Читать книгу Nunca digas tu nombre - Jackson Bellami - Страница 25

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Al dejar el baño, le sorprendió oír a Chris. No sabía dónde se encontraba, pero no estaba lejos. Connor se aproximó a la esquina del pasillo de ciencias. Allí vio a su amigo. Hastings le increpaba contra las taquillas mientras Chris intentaba explicarse. El contenido de la conversación no llegaba hasta sus oídos, aunque no era necesario si se fijaba en la comunicación no verbal.

Era una clara discusión.

—¿También rezáis para que pase esta noche? —se entrometió Connor para salvar a Chris.

Chico y hombre se sorprendieron al verle. Demasiado.

—¿Va todo bien? —preguntó Connor al comprobar la reacción a su presencia.

—Sí, Payton, cosas del partido —respondió rápidamente el entrenador—. Las emociones nos traen a todos de cabeza.

—Sí, eso —afirmó el joven.

Chris pasó junto a su amigo con una expresión incierta.

Hastings sonrió a Connor, quien siguió los pasos de su amigo.

—Chris. Chris, espera.

El chico se detuvo por un instante.

—¿De qué iba todo eso? —le interrogó.

—Nada, Payton.

La mirada de Chris parecía pesar una tonelada. No intentó levantarla para buscar la de Connor.

—Quieres jugar mañana, ¿verdad? Se trata de eso —intentaba adivinar Connor.

—No… Bueno, sí. Pero…

Chris había encontrado una salida al interrogatorio.

—Vas a jugar, yo me encargaré de ello.

Connor puso las manos sobre los hombros de su amigo.

—Y, ahora, olvídate de todo y disfrutemos un poco. Vamos, colega.

Aquella palabra, «colega». Esa maldita palabra que lo hacía todo tan difícil para el atormentado Chris Hoffman. Debía olvidarse de ella por una noche.

Para Connor fue mucho más.

Toda una eternidad.

Nunca digas tu nombre

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