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12. HICKS J. (1980) CAUSALITY IN ECONOMICS
ОглавлениеHicks inicia el libro escribiendo: Causalidad y economía son palabras que he situado juntas en el título pero que, a menudo, no se hallan juntas. La causalidad, la relación entre causa y efecto se considera constituye un tema de filósofos (p. vii), pero precisa que el estudio de la causalidad es mucho más amplio que el estudio de la economía; se refiere a lo que es la ciencia y buena parte de la historia (p. x).
En el Capítulo I se sumerge en la economía y se plantea tres razones para tratar el tema. La primera consiste en constatar que el conocimiento económico, si bien no es negligible, es extremadamente imperfecto (p. xiii). La segunda razón consiste en la relación existente entre la economía y el tiempo. Una propiedad que fue afirmada por David Hume como esencial a las causas y a los efectos, consiste en la prioridad en el tiempo de las causas sobre el efecto (pp. 2-3). La tercera razón consiste en la estrecha relación existente entre la economía y la toma de decisiones.
Y se plantea: ¿qué queremos expresar cuando en términos de la Nueva Causalidad afirmamos que A es causado por B? Responde: pues que B es algún acontecimiento ocurrido en algún momento del pasado y que B es, además, algún acontecimiento que continuaremos suponiendo que ha ocurrido en alguna fecha posterior y tenemos evidencia satisfactoria en el sentido de que ambos acontecimientos ocurrieron efectivamente87. Por otra parte, debido a la causalidad debemos mantener que si A no hubiera existido, B no existiría; si no-A entonces no-B. Pero no-A y no-B no son acontecimientos que hayan ocurrido; son acontecimientos que no han ocurrido. (En discusiones recientes entre historiadores son descritos como ‘contra-factuales’). En consecuencia, deben ser contemplados como construcciones teóricas; no podemos afirmar nada sobre ellos a menos que dispongamos de alguna teoría relativa a cómo las cosas están conectadas.
Por otra parte, Hicks se pregunta: ¿puede afirmarse, en términos de la Nueva Causalidad, que todo acontecimiento debe tener una causa? Y su respuesta es clara: La causalidad, en términos de la Nueva Causalidad puede únicamente establecerse si se dispone de alguna teoría, o de alguna generalización en la que los hechos puedan encajar88.
Hicks precisa que cuando Adam Smith denominó su libro An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, estaba pensando en términos de la nueva causalidad. Adam Smith, al igual que Gibbon, era amigo de Hume; la economía moderna, al igual que la historiografía moderna, como uno puede verificar actualmente, tiene sus orígenes en el mismo círculo, refiriéndose al grupo que gravitaba en torno a Hume89.
La economía, desde estas fechas, ha estado comprometida con la Nueva Causalidad, en la búsqueda de ‘leyes’ o generalizaciones sobre la base de las cuales podamos afirmar algo sobre las causas de los acontecimientos. Es una búsqueda que en el caso de la economía es obviamente una tarea sin fin, por cuanto la economía, como ya dije al principio, es de modo característico, una ciencia imperfecta. La relación de la economía con la Nueva Causalidad es, sin embargo, bastante especial, por cuanto –precisa Hicks– la economía se refiere a acciones humanas y a decisiones, un campo más próximo a la Causalidad Antigua –con agentes– que a la Nueva Causalidad90.
En el Capítulo II Hicks se propone proceder a un examen más ajustado de la definición de causalidad, en los términos resumidos en la formulación de no A implica no B; precisa que las fechas de ocurrencia –Ta y Tb– pueden corresponder, no a fechas sino a períodos de tiempo (p. 12). Explica que la afirmación ‘A causó B’ tiene cierta ambigüedad. Puede significar que A es una de las causas de B (causalidad débil) o puede significar que A es la causa única de B (causalidad fuerte), excluyendo pues cualquier otra causa91.
Para Hicks, lo básico es pues la definición de causalidad débil; una vez establecida ésta con firmeza, podemos construir con solidez, a partir de ella, la causalidad fuerte…Pero incluso en el caso de causalidad débil debemos formular una distinción adicional. Por esta razón, Hicks explica que existen dos tipos de causalidad débil que denomina la causalidad ‘separable’ y la causalidad ‘no-separable’. Una causa ‘separable’ A es aquélla de la que se puede afirmar que A constituye, por sí misma, ‘una’ causa de B, mientras que de una causa ‘no separable’ no se puede afirmar que A sea algo más que una parte de una causa separable92.
La primera posibilidad es clara; en ella, A1 y A2 superan los tests, tanto por separado como conjuntamente; para que el efecto se produzca, las dos causas –A1 y A2– deben hallarse presentes, deben estar activas, simultáneamente.
