la grafía del lugar sin considerar la historia de la localidad ni a quienes habitan en ella.
En los diferentes apartados del libro no se aborda el debate de forma explícita ni se expone la importancia de este aspecto en la conformación de la identidad de los pobladores originarios o de quienes han llegado en las décadas recientes. Sólo queremos dejar apuntado este tema pues a lo largo del libro está presente.
Quienes participamos en este proyecto consideramos pertinente emplear Cuautepec dado que es el término convencional más utilizado, incluso de manera oficial. Sin embargo, estamos conscientes de la discusión en la cual ambas posiciones tienen consideraciones de carácter semántico, histórico y de tradición, que por cuestiones de espacio no es posible desarrollarlas aquí. Así pues, en este libro, el lector encontrará en todos los artículos Cuautepec sin h, sin embargo, se respeta el uso de la h de todos aquellos libros, documentos históricos, mapas, artículos periodísticos, etcétera, en donde así esté escrito. El debate está abierto. Nosotros pensamos que es necesario, empero será en otra oportunidad que podamos abundar en este tema que, sin duda, sobrepasa el objetivo de este trabajo.
Como se puede observar, el libro puede tener variadas lecturas y, sin duda, será motivo de discusión y análisis, no sólo académicos sino en ámbitos institucionales y de la comunidad de Cuautepec. Si esto se da, pensamos que una de nuestras intenciones al iniciar el proyecto se ha cumplido.
Finalmente, es importante anotar que el presente libro busca responder a una de las razones que explican el proyecto universitario de la UACM, inserto en varias de las zonas más rezagadas y conflictivas de la Ciudad de México: mantener el diálogo fecundo y constante entre estudiantes, profesores y pobladores de estos espacios, diálogo que entendemos como un hecho intelectual, esto es, que reconoce en los actores sociales, tanto como en los universitarios, conocimientos relevantes y capacidad de interlocución, enriquecidos por la diversidad de experiencias, enfoques y por el encuentro mismo.
Esperamos que este trabajo sea el inicio de muchos otros que amplíen el horizonte de conocimiento sobre Cuautepec. Asimismo, deseamos que este esfuerzo sirva para que los diferentes actores de la comunidad valoren y potencien su relación con la UACM y otros espacios educativos, culturales y sociales, y finalmente, que nuestra propuesta contribuya para articular esfuerzos que lleven a mejorar las condiciones de vida de la población y se puedan imaginar otras formas de habitar este territorio en el que la cultura y el arte tengan un lugar privilegiado.