Capítulo V. «Causalidad contemporánea: stocks y flujos». Hicks inicia el Capítulo afirmando que existe un tipo de causalidad… característica de la economía moderna…la Causalidad Contemporánea que se mantiene no solo para el enfoque keynesiano, tan pronto como el tiempo es tomado seriamente, tan pronto como formulamos una distinción adecuada entre el pasado y el futuro93… Buena parte del trabajo de los economistas se refiere al futuro, con previsiones y planificación … La historia económica, por el contrario, está más bien escasa de acontecimientos. Los hechos de la historia económica son distintos.
Existen dos tipos de series temporales, con tipos distintos de referencias temporales94. En una de ellas cada ítem se refiere a un punto en el tiempo y, en el otro, se relaciona con un período…Los economistas modernos han aprendido mucho sobre la distinción stock-flujo a partir del trabajo de los contables… Cuando existe tanto un flujo de oferta (de coches nuevos) como un stock de coches viejos un stock de oferta (de coches viejos Keynesiana procedentes del pasado) esperaríamos que los precios en los dos mercados mantuvieran alguna relación… El primer economista que apreció esto fue Keynes95.
Capítulo VI. «La causalidad contemporánea en Keynes». Al iniciar el Capítulo, Hicks indica que –por su parte– denomina teoría keynesiana a la teoría formal contenida en los manuales keynesianos y no en la propia obra de Keynes; precisa que los manuales detallan: (1) la función consumo, (2) la curva de la eficiencia marginal del capital y (3) la preferencia por la liquidez. Señala que existen dos versiones del multiplicador, la versión de Keynes y la Kahn, esta segunda de tipo secuencial.
En el segundo punto de Keynes, la inversión es función del tipo de interés; aquí no hay duda de que –en la intención de Keynes– el interés es la causa y la inversión es el efecto. La insistencia de Keynes en el carácter orientado hacia el futuro de la función de inversión es importante y válida. aunque señala que Keynes le asignó un nombre desafortunado96.
Por otra parte, Hicks precisa que La única alternativa es recurrir, al igual que antes, al Método del Equilibrio. Construir un modelo en el que las expectativas pueden ser descritas como invariables, a lo largo de un período, suponiendo que ‘durante el período’ las expectativas sean correctas… Keynes cortó este nudo. Concentró su atención en la Inversión en Capital Fijo97.
Precisa que, si rechazamos la línea de escape de Keynes, la única alternativa es el Método del Equilibrio, o sea, construir un modelo en el que las expectativas pueden ser descritas como invariables, durante el período, suponiendo que las expectativas durante el período sean correctas. Un modelo de este tipo no es realista. Lo utilizamos sólo como un estándar de comparación con el actual. Por lo menos, para aplicaciones históricas no es inapropiado… el modelo nos muestra qué hubiera podido ocurrir si alguna causa hubiera sido distinta…98.
Hicks se pregunta ¿Cómo funciona esto con la tercera parte de la teoría de Keynes, la preferencia por la liquidez entre el tipo de interés y la oferta de dinero que, como Keynes subrayaba, es una relación stock…, que se refiere a un punto en el tiempo y no a un período? Por otra parte, Hicks afirma –con dureza– que la parte más débil del modelo Keynesiano convencional es, en definitiva, la relación de la preferencia por la liquidez que, desde otros puntos de vista quizás más importantes, es su rasgo característico99.
Capítulo VII. «La causalidad secuencial: retardos y reservas». La causalidad secuencial, en la que el efecto sigue a la causa, corresponde –escribe Hicks– a la idea simple de causalidad… Pero es también el tipo natural con la que finalizar, por cuanto, en casos concretos es, a menudo, el caso más difícil. Y en la economía, como veremos, esto puede ser formidable. Implica siempre una dificultad adicional, por cuanto si afirmamos que A fue una causa de B, siendo la fecha que corresponde a B posterior a la que corresponde a A ¿no necesitamos algo más que la conexión lógica considerada anteriormente? Dicho esto, Hicks considera necesario formular dos preguntas suplementarias100.
Primera pregunta: ¿qué se supone que ha ocurrido entre las dos fechas? Segunda pregunta: ¿por qué transcurrió tanto tiempo entre las dos fechas, ni más ni menos?…A menos que podamos proporcionar alguna respuesta aceptable a estas preguntas suplementarias, nuestra afirmación de causalidad, de causalidad secuencial, no se halla correctamente formulada101… Hasta cierto punto, ocurre lo mismo en la economía, si bien la cadena causal posee, en este caso, un carácter bastante especial…La economía…se refiere a decisiones que aparecen como un estadio intermedio en la mayor parte de sus procesos causales. Así, incluso en el caso más simple, la causalidad secuencial en la economía posee dos etapas: una etapa a priori, del objetivo a las decisiones en las que se basa o está influida por, y otra a posteriori, de las decisiones a sus efectos (objetivos)…Las dos etapas exigen tiempo y generan problemas bastante diferentes. Cada una de estas etapas puede tomar tiempo… El economista, como el historiador, se halla a menudo implicado en cadenas de causalidad.